El look relajado de los viernes no significa bajar la guardia: una imagen profesional es fundamental en el entorno laboral. Desvelamos el origen de esta costumbre y sus reglas. 

Las oportunidades de negocio son como un camaleón, están ahí, a la vista de todos, pero sólo un ojo avezado es capaz de distinguirlas. En 1992, Levi Strauss vio un filón por explorar a través de su marca Dockers en lo que bautizó como Casual Friday, una tradición que algunas empresas estadounidenses, como Hewlett-Packard, ya habían iniciado a mediados del siglo pasado, pero que eclosionó en los primeros años de la década de los 90. El objetivo era que los empleados pudiesen vestir de un modo relajado antes de comenzar su fin de semana y fuesen ‘más felices’ (eufemismo marketiniano para ‘más productivos’). El problema surgió cuando algunos empleados decidieron que “casual” era —o podía ser— sinónimo de anarquía estética y se presentaron en sus puestos de trabajo con looks más apropiados para el set de rodaje de Acapulco Shore que para una oficina

El ojo avezado —y avizor— de un gigante como Levi Strauss se puso en marcha y en 1992 elaboró una guía de estilo casual, que envió a 25,000 departamentos de Recursos Humanos en todo Estados Unidos. Hasta entonces, los icónicos pantalones caqui (o khakis, en inglés original) estaban confinados a los campos de golf. Pero tras este coup de maître se convirtieron en un uniforme cool apto para los viernes… y también para el resto de la semana. Una década después, en 2002, una encuesta reveló que siete de cada diez hombres estadounidenses tenía en su armario un par de Dockers.

 

Lo más brillante fue no sólo distinguir y apostar por una oportunidad de negocio, que cumple ahora 25 años, sino adelantarse a una tendencia que ha terminado por imponerse en las pasarelas de todo el mundo: el casual luxury. Que nadie se llame a engaño: también aquí hay reglas y un estricto protocolo. Cualquiera puede ponerse una corbata o llevar un traje, pero muy pocos saben conjugar un pantalón relajado con el calzado, los calcetines o el blazer desestructurado adecuados.

Según los expertos, la clave del éxito consiste en combinar prendas formales con otras más casuales. Conviene consultar la agenda: en caso de tener una reunión con clientes, es mejor pecar por exceso que por defecto. Un consejo: es apostar por una paleta neutra y cortes clásicos, dos requisitos con los que cumple el clásico caqui, un color que nos lleva de vuelta al origen del casual smart: el camuflaje de los camaleones laborales.

 

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