A mediados de los años 60, un movimiento artístico revelador vuelve a hacer temblar los cimientos del arte preinstitucionalizado hasta el momento.

Recuérdese que la ola impresionista sería una de las primeras en despeinar, en Europa, y allá por el año 1874 los sólidos estandartes del arte. Aquella terrible revolución, abriría definitivamente las compuertas que dejarían paso irremisible a la gestación del arte conceptual y a todos los artes, que eclosionarían a su paso…. Se abría un mundo infinito, en donde además de aquellas impresiones vistas desde los amaneceres de la luz o desde el pulso del viento suspirando sus brisas suaves sobre las hojas de una flor, ahora se podía hacer un arte cuyo alma estuviera carente de belleza, puesto que el hacedor se cuestionaría ahora los significados de sus creaciones con conceptos, en lugar de con formas preestablecidas o pinceladas. Ya no importaban los colores, ni las brisas, ni las texturas, ni la luz de los amaneceres, ahora importaba lo que con ese “objeto de ARTE” se quería decir, aunque el objeto elegido para ese fin, no fuera artísticamente correcto; es más … la esencia del concepto exigía que el objeto fuera lo menos artístico posible.

Asomaba por aquel horizonte del porvenir, de la mano de Marcel Duchamp en el 1913 (mostrando insolente su rueda de bicicleta acoplada sobre un soporte rígido y estático) el arte sustancial, ese en el que las ideas, la temática, la información o el concepto serían los protagonistas de una Obra hasta entonces entendida como algo cadenciosamente bello. Aquel nuevo amanecer artístico sería un grito de guerra contra lo preestablecido, que traería hasta nuestros días, y dejando a su paso otras varias formas de construir arte (tema del que hablaré en otro capitulo), la mejor manera de hacer llegar al mundo, a través de los ojos del espectador, el alma de obras que apoyadas tanto en ejercicios de introspección tal que pensamientos, miradas, vivencias del autor, como en armas para cuestionar, denunciar, criticar entornos, situaciones sociales y políticas o reivindicar una manera nueva de reflexión frente a la batuta de las sólidas instituciones artísticas que dirigían el concierto de la armonía artística.

La pequeña ola de “esto no es lo que parece”, se convertiría en un tsunami que reinterpretaría a su paso todos los conceptos con sus nuevas lecturas; la galerna del ARTE LIBRE expresable en cualquier disciplina artística (fotografía, pintura, dibujo, escultura y sus manifestaciones agregadas como instalaciones, video-arte, performance, arte- objeto, ready-made ), aderezada con otras materias y ramas del conocimiento como filosofía, psicología o lógica. La estaban convirtiendo en un movimiento multidisciplinar, cuyas tintadas se alimentaban a su vez, con la avidez de de la ironía, la sátira, la polémica o la insaciable critica destructiva hacia lo “decretado”….

El vertiginoso tornado hacia el “anti Arte”, en el que según George Maciunas “todo podía ser arte y TODO el mundo podía hacerlo”, vaticinaba las dificultades de comprensión que, en algunos núcleos sociales este nuevo y amplísimo laberinto Artístico traería; pero Señores, la vida camina, y avanza … La realidad está ahí y hay que saber mirarla ; y aunque no sepamos traducirla, escuchémosla … dice cosas, muchas de ellas hermosas; el arte esta VIVO, palpita, respira, vive, a veces hace ruido … Y a veces GRITA …

El arte del concepto, tras 100 años de existencia, de cambios, transgresiones, de tempestades, vive; el arte vive (se adapte o no) en TODAS sus formas … Prestemos atención ….quien sabe hasta donde llegará la huella inmortal del arte de la humanidad…??

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