Era mi corazón piedra de río,

una piedra de río, una de aquellas

cosas de un imposible tuyo y mío.

Carlos Pellicer.

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Un crítico de arte de renombre se encuentra en el vestíbulo de la galería Kurimanzutto, preguntando dos cosas en torno a Gabriel Orozco: una entrevista reciente en donde se hablaba de un parangón entre la nueva obra del artista veracruzano y el retorno de Diego Rivera a la pintura, y sobre las posibilidades del Árbol del Samurái. Las dos peticiones parecen no tener mucho en común, aunque en la más reciente exposición de Gabriel se note esa impronta estilística que lo ha caracterizado: círculos, elementos de la naturaleza, recolectar, reutilizar, tomar algo y alterarlo sin que el elemento pierda su naturaleza.

La más reciente exposición de Gabriel Orozco en la galería se encuentra compuesta de cerca de medio centenar de piedras de río, recolectadas en la costa del Pacífico, cerca de Acapulco y Puerto Escondido, que el artista intervino con dibujos tridimensionales. Se trata de piedras de forma similar entre sí, las cuales tienen el parecido a un balón de futbol americano, que Orozco talló cuidadosamente, con “perforaciones” que van desde los tres milímetros a uno o dos centímetros de profundidad.

De alguna manera, el artista mexicano hace un trabajo similar al que hizo la naturaleza misma con las piedras: erosionarlas, imprimirles tiempo. Los dibujos, si bien tienen la estética habitual en muchos de los trabajos “escultóricos” de Orozco, se dejan llevar por la forma misma de las piedras, las cuales mantienen su esencia pese haber sido intervenidas.

Parece que el trabajo de Gabriel se inclina cada vez más hacia la escultura, más que otras veces, muchos han mencionado que es un trabajo artesanal, menos abstracto incluso, pero siguiendo el mismo lenguaje del artista mexicano.

Gabriel Orozco es quizás el artista nacional con mayor proyección en el extranjero, y esta exposición coincide con la más reciente publicación del libro que lleva su nombre, alusivo a la retrospectiva de su trabajo, que el MoMa hizo en 2009. Pese a los libros antes publicados sobre su trabajo, no había un texto que fuera tan cercano al público como éste.

Una piedra de diamante es la que “cortó” estas piedras, las cuales dejan apreciar el interior de las rocas, dialogan sobre ese proceso de Gabriel que consiste en resignificar las cosas con apenas una leve alteración. Algo que vimos en la misma galería en 2009, año desde el cual no se exponía algo exclusivamente de Orozco.

Las piedras de río de Gabriel Orozco están expuestas desde el pasado 16 de abril, y estarán en Kurimanzutto hasta el 15 de junio de este año. La galería Kurimanzutto se encuentra ubicada en Rafael Rebollar 94, Col. san Miguel Chapultepec, y está abierta de martes a jueves de 11:00 am a 6:00 pm, y viernes y sábado de 11:00 am a 4:00 pm. La entrada es libre.

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