Grupo Mascaró llegó a México en 2013 con su niña bonita, Pretty Ballerinas. El buen hacer artesanal les ha puesto en el punto de mira de varios fondos de inversión y gigantes corporativos del mundo del lujo. ¿Dejarán de ser una empresa familiar?

Julio de Olives nos espera paciente en una de las mesas del delicioso restaurante Gloutonnerie, en Polanco (Ciudad de México). Al director general de Grupo Mascaró le acompaña su socia en el país, Fabiola, quien junto a su esposo se embarcó hace ya dos años en la aventura de comercializar la marca venerada por celebrities, Pretty Ballerinas. Abrieron la primera boutique en
el Centro Comercial de Santa Fe y ya cuentan con puntos de venta dentro de Palacio de Hierro y en Cancún.

De Olives parece cansado, acaba de volver de un viaje a León (Guanajuato) que alimenta aún más el jet-lag que acusa por volar a México desde el pequeño paraíso balear que es Menorca (España). En esta isla de 700 km2 se halla la empresa fundada por la familia Mascaró en 1918. Y es aquí donde fabrican por completo la producción anual de las cuatro ramas del grupo: Pretty Ballerinas, Pretty Loafers, Mascaró y Úrsula Mascaró.

Cuatro nombres diferentes para cuatro productos (zapato plano y de tacón) que aluden a la calidad artesanal más pura, más fiel a los valores de la familia fundadora y, a la vez, obstinada. Se niegan a cambiar su centro de producción para disminuir costos y así poder conquistar más países y abrir más boutiques. Tampoco son amigos de los grandes fondos de inversión. “Han venido ya tres que nos han querido comprar. Detrás de uno de ellos está LVMH.

Es un tema personal de la familia Mascaró [los tres hermanos y las dos hijas de Jaime Mascaró, más un accionista que es un antiguo diseñador patronista]. Se trata de tener perspectiva de futuro. Un fondo puede entrar de muchas maneras, puede dar gran empuje y traer desarrollo rápido pero, luego, ya no es 100% tu casa. Por ejemplo, si el fondo dice ‘Ahora producimos en Bangladesh a mitad de precio’, ya no tienes fuerza para decir ‘No, se siguen haciendo en Menorca’. A nivel desarrollo de marca te hace más fuerte, pero luego despersonaliza una marca cuyo encanto radica en ser familiar”.

“No hay truco, nuestros zapatos sólo se hacen a mano”

Después de retratar a Julio en un acogedor rincón de Gloutonnerie, y mientras tomamos un par de cafés, puntualiza que “una empresa  familiar tiene sus limitaciones, pero también sus ventajas: la flexibilidad y el dinamismo a la hora de tomar decisiones”. Una anécdota como muestra: tuvieron buen feedback de clientas mexicanas que compraban Pretty Ballerinas en España y decidieron traer la marca a este país.

Otra, el hecho de responder veloces al gusto estético local. “En Medio Oriente prefieren las bailarinas con pedrería de Swarovski, en Francia diseños simples, en el norte de Europa buscan con pelo o piel… Intentamos contemplar el gusto local en
nuestros diseños. Estamos lanzando modelos determinados por países.

En Tokyo seleccionamos materiales para ciertos modelos a través del representante local y realizamos unos 30 o 40 zapatos exclusivamente para este mercado”. Esto nos da una pista de cómo operan sus marcas en el extranjero: a través de socios franquiciados. “Como no tenemos un fondo detrás crecemos de manera sostenida, con un equilibrio entre recursos propios
y ajenos. No podemos abrir 30 tiendas en un año. Tenemos tiendas propias en Europa y Norteamérica. Aquí y en Brasil es a través de socios locales”.

Su estrategia próxima incluye abrir tiendas monomarca de cada una de las líneas del Grupo Mascaró en la mayoría de los países. Según Julio, las boutiques multimarca están en detrimento y la tendencia del sector mira hacia la especialización.
“Pretty Ballerinas es un zapato elegante, es lujo. Bailarinas de 6,000 pesos hacia arriba no es un zapato cualquiera. Realizamos dos colecciones al año (primavera-verano/ otoño-invierno) y fabricamos 800 modelos por colección”. Compiten con firmas estadounidenses, como Tory Burch, y europeas, como Ferragamo o Lanvin. Pero les diferencia una cosa: “Tenemos la mayor colección de bailarinas del mercado de lujo”.

¿Cuál sería la victoria empresarial para este español al frente de un grupo de calzado artesanal que busca conquistar nuevas fronteras? Crecer, pero de manera sostenida. Lo nuestro son microproducciones, trabajamos bajo pedido. Es difícil ser masivo en el mercado del lujo. Pero, sobre todo, quiero mantener el centro de producción en Menorca. En otro sitio no conseguiríamos
hacer la misma calidad de zapato, con el mismo detalle. Requeriría demasiado capital humano”. La tradición no tiene precio.

 

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