¿Cómo funciona un mercado de coberturas que protegen a las empresas contra variaciones en la temperatura, usando información de las estaciones meteorológicas?

 

 

 

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Comentaba el pasado 30 de diciembre sobre las causas de las inundaciones como las sucedidas en Tabasco recientemente y qué se puede hacer al respecto. En ese sentido, comenté que se han desarrollado recientemente mecanismos alternativos de transferencia de riesgos conocidos por su nombre en inglés como Alternative Risk Transfer Mechanisms o simplemente ARTs, que permiten obtener recursos de una forma expedita después de una catástrofe y que, además, están diseñados para penetrar en aquellos mercados donde el seguro tradicional no puede por los altos costos de transacción asociados. En específico, los derivados climáticos y los bonos catastróficos son los instrumentos alternativos más representativos. Se comentará hoy qué son los derivados climáticos.

Hay regiones en el mundo donde de forma natural año tras año ocurren temperaturas extremas, por lo que es necesario contar con clima artificial en los lugares donde se concentran las personas. La energía requerida para que este clima artificial funcione la proveen empresas que realizan cuantiosas inversiones económicas en equipo e infraestructura, por lo que su desempeño financiero es muy sensible a cambios en la demanda de la propia energía.

Así, veranos menos calurosos de lo normal implicarán menos demanda de energía y, en consecuencia, ingresos menores a lo esperado por parte de la empresa energética. También, menores ingresos para estas empresas ocurren cuando se presentan inviernos menos fríos de lo normal. De hecho, se ha estimado que aproximadamente el 85% de la demanda de energía eléctrica en Estados Unidos está asociada con la temperatura ambiental.

No existe un mercado de coberturas que proteja a las empresas contra cambios en la demanda de energía eléctrica. Sin embargo, dada la alta relación que existe entre la demanda de energía eléctrica y la temperatura ha sido posible generar un mercado de coberturas que protejan a las empresas contra variaciones en la temperatura, utilizando la información que producen las estaciones meteorológicas que usan los servicios meteorológicos nacionales.

Así, el mercado de derivados climáticos da inicio en el otoño de 1997 con una transacción realizada entre dos empresas relacionadas con el sector energético en Estados Unidos. La idea, insisto, era crear un mecanismo que permitiera transferir los riesgos de pérdidas económicas de estas empresas por la ocurrencia de condiciones climáticas inesperadas: inviernos menos fríos de lo normal o veranos menos cálidos de lo esperado.

A partir de esa fecha se han negociado un número cada vez más importante de contratos “over the counter” (entre dos partes) avalados principalmente en la actualidad por las empresas reaseguradoras y de banca de inversión más importantes a nivel mundial.

Por su parte, en 1999 inicia operaciones el mercado de futuros y opciones climáticos en el Chicago Mercantile Exchange (CME). A partir de esa fecha, el valor anual total de los contratos negociados ha crecido de forma importante, negociándose ahora muchos miles de millones de dólares por año.

Generalmente, lo que se negocia en este tipo de mercados son índices climáticos que están estrechamente asociados con pérdidas o ganancias económicas. Los índices más negociados en el CME son dos: el índice Heating Degree Days (HDD), que en español sería horas de calefacción diarias y el Cooling Degree Days (CDD) que en español sería horas de refrigeración diarias.

Por ejemplo, con un índice donde los HDD se contabilizan como la desviación diaria acumulada por debajo de 65 grados Fahrenheit (18 grados Celsius), los contratos de este índice se negocian para la temporada de invierno, considerando que en un invierno normal se acumularan muchos HDDs. Así, supóngase que en un día invernal la temperatura fue de 40 grados Fahrenheit. Entonces los HDDs acumulados ese día son: (65 – 40 = 25). Cuando la temperatura es mayor a 65 Fahrenheit los HDD acumulados ese día son cero. Entonces, si una empresa que produce y vende energía, requiere para no incurrir en pérdidas, que durante el invierno ocurra lo que es normal (que haga frío) y, por lo tanto, se acumulen al menos 300 HDDs, por lo tanto comprará una cobertura en los mercados de futuros de tal manera que se le compense si los HDDs acumulados son menores a 300. Siguiendo esta lógica, los CDD se contabilizarían como la desviación diaria acumulada por encima de grados 65 Fahrenheit (18 grados Celsius). Este índice se usa principalmente en verano con la finalidad de crear coberturas contra temperaturas excepcionalmente bajas en esta época.

Puede ser de particular interés para México el mercado de futuros y opciones para huracanes. En el CME se negocian contratos que cubren 9 zonas desde Texas hasta la zona del Atlántico del Norte (Virginia–Maine).

En los mercados OTC, además de la temperatura, se comercializan índices sobre otras variables climáticas, como nivel de precipitación y velocidad del viento. Según la Asociación de Administradores de Riesgos Climáticos (Weather Risks Management Asociation), los usuarios más importantes de coberturas climáticas negociadas tanto en los mercados de futuros como en el mercado OTC, son las empresas relacionadas con el sector energético (46%). Sin embargo, empresas de los sectores agrícola (12%), venta a menudeo o retail (7%), construcción (5%) y transporte (4%) cada vez los usan más. Otros usuarios diversos como restaurantes o turismo representan un 26% del valor total de las transacciones.

Los fondos de inversión y cobertura han encontrado atractivo el mercado de derivados climáticos, ya que existe baja correlación con los mercados financieros y buena dispersión geográfica. Típicamente los contratos de derivados climáticos entre la banca de inversión y el usuario final son swaps. Así, por ejemplo, si un invierno es menos frío de lo normal, la empresa energética recibe una compensación por parte de la banca de inversión. Sin embargo, si el invierno es más frio de lo normal y la demanda por energía se incrementa, la banca de inversión recibirá un pago por parte de la empresa energética.

México es un país pionero en el desarrollo e instrumentación de esquemas de cobertura catastrófica basados en el concepto de derivados climáticos. Dado que en todo el mundo es particularmente costoso y difícil ofrecer seguro agrícola a pequeños productores cuyas propiedades se encuentran en regiones remotas, México toma con éxito el reto de desarrollar una cobertura agrícola con base en un derivado climático, con la finalidad de asegurar a pequeños productores y se convierte en el primer país en desarrollo en instrumentar con éxito un derivado climático. A la fecha, aproximadamente 700,000 hectáreas de cultivos están cubiertas por este tipo de instrumento para pérdidas catastróficas.

Existen coberturas en México contra falta y exceso de lluvia. Sin embargo, las limitantes para el mayor uso de este instrumento son, por una parte, el escaso número de estaciones meteorológicas capaces de producir información climática de calidad suficiente para los mercados financieros y, por otra parte, el hecho de que las transacciones en México son sólo “over the counter” (entre dos partes). Esto es, se hace necesario desarrollar una bolsa (mercado público) de derivados climáticos.

 

 

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