En la era de los autos autónomos y la economía digital que nos pone casi todo a un clic de distancia, a veces resulta fácil olvidar que el futuro será habilitado por la tecnología, pero sin duda será impulsado por las personas.

Con el afán de explorar las implicaciones de la innovación —uno de los procesos humanos más complejos y el que nos ha llevado a donde nos encontramos hoy—, el pasado 7 de noviembre, en Forbes México organizamos el primer Foro Game Changers, en el que abordamos, de la mano de expertos en la materia, los grandes desafíos y oportunidades que impone la necesidad de reinventarse de forma permanente, tanto en el ámbito personal como en el de los negocios.

El evento, curado de la mano con The Edge Group e impulsado por Huawei, tuvo como marco el Centro Cultural Roberto Cantoral de la Ciudad de México, en donde medio millar de asistentes —entre los que se encontraban emprendedores, académicos, ejecutivos y mentes curiosas e inquietas en general—, recibió de algunas de las mentes más brillantes del mundo de los negocios las claves que pueden ayudar a liberar el potencial de las empresas de todos los tamaños.

Aquí reproducimos tres entrevistas realizadas con los tres ponentes principales en el marco de Game Changers.

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Foto: Gerardo Contreras / Forbes México.

“LA INNOVACIÓN TAMBIÉN ES UN ACTO DE FE”

Cuando se habla sobre teorías avanzadas de innovación, México tiene cosas que aportar. Así lo considera el autor del best seller The Rainforest: the secret to building the next Silicon Valley, Greg Horowitt.

“Donde sea que tengas personas soñadoras, creativas, que quieran cambiar al mundo, van a encontrar la manera de cambiar el ecosistema, eso es algo que veo en México. La pregunta ahora es cómo vamos a ayudar a encaminar a los políticos, a los académicos en las universidades a inspirarlos y empoderarlos, ¿cómo vamos a permitirle innovar a las comunidades, a crear experimentos para cambiar la forma en que se hacen los negocios?”, dice en entrevista.

Horowitt aborda la innovación desde diferentes ópticas, una de ellas explica que la innovación es resultado de la suma de varios factores, principalmente imaginación, instinto y fe. Con eso en mente, el proceso de evolución de los nuevos negocios debe pasar por fases como: intentar lo nuevo de manera rápida, aprender ágilmente, fallar de manera limitada y evolucionar rápidamente.

“El flujo de la innovación debe ir en las dos vías: de la base de las organizaciones a la dirección y de la dirección a la base, es como una esfera de nieve que sacudes y debes voltear. La gente en la dirección de las organizaciones debe mantener el orden, son personas más pragmáticas, en la base usualmente está el caos”, explica.

Es en ese punto donde Horowitt sitúa a México. Él explica que para que surja un ecosistema con la innovación como rector es necesario incrementar la diversidad social y económica en las comunidades

“México está haciendo cosas, tiene diferentes iniciativas, está pasando por un proceso de transformación. Creo que las más grandes lecciones vienen de ese equilibrio en el que la gente asimila el caos, sabe qué hacer y qué puede hacer ante los cambios”.

Para que la innovación sea integral, la empresa debe lograr que los miembros tengan una cultura de fe. Horowitt explica que esa fe es resultado de una mezcla de pensamiento y sentimiento, cuando la organización logra que los miembros se identifiquen en esas dos vías es cuando surge la creencia plena en lo que se propone.

“Los millennials hoy entienden dónde están las compañías y hacia dónde van. La gente que apuesta por cosas nuevas con la creencia de que puede funcionar, cambia el entorno porque se atreve a desafiar aquello que está establecido ¿Por qué la gente cree en las religiones?, porque les da esperanza de que pueden hacer lo imposible. Por ejemplo, había un estudiante que había desarrollado una cura contra el cáncer, cuando la presento a su profesor, él le dijo que era imposible. El maestro argumentaba que todos los estudios publicados hacía treinta años indicaban que lo que buscaba hacer era inviable. Todo lo que estaba escrito estaba mal, pero era porque la tecnología no había tenido ese alcance en 30 años, ahora la nueva tecnología aporta otras soluciones”.

 

Liderazgo sin miedo

El miedo es un gran detonador de comportamientos, pero la esperanza generalmente es un sentimiento más fuerte. Para Horowitt, el liderazgo se ha ejercido siempre con una mezcla de generación de miedo y esperanza entre los colaboradores, pero eso no significa que sea la mejor manera.

“En el mundo, el liderazgo funciona con una mezcla de miedo y esperanza, la mezcla ideal sería esperanza y un poco de pragmatismo, porque así es como está funcionando el mundo y hacia donde está caminando. Hay que estimular a que los líderes caminen a ese sendero”.

