Angelo Bonati dirige, desde el año 2000, la marca de alta relojería que hace suspirar a Johann Rupert, empresario de origen sudafricano que preside el conglomerado de lujo Richemont al que pertenece Officine Panerai. Navegamos con Bonati en aguas caribeñas durante la Regata Panerai Classic Yachts Challenge para profundizar en el ADN de la firma.

Por Carla Di Santis

Abril. El sol cae con fuerza sobre la proa del velero. El mar que bordea la isla de Antigua nos regala el oleaje perfecto para una gran competición. Así, la tradición velera encuentra un año más su razón de ser: ganar el favor del tiempo, ganar la Panerai Classic Yacht Challenge. En su onceava edición, la firma florentina de alta relojería reafirma su compromiso la cultura de la vela haciendo público el calendario de regatas para 2015. De las nueve rondas de este año, cuatro tienen lugar en Estados Unidos y El Caribe, una en Inglaterra y cuatro en el Mediterráneo.

Nos reunimos con el equipo Panerai en aguas cristalinas para conversar con Angelo Bonati, el visionario que ha construido un legado relojero a base de pasión y autenticidad. Angelo nació en Milán en 1951, cuando “lujo” todavía significaba lujo. “Para mí es distinción y exclusividad. No tiene nada que ver con el precio. Significa que eres diferente del resto”. Comenzó su carrera en la industria joyera en la mitad de la década de los años 70.

Su pasión por el mercado de lo exclusivo fue in crescendo y, en 1980, entró a formar parte del Grupo Vendôme como director de Ventas para el mercado italiano. Siete años después, se convertía en el director de Ventas y Marketing de Cartier en Italia y, en los años 90, su lazo con el sector se estrechó aún más. Laboralmente desempeñó el cargo de cabeza de Ventas en los grupos Ginori y Trussardi. A finales de esa década regresó al grupo Vendôme (actual Richemont) con ideas claras y una visión concreta de lo que debía ser la marca que empezaba a dirigir: Officine Panerai. “Cuando se adquirió la marca no había mucho sobre la mesa, sólo un reloj, el Luminor Marina”, comenta Bonati refiriéndose al trabajo que había por delante. “Era un reloj diferente, muy distinto a lo que había en el mercado en aquel entonces. Tiene una historia única”.

MEDIR EL TIEMPO

Fundada en Florencia en 1860 por Giovanni Panerai como taller, tienda y escuela de relojería, durante décadas Officine Panerai suministró a la marina italiana y a su cuerpo de buceo los instrumentos de precisión necesarios para no doblegarse ante el caprichoso mar. Los diseños desarrollados por Panerai en ese momento, incluyendo el Luminor y Radiomir, estaban ocultos bajo la Ley de Secretos Militares. Eran secreto de Estado. Sólo los podía usar —y conocer su existencia— la Real Armada  Italiana. Los guardatiempos italianos no vieron la luz en el mercado de la alta relojería hasta que la marca fue adquirida por el Grupo Richemont en 1997. Hoy, Officine Panerai desarrolla y elabora sus movimientos y relojes en su fábrica en Neuchâtel.
“Son una fusión perfecta de estilo y diseño italiano con la maestría relojera suiza”, afirman desde la marca.

Para Bonati no hay conflicto entre el adn italiano y la manufactura suiza. “Cuando el fundador, el Sr. Panerai, nos mostró el único reloj que había desarrollado, vimos que había buscado a los mejores proveedores. Él era el distribuidor de Rolex en Italia en aquella época, así que se acercó a esta casa para el movimiento del reloj. La esfera vino de Venecia y la caja la manufacturó él mismo”. La estrategia es evidente. Al construir un reloj que era secreto militar tuvo que buscar proveedores diferentes y no relacionados entre sí. Emocionante. “Panerai siempre se ha diseñado en Italia, pero utilizando los mejores componentes de todo el mundo y sigue siendo así”. Los coleccionistas de la marca entienden perfectamente este argumento y su conocimiento de la marca llega a ser muy profundo. “Nuestros clientes no miran solamente el exterior y el diseño. Van más allá, hurgan en la vasta historia de la marca, como es el caso del consumidor chino”.

EL MENSAJE DE EILEAN

“No hay mejor embajador de Officine Panerai en las regatas Panerai Classic Yachts Challenge que Eilean”, afirma Bonati. Diseñado y construido por uno de los mayores arquitectos navales de la historia, William Fife III, el ketch se puso en marcha en 1936, el mismo año en que Panerai fabricó su primer reloj. Nos relatan que fue descubierto en un estado semiabandonado en Antigua y fue adquirido por Officine Panerai y transportado a Italia, donde se sometió a una meticulosa restauración.

Ese proyecto —tan laborioso como montar la maquinaria y el corazón de uno de sus cotizados relojes— tomó más de 40,000 horas de trabajo. Para su renovación se utilizaron sólo los materiales y técnicas propios de la década de la creación de la embarcación, la década de 1930. Finalmente, el Eilean regresó a su medio natural, el mar, en octubre de 2009 y desde entonces ha participado en las Panerai Classic desafiando a sus contrincantes como un símbolo de tenacidad y esfuerzo, de perfección y artesanía, de pasión y orgullo.  Angelo reflexiona al final de la competitiva regata y entona una sincera conclusión: “Creo fuertemente en la relación entre nuestra firma y el mar, no sólo por el nexo histórico entre Panerai y la Marina Italiana,
sino porque el acabado de un reloj y de un bote comparten el mismo universo de valores: artesanía, pasión, búsqueda de la excelencia y perpetuidad”.

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