En un mundo digital, tener una tienda con miles de libros a precios bajos ya no es suficiente. Las librerías deben adaptarse o resignarse a desaparecer.

 

 

En junio de 2011, Borders Group, uno de los grupos de librerías norteamericanas más grandes con presencia en EUA, Canadá y Reino Unido, anunció, para sorpresa de muchos, que cerraría operaciones y se declararía en bancarrota, liquidando en el proceso 399 tiendas y a cerca de 19,500 empleados.

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Muchos asocian el cierre de las librerías de Borders con el hecho de que en 2007 la cadena terminó su relación con Amazon para construir su propia plataforma de comercio electrónico para libros de papel y digitales, un esfuerzo tardío con un costo millonario que nunca logró atraer compradores, pero éste es sólo un factor en una historia más larga y compleja.

Aunque es sencillo culpar de la caída de Borders a la venta de libros por internet y a la llegada de los ebooks, en realidad el grupo había dejado de ser rentable varios años atrás. La última vez que reportó ganancias fue en 2006, con pérdidas anuales de 1,000 millones de dólares hasta su cierre. Desde entonces tuvo problemas serios para mantener una operación tan grande con ganancias marginales.

Borders tampoco fue exactamente una víctima inocente: el grupo hizo una inversión enorme para adquirir otras cadenas de librerías rivales para tener una presencia contundente –casi monopólica– sofocando y desapareciendo las tiendas independientes de libros en las ciudades donde se establecía. Esa inversión nunca contempló que su competencia se llevaría el canal de distribución de libros a internet, un medio que nunca lograron entender del todo.

En los últimos años las librerías han tratado de diversificarse y ya no ofrecen únicamente venta de libros: es común encontrar en las librerías grandes estantes con música, películas, juguetes o regalos. Hay algunas librerías que han hecho el cambio completo a cafeterías o hasta a restaurantes temáticos para retener a sus visitantes, aunque todas siguen batallando para ser relevantes en internet.

La lección en el caso de Borders para otras librerías es que las dinámicas de compra de libros han cambiado debido a los medios digitales, y que para seguir siendo vigentes deben evolucionar con los nuevos medios creando un sitio web moderno, comunidades en redes sociales y, sobre todo, mejorando la experiencia de compra en los espacio físicos. Tener una tienda enorme con miles de libros a precios bajos ya no es suficiente.

Las librerías no son las únicas afectadas por los cambios que los medios digitales han generado y las pequeñas casas editoriales independientes los han resentido por falta de herramientas u opciones, pero ése es un tema para otro día.

La historia de las librerías de Borders suele contarse como un aviso del colapso de la industria de los libros de papel, aunque otras librerías como Barnes & Noble siguen adelante, con una oferta mixta de libros de papel y digitales. En un mundo digital, también las librerías deberán cambiar para adaptarse o resignarse a desaparecer.

 

 

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