El elemento que completa la ecuación de la innovación es tener ojos y oídos en lo que ocurre fuera de las empresas, no sólo se trata de saber qué quiere el consumidor, sino saber qué es lo siguiente que querrá.

“Las organizaciones no sólo deben estar pendientes del caos adentro de la empresa, sino de lo que pasa afuera. Las organizaciones deben tener una estrategia para hacerse relevantes para los consumidores y para mantenerse así en el futuro”.

 

Foto: Gerardo Contreras / Forbes México.

NO, NO TE CONVERTIRÁS EN ROBOT…

¿Qué te preocupa hoy?, ¿tener qué comer?, ¿tener un lugar para vivir? Las necesidades primarias podrían ser atendidas en el futuro por la tecnología. Esto permitiría que los humanos se concentraran en disfrutar, aprender y desarrollar nuevas ideas y formas de concebir al mundo.

“Tenemos esta visión de que el mundo será dominado por computadoras pero no es que vayamos a vivir en La Matrix o algo así, la tecnología será invisible en el futuro, sólo recurriremos a ella cuando algo marche mal”, explica Dylan Hendricks, director del Institute for the Future.

Hoy, por ejemplo, un servicio de salud se compone de enfermeras y doctores con mucho trabajo por hacer, lo más valioso en un hospital es el tiempo de los doctores, porque es vital comunicarse y que aprovechen su conocimiento para encontrar formas de sanar, las máquinas harán funciones como detectar que una medicina ya terminó y administrar una nueva, afirma.

“Lo que tratamos de hacer es que todo sea más fácil y más poderoso, pero seguiremos pensando por nosotros mismos. Lo mejor de la tecnología es que hoy está avanzando mucho más rápido en penetración que antes. El teléfono es prueba de ello. Hay muchos ejemplos de cómo el teléfono le cambia la vida a las personas que no son típicamente los primeros consumidores de tecnología. Tenemos a los refugiados, que no tienen acceso a nada de lo que conocen en su país, pero tienen un teléfono, entonces ellos pueden seguir en contacto con su familia y seguir ligados a su país”.

 

The next big thing

Se calcula que antes de que pasen 10 años habrá 7,500 millones de personas que tendrán un teléfono por primera vez y descubrirán funcionalidades como el entretenimiento, los servicios financieros. En ese tiempo también se desarrollarán funcionalidades nuevas.

“El teléfono seguirá siendo la siguiente gran evolución, no creo que los lentes de realidad virtual, por ejemplo, sean la siguiente gran evolución, hay quienes dicen que sí, pero yo creo que la evolución va más hacia los propios smartphones, una de las cosas más interesantes es que, si te fijas, el smartphone se asemeja hoy a la primera herramienta usada por el hombre: la roca. El humano tiene una relación fuerte e intuitiva con las herramientas que usa, nos gustan las herramientas que podemos manipular con las manos porque tenemos control. Cuando ves cosas como gafas inteligentes o headsets, estos hacen que las personas luzcan como robots y las personas no quieren ser robots. Quieren ser humanos, por eso la forma del teléfono es conveniente”.

En el futuro, Dylan Hendricks cree que los teléfonos móviles tendrán nuevas funcionalidades que ayuden a que las personas sean más resilientes.

“Vamos a tener gadgets con la misma forma del teléfono que van a poder hacer grandes cosas, quién sabe, volar, convertirse en robots, convertirse en hacedores de tareas que no queremos hacer, pero creo que van a lucir así mismo”.

Para los próximos 15 años, dice, el mayor reto será combatir el miedo a la tecnología, pues ese factor hace que se tomen malas decisiones a todos los niveles.

“Hay que ayudar a entender lo que está pasando; personalmente no tengo miedo a la tecnología, tengo miedo a la gente que le teme a la tecnología, que toma malas decisiones políticas. La tecnología ayuda a que todo sea más democrático. En los países donde hay una adopción fuerte de tecnología, la gente ve la evolución de forma optimista, en donde no hay tanta adopción, hay miedo. Hay que preparar a las personas para una forma de vida más simple, donde cosas básicas sean necesidades que se resuelven con tecnología. Vamos a necesitar comida, comunicaciones, transporte y eso es fácil de lograr”.

 

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Foto: Gerardo Contreras / Forbes México.

INNOVAR EN 10 NANOMILÍMETROS

Empujar los límites de nuestro entorno para contribuir a la evolución del negocio es complicado, en pocas industrias esa noción es tan cierta como en la de los semiconductores, en la que la miniaturización de los componentes es un elemento clave.

Hansheng Tan sabe algo al respecto. Él es director de Tecnología y Planeación de Productos del IC Lab del centro de investigación de Huawei en Estados Unidos, y como tal se encarga de experimentar con tecnologías que ayuden a lograr lo imposible: hacer procesadores cada vez más pequeños y al mismo tiempo más potentes. No obstante, el equipo de Huawei llegó más allá y creó el chip Kirin 970, el primero en el mundo en tener integradas funciones de Inteligencia Artificial.

