Por desgracia para los occidentales, la mayoría de “manos fuertes” se encuentra en Asia, por lo que los lingotes y monedas que se vayan para allá, no volverán jamás.

 

 

Los precios del oro y la plata en términos de dólares siguen sufriendo. Desde su máximo del año –visto en marzo– a la fecha, el oro ha caído más de 12%; la plata, desde su mejor momento en febrero pasado, casi 30 por ciento. Aquí hemos dicho que la causa principal de este desplome no es otra que la manipulación del mercado, orquestada por medio de ventas masivas en el mercado de papel (futuros y forwards). Lo único que tienen que hacer es echar a andar la bola de nieve con una venta grande para disparar órdenes “stop loss” que magnifican los efectos.

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La intención es mantener el sentimiento de “fortaleza” en el endeble sistema monetario. Aunque a muchos esto le suena a una “teoría conspirativa”, la realidad es que los manipuladores originales –los bancos centrales con la Reserva Federal estadounidense a la cabeza– dejan rastros inocultables.

Este espacio tiene el privilegio de publicar en exclusiva, en español, dos indicadores de la Nueva Escuela Austríaca de Economía –fundada por el profesor Antal Fékete: la Base y la Cobase de los metales preciosos monetarios (oro y plata), que exhiben la acción de los manipuladores. Gracias a ellos podemos obtener información que no se encuentra en ningún otro tipo de análisis técnico, como que la artificial baja en las cotizaciones ha disparado la demanda física –sobre todo de plata– en todo el mundo. Las estadísticas lo confirmarán más adelante.

Los datos más recientes de Base y Cobase nos indican que la plata, de hecho, está en “backwardation”, una condición que se alcanza cuando el precio al contado (spot) de entrega inmediata, es más alto que el del contrato de futuros más activo. Eso quiere decir que a estos niveles, quien quiera conseguir plata hoy tendrá que pagar un alto sobreprecio, respecto al contrato que promete entregar la plata al vencimiento, en este caso en diciembre.

Este indicativo de “urgencia” de compra por parte del público inversor también se está expresando en los altos y crecientes “premios” que por la plata se exigen en el mercado físico. Una suerte de escasez por bajo precio.

En México, por ejemplo, la popular onza de plata amonedada conocida como Libertad, que en teoría debería conseguirse alrededor de 228 pesos, tiene premios del 18 al 25 por ciento, más del doble de lo normal. Por eso sólo se pueden conseguir entre 270 y 300 pesos, como mínimo.

En el oro la situación es la misma. La onza de oro puro amonedada en México está a la venta en casi 18 mil pesos, un premio de más del 11 por ciento, mientras que en países donde la demanda es mucho mayor, como India –el segundo consumidor global después de China, ya rebasa el 25.8 por ciento–. En ese país el sobreprecio creció 13 por ciento en un mes. Dado que el oro no está en backwardation todavía, este metal aparece como más susceptible de nuevos ataques en los próximos días, sazonada con “buenas noticias” aparentes en la economía estadounidense.

Hay una disociación evidente entre el mundo de fantasía del mercado de papel y la realidad.

¿Quiénes están acumulando masivamente oro y plata físicos en todas sus formas de inversión, y por qué? Las “manos fuertes” del público en general y empresarios enterados que, a sabiendas de que la situación económica y financiera mundial es endeble, atesoran todo el metal precioso que pueden con cada baja. Aquí le comentamos la semana pasada los reportes del diario británico The Telegraph, en el que se da cuenta de cómo los superricos están comprando niveles récord de lingotes de 12.5 kilos de oro.

 

El 1 de octubre la Casa de Moneda estadounidense vendió en un solo día 1 millón 150 mil “American Eagles” de una onza, 300 mil monedas más que todas las onzas Libertad vendidas en México en 2013. La “Perth Mint” australiana registró en septiembre el nivel de ventas de monedas y barras de oro más alto desde octubre 2013.

Por desgracia para los occidentales, la mayoría de “manos fuertes” se encuentra en Asia –como lo confirman los diferenciales de sobreprecios entre hemisferios, por lo que los lingotes y monedas que se vayan para allá, no volverán jamás.

La ilusoria “recuperación” de la economía estadounidense, sumada a la muy endeble condición de Europa, Japón y hasta China, motores del mundo, predispone un futuro de graves tribulaciones.

Por desgracia, gobiernos y bancos centrales seguirán intentando sin éxito solucionar el problema con más de lo mismo que nos provocó esta crisis: expansión crediticia, impresión monetaria y mayores déficits públicos. El oro y la plata se seguirán escondiendo de la circulación en manos privadas.

 

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