Después de dos años de éxito de Sylvestre en su ubicación en Polanquito, abrió sus puertas en un local de gran tamaño en Vía Santa Fe.

El éxito no se quedó en su primer apertura, sus mesas ya se encuentran llenas de lunes a domingo, desde las primeras semanas de su apertura a finales del mes de junio.

Y es que el restaurante, cuyo nombre se baja en la obra de Anatole France, El Crimen de Sylvestre Bonnard, abarca dos de las gastronomías preferidas del comensal mexicano: la mexicana y la argentina. Su propuesta culinaria no es una fusión. A diferencia de la tendencia de mezclar cocinas, en esta ocasión se sirve lo mejor de cada una con sus platos tradicionales.

Al entrar al restaurante lo primero que te recibe es una gran vitrina, que en realidad es el horno en el que cocinan a fuego lento la especialidad del día. A la izquierda de esta recepción se encuentra un pequeño salón privado, un bar con la apariencia de la biblioteca de una cabaña en el bosque, chimenea incluida. El salón, muy amplio y con grandes candelabros concluye en la estrella del lugar: la terraza. Detrás de las puertas corredizas de vidrio se extiende una de las mejores terrazas techadas de Santa Fe. Además de la entrada de luz natural, lo más bello de este espacio es la barra del bar, que se trata de un tronco recuperado de más de 150 años, el cual se encontró abandonado y se le dio el tratamiento necesario para destacar. Con base en este elemento toda la decoración tiene detalles amaderados y vegetación que cubre paredes y techo.

Ensalada Sylvestre

Consentir al paladar

Con dos bandera conviviendo en el mismo espacio, hay más conflicto al momento de decidirse. Por ello, destacamos ambas personalidades por separado.

Para antojos argentinos, el jugo de carne siempre es garantía, pero si se trata de probar nuevas cosas vale la pena la empanada de carne dulce que sorprende al paladar con un sabor totalmente distinto, sustituyendo sal por azúcar y mezclando los sabores de la carne.

Róbalo en mantequilla de habanero

Entre las botanas mexicanas se encuentran desde el típico chicharrón fresco con guacamole, hasta los escamoles. Vale la pena probar su variedad de tacos, como los de cochinita pibil y de camarón, o bien algo más exótico como los de jabalí.

En cuanto a platos fuertes el asador es su especialidad y aquí destaca el lechón, que se puede servir en cortes o en tacos. Los cortes de carne, por su puesto, merecen mención aparte. Hay diez opciones y está por incluirse uno nuevo: el Tomahawk de 1200 gramos que llega hasta la mesa ostentando un gran hueso. Es una delicia. Para quienes gustan de los guisos, no falta el sazón mexicano en las albóndigas o el chile relleno.

Tomahawk con guarnición de vegetales a la parrilla

Para acompañar la comida sólo hay que darle un vistazo a la vitrina ubicada en la terraza, una pared completa de piso a techo cubierta con una amplia variedad de etiquetas de vino.

Los amantes de lo dulce deben esperar a la carta de postres que ostenta opciones, nuevamente, tanto argentinas, como mexicanas. Los cubanitos son un dulce relleno cubierto de chocolate blanco y amargo, una delicia. Por su parte, los churros de barrio vienen acompañados con cajeta, chocolate y rompope. Para cerrar con broche de oro, proponen seis cocteles pensados para acabar la velada. Entre ellos, destaca el de ron y romero, que incluye mermelada de higo hecha en casa; o bien, el del albahaca y gin, con toques cítricos.

Cubanitos

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