En el imaginario de las personas que recorre senderos prolongados, se imponen metas que lucen inalcanzables o sencillamente vislumbran un recorrido lleno de desafíos en su vida, la última milla, la más alejada, es la más dura. Pero también la que más recompensas brinda.  

Ubicado en la costa oeste de Escocia existe un pequeño pueblo en la isla de Islay, en Argyll, Escocia, que contrasta exponencialmente su extensión territorial con los enigmas que alberga: Port Ellen, edificado sobre la bahía de Leodamais, el principal puerto de aguas profundas de Islay.

Port Ellen no sólo es la ciudad más grande de Islay, -de ligera mayor extensión que Bowmore- sino que encarna la conexión principal de ferry entre Islay y el continente, en Kennacraig. Justo en estas tierras de aguas profundas y una variedad de lugares que son testigos de la evolución humana misma, abarcando vestigios preservados desde los periodos Neolítico, Bronce y la Edad de Hierro, así como edificaciones de piedra.

Es justamente en Port Ellen, otrora fortaleza de los señores de las islas MacDonald, entre las ruinas de las capillas y del castillo de Dunyvaig, que se erigió una de las destilerías de whisky más importantes de Escocia y del mundo entero en 1825, justo cerca del puerto principal.

No obstante, y gracias a un cambio en el gusto del mercado de la época, la destilería cerró sus emblemáticas puertas en 1983, hace 35 años, diciéndole adiós a las aguas robustas de los Leorin Lochs con que se fabricaban, parando la tradición de crear una bebida poderosamente enigmática e intransigente, un whisky escocés single malt single, complejo en aromas y sabores.

Para los verdaderos conocedores del whisky, obtener una botella de una destilería de whisky escocés que ha estado cerrada durante mucho tiempo es algo que verdaderamente vale la pena celebrar. Las botellas suelen ser raras y sumamente exclusivas.

Durante todo este tiempo de memoria y excepción, los coleccionistas de todo el mundo han sabido aquilatar cada botella disponible proveniente de la destilería de Port Ellen. Y justamente esta tradición, calidad y prestigio que preceden a la destilería cobraron una nueva dimensión apenas el año pasado (2017), cuando se anunció con júbilo exacerbado que Port Ellen, así como otras dos destilerías de la zona, reanudarían operaciones y, con ello, continuaría una de las historias más preciadas del whisky.

Es en este contexto de resurrección y esplendor de una de las bebidas más imponentes del mundo, que Diageo, la productora de destilados más grande del mundo, se incorpora de forma genuina a este ecosistema de whiskys insustituibles, «fantasmas» y sorprendentemente atípicos, provenientes de las reservas más afamadas. Justo en el corazón del tesón escocés, esta noticia marca un precedente definitivo en la historia contemporánea del mejor whisky del mundo.

 

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