Phantom, Ghost y Wraith, los caballeros que dan vida a la firma inglesa son la evidencia de que la esencia de Rolls-Royce va más allá de cualquier otro competidor que podamos hallar en la industria automotriz.

 

La personalización absoluta de cada detalle, un trabajo de ingeniería exquisito y una manufactura en la que el auto se ensambla casi en su totalidad a mano son tan sólo unas pinceladas de la exquisitez de la doble R. «Conformismo no figura en el vocabulario de Rolls-Royce» es la filosofía que expresa Torsten MüllerÖtvös, CEO de la marca.

Dos años han pasado desde que Wraith se volvió parte de este trío de poder motorizado y es momento de que un nuevo integrante se apropie de la estatuilla de la mujer alada —Spirit of Ecstasy— que los ha acompañado desde 1909. El Dawn aún no se encuentra en el mercado, de hecho, las entregas comenzarán a partir del segundo trimestre de 2016 y ni siquiera se tiene definido el precio final de venta.

No obstante, eso no ha sido una limitación para los amantes de la doble R, pues los pedidos hasta el momento ya aseguran que el modelo esté totalmente agotado para el siguiente año. El furor por ser un envidiado poseedor de estas piezas de arte motorizadas no es en vano.

Para descubrir la esencia que hay detrás de su filosofía nos adentramos en un viaje a través de la costa de Georgia, en Estados Unidos, donde pudimos recorrer Sea Island a bordo de los modelos icónicos de la firma inglesa. El viaje no sólo es el trayecto, sino una auténtica experiencia.

No podría haber una mejor locación para iniciar esta travesía que en el hotel The Cloister at Sea Island, ya que refleja el mismo  concepto de lujo que la marca automotriz. Una elegancia innata, sin pretensiones, cuya base está en el servicio personalizado y en el cuidado de los detalles, sin caer en la ostentación desmedida.

El recinto, un edificio remodelado que data de 1928, presume de altos techos con grandes candelabros y una decoración con toques rústicos que se plasma en el mobiliario de madera y detalles como tapetes turcos. Después de un refinado desayuno en Georgian Room finalmente se abrieron las puertas del hotel para dejar ver en fila un Wraith, un Ghost y dos Phantom. Los cuatro brillaban bajo el sol de la Costa Este a la espera de un interesante trayecto.

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Conciencia textil

El único convertible con las dimensiones necesarias para albergar cuatro asientos se dio a conocer durante el Auto Show de Frankfurt, dejando a todos con el deseo de sentarse detrás de tal volante. Con un diseño retro que evoca la nostalgia, pero con la tecnología más avanzada, Dawn tiene todo nuevo, incluso sus llantas fueron creadas en exclusiva. Su característica más destacable es que es el convertible más silencioso del mundo, ya que el material del  toldo y la construcción del mismo logran que al cerrarlo se produzca la tan admirada barrera de silencio que gozan los demás modelos de RR.

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El poder de la elegancia

El Wraith fue nuestro primer cómplice para cruzar los ríos de Georgia y llegar hasta la playa de esta isla, que se encuentra a unas horas del estado de Florida. A bordo de este automóvil, cuyo precio inicia en 294 mil dólares, el mundo exterior queda totalmente olvidado. La suavidad en el manejo incluso hace difícil creer que se trate del modelo más rápido y poderoso (de 0 a 100 km en 4.4 segundos) que ha creado la firma británica.

Sin perder el imponente tamaño que los ha caracterizado por más de cien años, este modelo es un poco más compacto y aerodinámico. Dos puertas que no por ello limitan el espacio interior le dan un aire un poco más atrevido, tal como su nombre —Espectro— parece sugerir.

El interior es un oasis creado en cuero y acabados de madera con uno de los sellos característicos de la marca: el acabado del techo presenta 1,340 orificios por los que pasa luz de fibra óptica, haciendo alusión a las estrellas en el interior del auto. Este acabado no surgió como idea del equipo de diseño, fue la petición de un cliente y al ver el resultado no pudieron evitar convertirlo en un básico.

La comodidad es algo en lo que no escatiman, tanto así que la textura de lana de cordero de los tapetes merece mención aparte. Consentir al pasajero y romper con suavidad todo lo que haya al exterior es lo que logran crear. Además de la ergonomía en los  asientos y la falta total de ruido del motor son los aditamentos tecnológicos que enamoran al manejarlo.

A través de un juego  de espejos y pantallas en el parabrisas se refleja la velocidad y las direcciones del GPS indicando, sin separar la vista del camino, hacia dónde es necesario girar y en cuánto tiempo, así como indicaciones de la transmisión que predice el camino. Este tipo de detalles es lo que se obtiene cuando se toman 450 horas para construir y confeccionar cada unidad.

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Ya han pasado 90 años desde que salió a la luz el primer Phantom en 1925, el modelo que se ha convertido en el ícono de Rolls-Royce. El mejor auto de la marca demuestra su grandeza tanto en el diseño como en la tecnología. Por ejemplo, para la serie III se tomaron las bases de la división de aviones de la firma para la creación de su motor. Por supuesto, estar en la cúspide no es algo que se logre a bajo costo. En 1950 se creó el auto más caro de la historia, el Phantom IV, del cual sólo se realizaron 18 unidades destinadas a miembros de la realeza británica.

A éste le siguió la versión de 1968 con 366 unidades que superaron los precios antes vistos. Como buen pionero de la firma, en 2007 salió al mercado el Phantom Drophead Coupé, convirtiéndose en la primera generación de convertibles de Rolls-Royce. Durante nuestro recorrido por Sea Island probamos precisamente la  versión 2016 de este espectacular descapotable.

Líneas poderosas definen la parte delantera del auto que al estar en la cabina generan la sensación de encontrarse sobre un pedestal para dominar la carretera. Ante tal magnitud se creería que es un auto difícil de manejar; nada más lejos de la realidad.

El botón de encendido provoca sólo un suave ronroneo. El GPS se programa con un interruptor a la altura de la mano desde donde se controlan todos los sistemas eléctricos del vehículo. La palanca de velocidades se encuentra detrás del volante y al poner el auto en «Drive», este se comporta como un suave aliado que cede el dominio del asfalto a quien lo conduce.

La suavidad del volante y rapidez de reacción que tiene sorprende a quienes lo manejan por primera vez. La perfección de los detalles, como siempre, se deja ver en todos sus ángulos; incluso las costuras de las vestiduras se aprecian con una pulcritud y exactitud envidiable. No por nada requiere de 60 personas para construirlo a mano y presume de un precio inicial de casi medio millón: 480 mil dólares.

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