Los arranques de gobierno y los primeros 100 días dan pistas de cómo puede ser un mandato. Son los meses en los que se debe aprovechar la luna de miel con el electorado y la fuerza con la que todavía se cuenta y que irá maguando, por necesidad, a lo largo del tiempo.

Felipe Calderón inició su administración con el despliegue de tropas militares en Michoacán, para hacer frente a organizaciones criminales que estaban extorsionando a la sociedad. La seguridad marcó a todo su sexenio.

El día 2 de diciembre de 2013 se anunció el Pacto por México, un acuerdo de las principales fuerzas políticas, PRI, PAN y PRD para impulsar una serie de reformas estructurales que permitieran terminar con obstáculos para lograr el crecimiento económico y una mejor educación, entre otros aspectos. Para Enrique Peña Nieto todo parecía luminoso. Terminó mal, envuelto en el escándalo de La Casa Blanca y la desaparición de los 43 estudiantes en Iguala.

El presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, ha planteado un profundo cambio en el régimen, desterrando y desmontando lo que considera privilegios de la quienes gobernaron hasta el 31 de noviembre de 2018. Tiene la legitimidad de 30 millones de votos y al parecer está dispuesto a utilizarla, tensando la cuerda, si es necesario.

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Las señales indican que buscará un mandato sin contrapesos o limitándolos a su mínima expresión. Sus críticas a los órganos autónomos van en ese sentido.

López Obrador redujo las percepciones de la alta burocracia, al bajar la suya misma, hasta rangos que ya no la harán competitiva frente a los ingresos que se pueden obtener en la iniciativa privada.

Servidores públicos con experiencia fueron despedidos o se retiraron, ante la llegada de una nueva cultura de gobierno, más austera, pero necesariamente con mayores rangos de eficacia.

Puso en marcha la elaboración de un censo para medir necesidades y que servirá de respaldo para la ejecución de sus programas sociales y en particular el de apoyo a los jóvenes.

La participación militar en tareas de seguridad ya está en la Constitución y se va a crear la Guardia Nacional, aunque con mando civil y adscrita a la Secretaría de Seguridad Pública.

Son 100 días de una enorme intensidad, que además se potencia por la conferencia diaria presidencial, en un hecho insólito, que le ha permitido mantener el control de la agenda, pero que puede experimentar dificultades con el paso del tiempo y en cuanto los problemas se vayan apreciando con mayor claridad.

Llega a los 100 días con una alta popularidad, quizá como ninguno de sus antecesores. Las expectativas que genera son muy altas y ello es un aliciente en el corto y mediano plazo, pero nadie puede saber qué ocurrirá si emerge el desencanto y la frustración.

 

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