Lapo Elkann, el nieto más famoso de la dinastía Agnelli, es mucho más que un enfant terrible. Más allá de escándalos, es un visionario que ha construido un imperio empresarial de éxito basado en el estilo italiano.

Por Álvaro Retana

El 13 de octubre de 2005, Lapo Elkann abrió los ojos y lo primero que vio, junto a la cabecera de la cama, fue a su hermana Ginevra, quien durante todo el tiempo que estuvo ingresado en el hospital de Turín, a causa de una sobredosis, no se despegó de su lado. Los análisis que le practicaron al entrar revelaron restos de heroína, cocaína y opio en su organismo, que había consumido en el apartamento de Donato Broco —también conocido como Patrizia, una prostituta transexual— junto con los hermanos Marco y Leopoldo Morgan Ulivieri —hijos de la contessa Giuseppina Garavaglia—, a quienes la policía detuvo poco después: al primero en Milán y al segundo en Ibiza. Se les acusaba de tráfico de cocaína en las principales discotecas
de la zona de Milán, según una investigación de varios años que tenía ramificaciones en Italia, España y Argentina.

La noticia fue un shock para la familia Agnelli, sobre la que muchos sostienen que se cierne una maldición: en 1997, Giovannino, sobrino de Giovanni Agnelli, patriarca de la dinastía dueña de la marca Fiat —más conocido como L’Avvocato—, a quien había nombrado su heredero, murió a los 33 años a causa de un extraño tumor. La compañía estaba en plena crisis, pero Agnelli en ningún momento pensó en dejarla en manos del que podría haber sido su sucesor natural, su hijo Edoardo, quien nunca se había implicado en los asuntos de la familia. Más interesado en la meditación y la espiritualidad que en el capitalismo y el dinero, Edoardo siempre había sido un extraño para su padre; una depresión lo llevó a suicidarse en 2000 a los 46 años tirándose de un viaducto, tras años de coquetear con las drogas. L’Avvocato nunca se recuperó de ambos golpes. Murió en 2003 y no vivió para ver este último acto del drama familiar.

Físicamente, Lapo Elkann se parece mucho a su abuelo, a quien le unía una relación muy especial. De él ha heredado, además de la peculiar pronunciación de la «r», su carisma para crear estilo; aunque su abuela, la princesa Marella Caracciolo, uno de los cisnes de Truman Capote y auténtico fashion icon en la segunda mitad del siglo xx, también tiene mucho que decir al respecto. Tras salir del coma y someterse a un tratamiento de desintoxicación, Lapo decidió volar por libre Había llegado el momento de demostrar que era algo más que un niño mimado. «No soy  un dandi ni un enfant terrible, soy un luchador», aseguraba el año pasado en Barcelona durante la presentación de una nueva colección de lentes de su marca Italia Independent para Scalpers, propiedad de otro joven heredero, el español Rafael Medina, hijo de Rafael Medina, duque de Feria y grande de España, y la estilista Naty Abascal.

En los casi diez años transcurridos desde su ingreso en el hospital y su reinvención como empresario había transcurrido mucho más que una década, se  había producido toda una metamorfosis. En 2007, lanzó Italia Independent, dedicada a la fabricación de lentes de fibra de carbono, junto a dos socios, Giovanni Accongiagioco y Andrea Tessitore. La marca se expandió y hoy comprende un holding que comprende toda clase de productos de diseño, en colaboración con firmas como Smeg, Ferrari o Fiat. Italia Independent Group, que salió a Bolsa hace dos años y hoy tiene presencia en más de 70 países, comprende también una agencia de comunicación (Independent Ideas), un vodka (Spirit Vodka), un proyecto de marketing y branding sonoro (Sound Identity) y una marca de jeans (Care Label). Sólo en su primer trimestre desde su salida a Bolsa en 2013, la compañía aumentó sus ventas un 65%.

Arriba, la dinastía Agnelli: Gianni y Marella Agnelli, con sus hijos Edoardo y Margherita, madre de Lapo.

Arriba, la dinastía Agnelli: Gianni y Marella Agnelli, con sus hijos Edoardo y Margherita, madre de Lapo.

Aquí la segunda parte de esta historia. 

 

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