Turquía alberga dos de los mejores hoteles del mundo a caballo entre Asia y Europa: el mítico Pera Palace, testigo del máximo lujo de los siglos XX y XXI, del Orient Express al renacer de Estambul como capital cosmopolita, y el Jumeirah Bodrum Palace Hotel, en pleno Halicarnaso, antiguo puerto griego que hunde sus raíces en la leyenda.

Agatha Mary Clarissa Miller, más conocida como Agatha Christie, la escritora de novelas policiacas más famosa del mundo, escondía un enigma: a finales de 1926, tras una dramática discusión con su primer marido, Archibald Archie Christie —en la que éste le confesó que estaba enamorado de otra mujer y le solicitó el divorcio—, la escritora desapareció once días sin dejar rastro. Más de mil agentes de policía, 15,000 voluntarios y varios aviones sobrevolaron la zona donde apareció su coche abandonado, pero nadie sabía dónde estaba. Se la había tragado la tierra. Cuando reapareció, dijo que no se acordaba de nada y jamás reveló el secreto de dónde había estado.

Tres años después de su muerte, en 1979, Tamara Rent, una médium contratada por la Warner Bross Company, quien había comprado los derechos de su biografía, vio la habitación 411 del Hotel Pera Palace de Estambul, y en ella una llave. Siguiendo sus indicaciones, los productores viajaron hasta la antigua Constantinopla y allí, en la habitación 411, encontraron una vieja llave oxidada del tamaño de un pulgar. ¿Qué es lo que abría? Se suponía —por su exiguo tamaño— que un diario, pero nunca se llegó a saber con certeza. Lo cierto es que la escritora británica sí estuvo en el hotel, pero algunos años más tarde, en 1931, donde escribió Asesinato en el Orient Express, una de sus novelas más célebres, en el mismo cuarto que hoy conserva su nombre.

Jumeirah Bodrum Palace - Exterior

Esta historia, con todos los ingredientes de un thriller de Hollywood, le valió al Pera Palace a finales de la década de los 70 del pasado siglo el mismo allure que tuvo en sus orígenes, en los últimos años del siglo XIX y principios del XX, cuando se erigió para recibir a los pasajeros del tren más lujoso del mundo, el Orient Express. Hace cinco años, el hotel volvió a abrir sus puertas tras una restauración de dos años con un coste de más de 28 millones de dólares. En la actualidad, no es el único hotel de alta gama con vistas al Cuerno de Oro, ya que Estambul es hoy uno de los destinos turísticos que más oferta hotelera presenta en la frontera entre Europa y Asia —la ciudad se erige en torno al Bósforo, un estrecho que la divide en dos partes, uniendo el mar de Mármara con el mar Negro y que separa física mente ambos continentes—, pero sí es cierto que, como señalan desde Jumeirah, la cadena de hoteles de lujo que actualmente posee esta legendaria joya arquitectónica, «en este hotel duerme la historia».

Emplazado en el barrio de Beyoglu, que en turco significa «más allá», sus balcones miran al Cuerno de Oro, el estuario a la entrada del Bósforo. Conocido como «la pequeña Europa», en el siglo xix era el lugar de residencia de los nouveau— con cierto aire oriental. El proyecto corrió a cargo del arquitecto de origen francés Alexander Vallaury. En la actualidad, se trata de un edificio de valor histórico y varios de sus salones han sido catalogados como patrimonio artístico nacional, como la sala de las cúpulas, o Kuwela, coronada por seis bóvedas con forma de media naranja que en los veranos se abrían para dejar entrar la brisa del mar.

Pera Palace Hotel Jumeirah - Kubbeli Saloon

En el Pera Palace se mezclan la decadente sofisticación de antaño con la nueva personalidad de Beyoglu, una de las zonas de moda de la ciudad, donde en su día pasearon personajes como Mata Hari, Trosky, el Rey Eduardo VIII de Inglaterra o Greta Garbo. Todos ellos se alojaron en el Pera Palace, quien hoy rinde homenaje a sus célebres huéspedes conservando en muchas de sus 115 habitaciones, de las que 16 son suites, el nombre de sus clientes más distinguidos. Entre todos ellos destaca uno, Mustafá Kemal Ataturk, fundador de la República de Turquía en 1923, que instaló su base de operaciones en la habitación 101, que alberga un pequeño museo.

