Por Chase Peterson-Withorn y Jennifer Wang

A pesar de décadas de precedentes entre los candidatos presidenciales, Donald Trump ha sido firme en su negativa de liberar sus declaraciones de impuestos. “No aprendes mucho de las declaraciones de impuestos”, dijo en el primer debate presidencial el lunes, en el que afirmaba que él ha sido auditado por la IRS casi todos los años desde hace 15 años. “Aprenderán más sobre Donald Trump en las elecciones federales”, sugiere Trump, “donde presenté una especie de reporte de 104 páginas sobre mis estados financieros”.

Muchos de sus críticos han argumentado que Trump tiene miedo de que sus declaraciones de impuestos demuestren que no es un multimillonario. Es algo dudoso. En primer lugar, los ingresos de Trump no están directamente correlacionados con el valor de sus activos, la deuda en ellos o a su participación en cada uno. En segundo lugar, Forbes ha seguido la fortuna de Trump durante 34 años. A veces sube, a veces baja, y durante gran parte de la década de 1990 estuvo fuera del club de las tres comas.

La nueva investigación de Forbes sobre la riqueza de Trump estima su fortuna en 3,700 millones de dólares (mdd), 800 millones menos que hace un año. Un debilitamiento del mercado inmobiliario de la ciudad de Nueva York, sobre todo en el comercio minorista y en las oficinas, donde las valuaciones van a la baja, ha disminuido su patrimonio estimado. Los nuevos datos también fueron un factor. De los 28 activos o clases de activos escrutados por Forbes, 18 disminuyeron en valor, incluyendo su Trump Tower en la Quinta Avenida de Manhattan, su joya 40 Wall Street y Mar-a-Lago, su club privado frente a la playa en Palm Beach.

Siete activos aumentaron en valor, incluyendo la construcción de la segunda torre más alta de San Francisco, 555 California Street. Uno se mantuvo estable. Hay dos nuevos activos incluidos en el recuento total. Se trata de una participación de 4% en un complejo de viviendas en Brooklyn incluido en la presentación de Trump ante el Comité Electoral Federal. En su único negocio de bienes raíces de este año, Trump compró un almacén de 50 años de edad, en Charleston, que estaba en proceso de remate. El almacén había sido propiedad de una empresa, Titan Atlas, en la que Donald Jr. había sido inversionista. En algún momento el joven Trump (así como otros inversionistas) habían garantizado personalmente un préstamo del Deutsche Bank a la empresa; más tarde su padre terminó comprándola cabo.

En cuanto a su campaña, Trump donó 7 mdd y prestó 48 millones adicionales de su propio efectivo, que Forbes no espera que vuelva a ver jamás.

Las apuestas son altas. Por primera vez desde H. Ross Perot, padre, en 1992 y nuevamente en 1996, un multimillonario tiene posibilidades (en este caso, como el candidato de un partido importante, mucho mayores) de convertirse en presidente de Estados Unidos.

Una cosa más: el candidato republicano a la presidencia dijo el lunes por la noche que su presentación ante la FEC mostraba un ingreso de 694 mdd para 2015. No es así, ya que el documento mezcló a discreción ingresos con ganancias y cubre un periodo de 17 meses.

 

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