Si visitas San Antonio, no te puedes perder conocer Fredericksburg, un pequeño pueblito en el que te vas a llevar gratas sorpresas.

 

 

Hace unos días tuve la fortuna de visitar San Antonio, Texas, ciudad que muchos conocemos por ser un verdadero paraíso para los compradores gracias a sus enormes centros comerciales, y por tener una de las políticas de devolución de impuestos a extranjeros más sencilla en Estados Unidos.

Sin embargo, un viaje a San Antonio ya no debe enfocarse únicamente en visitar sus famosos malls, pues resultaría una experiencia incompleta, por lo que te recomiendo que si tienes el plan de viajar a esta ciudad, rentes un coche y te des la oportunidad de conocer Fredericksburg, un pequeño pueblito ubicado a no más de una hora, en el que te vas a llevar gratas sorpresas.

 

¿Qué puedes ver en Fredericksburg?

La primera escala (prácticamente obligatoria) es en el National Museum of the Pacific War, dedicado a contar la historia del conflicto entre Japón y Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial. Si piensas que este es un museo pequeño que puedes recorrer en poco tiempo, temo decirte que estás muy equivocado, pues está planeado para que le dediques dos días si quieres verlo a conciencia (el boleto está diseñado para que lo hagas así), pues cada una de sus salas, además de narrar el conflicto, tiene elementos multimedia que harán que este trayecto sea toda una lección de historia.

No dejes de recorrer su tienda de souvenirs, donde encontrarás todo tipo de artículos históricos, así como los relacionados con toda la cultura desarrollada en torno de la guerra, y aunque no seas un asiduo comprador de este tipo de “recuerdos”, vale la pena dedicarle un momento a los productos ahí expuestos.

 

Comer y dormir

Es básico mencionar que visitar Fredericksburg es como haber viajado en carretera hacia Alemania. Este pueblo fue fundado y sigue siendo habitado por una numerosa colonia teutona, por lo que la construcción de sus casas, restaurantes e incluso sus tiendas tienen completamente el sabor de un pequeño poblado germano. Allí encontrarás una exquisita fusión de lo mejor de las dos cocinas, así como festivales y manifestaciones artísticas y urbanas que te remitirán al país europeo.

Por eso es casi una obligación quedarse en alguno de sus bed&breakfast, en los que podrás degustar una comida exquisita, un buen tratamiento de spa y la experiencia de hospedarte en habitaciones tipo cabañas donde lo único que escucharás es el silencio. No hay un mejor lugar para descansar.

 

Vino y chocolate

Para continuar con la propuesta sibarita de Fredericksburg te recomiendo visitar Chocolat, una tienda de chocolates que elabora sus productos mediante una técnica especial en la que, con una pequeña coraza de azúcar, se pueden encapsular licores que se encuentran en el interior del trozo de chocolate. La especialidad de la casa es el relleno de “tequila rose”, pero también hay opciones con crema irlandesa, whisky, coñac y vino tinto.

Y para darle gusto a los sentidos es indispensable hacer una ruta en los viñedos y tiendas del lugar, donde podrás disfrutar de exquisitas catas, probar productos locales y aprender un poco más de lo que se produce en la zona.

Si puedes dedicar dos o tres días para conocer Fredericksburg, te aseguro que tendrás una experiencia completa que después podrás contrarrestar con la emoción que una ciudad como San Antonio ofrece. Por muchas razones, éste puede ser un viaje perfecto al alcance de pocos, pues Fredericksburg es un destino prácticamente desconocido pero con una oferta realmente valiosa.

 

 

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