Hoy el Pera Palace, además de mirar a un esplendoroso pasado, afronta el futuro con un aspecto renovado donde todos los detalles han sido cuidadosamente escogidos, desde la decoración al spa, que alberga, como no podía ser de otra manera, uno de los baños turcos  más exquisitos de la ciudad. Además del restaurante del hotel, Agatha, inspirado en el misterio que envuelve la novela protagonizada por el detective Hércules Poirot; los amantes de las delicatessen no pueden perderse la Patisserie de Pera, un oasis francés en el corazón de Estambul, donde podrán degustar un café gourmet o un té servido según la tradición china; el Kubbeli, famoso tea lounge del hotel frecuentado por la élite cosmopolita que sigue prefiriendo Estambul, bajo las icónicas bóvedas del vestíbulo; y el Orient Bar & Terrace, frecuentado en su día por personajes como Alfred Hitchcock o Ernest Hemingway.

Jumeirah Bodrum Palace - Imperial Villas Living Room 01

Un palacio frente al mar

Bodrum es un puerto, conocido en la antigüedad como Halicarnaso, donde se encontraba una de las siete maravillas del mundo, el monumento  fúnebre del sátrapa Mausolo, que dio nombre a la palabra mausoleo, de 41 metros de altura, coronado por una pirámide y una cuádriga. Hoy es conocido, sobre todo, como uno de los destinos turísticos más exclusivos de Turquía, donde destaca por derecho propio el Jumeirah Bodrum Palace Hotel. Situado en la bahía de Zeytinlikahve Mevkii, la más espectacular de la península de Bodrum, cuenta con una extensa playa privada, y todas sus suites y villas ofrecen espectaculares vistas al mar Egeo.

El grupo Jumeirah adquirió este resort en marzo de este año; anteriormente era el Golden Savoy, un hotel de lujo cuya construcción comenzó en 2012 y terminó hace sólo dos años. No se escatimó ningún gasto para garantizar un conjunto de la más alta gama, como once albercas cubiertas y siete exteriores, 58 villas con alberca privada, dos enormes piscinas de agua salada en el Beach Music Club y el Golden Palace, nueve villas con hammam turco privado, cuatro villas imperiales con sauna, El Palacio —con ayuda de cámara privado— y 22 fuentes ornamentales. El resultado es una extravaganza digna de Busby Berkeley, donde la decoración más suntuosa, con frescos de artistas de Kazajastán y aplicaciones de pan de oro, se alía con un servicio premium (las villas, por ejemplo, cuentan con servicio de mayordomo).

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El hotel se encuentra a sólo diez kilómetros de Bodrum, el buque insignia del glamour turco. Originalmente, era una aldea de pescadores arquetípica de la zona, pero la élite la eligió para levantar sus villas de vacaciones. Hoy, el ruido de las cigarras se ve interrumpido por el de los flashes de los paparazzi que persiguen a las celebridades que visitan este antiguo puerto turco,  coronado por un castillo de leyenda que en 1522 fue conquistado por Solimán el Magnífico. Hoy, en las aguas de la bahía atracan los yates —que se construyen aquí, a medida— de magnates internacionales que frecuentan los restaurantes de la zona (con precios también internacionales). Gracias a ellos, Bodrum se ha convertido en un paraíso de las compras deluxe.

El principal atractivo de la zona es el mar. Por la mañana, una flota de veleros transporta a los turistas a las bahías, donde pueden admirar las tumbas rupestres de Dalyan y su playa de tortugas protegidas. Los hay, también, que arriban a otras islas, como Kos y Rodas.

Quienes deciden permanecer en el resort pueden elegir entre sus múltiples albercas, sus restaurantes —Al Nafoorah, de comida libanesa; Fotunella, italiano; Gloriette, internacional; Golden Dragon, asiático; y Sea Grill, ideal para pescados y mariscos—, bares — destacan el Palace Beach, con camastros en la playa privada del hotel; y The Vitamin Bar, con una amplia carta de tés y smoothies— y, por supuesto, el Talise Spa, el único centro de salud de Turquía que ofrece los tratamientos del Instituto Margy de Montecarlo. El corazón del spa es, por supuesto, un hammam decorado con maderas preciosas, mosaicos y murales, donde consentir no sólo el cuerpo, sino también el alma. Si hay un oasis al que querrá regresar cualquier trotamundos —de lujo, eso sí— es este palacio.

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