… porque mucha alma es lo que tiene México.

Por mi profesión acudo anualmente a las principales ferias de arte del mundo y a los grandes centros de subastas: Londres y Nueva York. Allí acuden también grandes coleccionistas, sus asesores, o grandes instituciones. Es un circuito conocido y que funciona con rigor y fiabilidad.

Sin embargo, en una de mis visitas a México, hace ahora aproximadamente un año, no pude dejar de asombrarme una vez más por la concentración de arte que tiene y la riqueza de muchas de las colecciones públicas y privadas que se han acumulado a lo largo de los años. Fue entonces cuando me di cuenta de que aquí había una personalidad particular y que México tenía coleccionistas de pintura antigua en concreto, con la suficiente sofisticación y capacidad económica como para que se les ofreciera, en su propio país, la posibilidad de adquirir piezas de calidad museística como las que el propio México ha producido y produce.

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No puedo obviar mi pasión por el arte y tampoco puedo obviar mi convicción de que el arte, la belleza, tiene una función social curativa. Me explico: para que el arte se produzca tiene que haber artistas, es evidente, pero también países cultos, con civilizaciones profundamente arraigadas, que hagan que el talento sea fecundo y permanezca.

Por eso supe que hacer una subasta en México implicaba la apuesta por hacer algo extraordinario. No bastaba traer obras maestras de artistas con presencia en los grandes museos del mundo, el Prado, Louvre, MET…, sino que, como española, quería reivindicar lo europeo en América y lo americano en Europa: una nueva realidad, plasmada en el arte de un mundo conectado y por primera vez completo. El mundo que hoy conocemos.

Naturalmente, para algo así necesitaba un socio excepcional y me puse a buscarlo. Me reuní con importantes galerías en las principales ferias de arte antiguo del mundo, TEFAF Maastricht, en la Biennale de Florencia, en Venecia… y en cada viaje, en cada movimiento, encontraba una dificultad nueva. Hasta que un día, en la recepción de los Premios Iberoamericanos de Mecenazgo, que otorga mi compañía cada año, tuve la inmensa suerte de que se me acercara Konrad Bernheimer, cuarta generación de Colnaghi, probablemente la galería de arte antiguo más importante de la historia, con obra en los principales museos del mundo… el Louvre, el Prado, The National Gallery, el Metropolitan… –¿no era eso lo que estaba buscando?–, y de pronto me dijo: “Yo quiero trabajar contigo, quiero que hagamos cosas juntos.” Las cosas a veces pasan así. Le hablé de México, de la iniciativa de llevar obra de primer nivel con una personalidad propia capaz de estar a la altura del coleccionismo en este país. Le fascinó: “¡Vamos entonces a México contigo!”

Como todo lo que hace Wealth Advisory Services, que se dedica al asesoramiento en arte, los proyectos sólo tienen sentido de verdad si juntan la perspectiva artística y económica con la social. Es por eso que esta iniciativa lleva implícita una labor de mecenazgo. En plena efervescencia del movimiento moderno, el filósofo José Ortega y Gasset escribió un libro titulado La deshumanización del arte, en el que la “idea”, y no el hombre, se hacía protagonista. Desde entonces se ha producido arte espectacular, pero el que a mí me interesa es el que cumple la misión de transformación social, arte para la re-humanización de la sociedad. Todos los demás aspectos son secundarios, pienso, y estoy convencida de que todos los profesionales que nos dedicamos a esto debemos estar muy vigilantes sobre este aspecto “esencial” del arte para no perdernos.

Naturalmente, no se emprende algo así sin vocación de continuidad: cada año una selección de obras pensadas para México viajarán al país y serán expuestas al público de manera gratuita con visitas guiadas. El manierismo, el barroco europeo –que es complementado por el espectacular barroco novohispano–, el Renacimiento… podrán ser contemplados aquí como allí, pero, además, el 1% del resultado de la subasta de cada año se donará a una institución ligada a las artes plásticas para apoyar sus proyectos de la misma manera que mi compañía dona un 1% de sus ingresos para apoyar acciones relacionadas directamente con las artes plásticas.

Todos los años tendrá lugar esta subasta especial de Viejos Maestros y Pintura Europea, como la que este año se presenta con el título Carlos II, un Rey, dos Continentes, que hace referencia a la pieza más importante de la colección: un retrato de Carlos II creado por Juan Carreño de Miranda, pintor de cámara del rey. El rey de León, de Castilla, de Aragón, de la Nueva España, del Perú… y de Nuevo León, cuya capital, Monterrey, tiene el nombre del virrey cuya esposa, la condesa de Monterrey, fue tutora del propio Carlos II… y pintada por Carreño. Todo está conectado. La decadencia reconocible de una sangre demasiado repetida, el último de los Austrias. Luego habría una guerra en Europa y llegaría el primer Borbón a la Corona. ¿En decadencia? Dostoievski otorgaba dignidad a cada uno de sus personajes dotándoles de un pasado. México tiene tanto pasado que sólo puede ser futuro. En el catálogo, cada uno de los cuadros de la colección viene “acompañado” de su historia, de su pasado. Para quien llega de fuera, mucho más para una española, todo en México es latencia, es más lo que se siente o se presiente, que lo que se ve. Así está concebida esta venida de arte europeo a un lugar al que, sin duda, pertenece. Cada pieza con su pasado. Digna de ser coleccionada. Humanizada.

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Correo: [email protected]

Twitter: @CarmenReviriego

Página web: Wealth Advisory Services

 

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