El teléfono insignia de la marca china, el Mate 10, presentado en octubre en Alemania, está dotado de dicha capacidad gracias al chip desarrollado por la propia compañía.

Para Huawei el chip es la parte más importante o clave para lograr la innovación en este apartado, y el Kirin 970 es el resultado de más de 10 años de esfuerzos y permite que el teléfono mantenga durante 18 meses el mismo rendimiento del día 1 de uso, que su cámara reconozca más de 20,000 objetos por segundo (y adaptarse a las condiciones del entorno para entregar la mejor foto posible) y también ayuda al equipo a aprender de los hábitos del usuario para extender la vida de la batería a lo largo del día.

Esto le da al Mate 10 un desempeño que lo coloca entre la gama alta de dispositivos móviles del mercado, pero en cuanto comiencen a llegar las aplicaciones que empleen más la inteligencia artificial, el teléfono se separará por completo de sus competidores pues les dará un mejor soporte, explicó Hans.

“Imagina que te compras un auto nuevo, con muchos caballos de fuerza; al principio, antes de que entres a alguna avenida no puedes ir muy rápido, pero una vez que entras a alguna, verás mucha diferencia con respecto a otros autos”, ejemplificó.

Hans explica el alcance de la tecnología incorporada en sus equipos: “Huawei siempre ha tenido un excelente desempeño, tal vez por eso la gente que compra un teléfono nuevo nuestro da por hecho que es rápido, pero eso apenas es el punto inicial de lo que está por venir.”

 

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Foto: Gerardo Contreras / Forbes México.

LOS GRANDES NO SABEN DE DISRUPCIÓN

En la actualidad la idea de “innovación disruptiva” es uno de los más usados en el mundo de los negocios, pero para David Roberts, emprendedor serial y ex vicepresidente de Singularity University, son de hecho dos conceptos distintos: “innovar significa crear algo o mejorar algo existente, mientras que disrupción hace referencia a la creación de algo que deja obsoleto a su predecesor”.

Esa distinción es relevante en una época en la que todos parecen hablar de la transformación digital y cómo la tecnología puede ayudar a los negocios a crecer de forma exponencial. “Las grandes empresas son muy buenas innovando, pero malas en la disrupción”, dice Roberts, mientas señala que en el caso de las startups ocurre precisamente lo inverso.

Roberts es considerado uno de los principales expertos mundiales en innovación, un músculo que ha ejercitado con la creación de varios emprendimientos, los cuales han contado con la inversión de fondos como Kleiner Perkins, Vinod Khosla, Cisco, Oracle, Accenture, In-Q-Tel —el brazo de inversión de la CIA— entre otros.

 

La idea de “innovación disruptiva” es imprecisa

La disrupción digital es sólo una de seis diferentes tipos de disrupción y no creo que sea la más significativa. La definición de Clayton Christensen [el profesor de la Harvard Business School que acuñó el término] de innovación disruptiva es la única que hemos conocido en los últimos 20 años, pero creo que en los últimos 5 hemos conocido al menos otras cinco.

La disrupción de gama alta es una de ellas, la que hemos visto con Tesla o Starbucks, donde alguien entra en el mercado con un producto superior que dificulta a los demás competir.

Lo que vemos es un nuevo esquema de entendimientos que rodean la disrupción, no lo teníamos ante y eso significa que países, negocios y gobiernos empiezan a ser disruptivos a un ritmo que es distinto al que hemos visto en los últimos 20 años.

Es muy importante entender que estamos usando los términos “innovación disruptiva” y creo firmemente que la disrupción y la innovación son dos cosas muy distintas.

Innovar significa mejorar cosas que ya existen o crear cosas nuevas y las empresas grandes son muy buenas en eso porque tienen departamentos de I+D y Marketing que escuchan a sus clientes. Son buenas porque compiten y continúan mejorando sus productos.

La disrupción es cuando creas algo nuevo que hace obsoleto lo que ya existía. A las grandes empresas se les dificulta mucho esto, son terribles haciéndolo porque cuando empiezan a hacer algo nuevo dentro de la compañía reemplazan algo que ya existía dentro de la empresa.

El problema no es tan agudo con las startups, pero sí con las grandes empresas.

Las grandes empresas tienen que reconocer, para empezar, que el negocio en el que están hoy no necesariamente será el mismo en el que estén dentro de 5 o 10 años, eso es algo difícil porque la mayoría de las empresas se imaginan reproduciendo su mismo negocio y crean barreras que los mantienen en esos mismos negocios. Y a través de la innovación es posible que crezcan 10 o 15% anual, pero si quieren ser 10 veces más grandes en 5 años no pueden repetir lo que han hecho hasta ahora.

Es necesario revolucionar tu propio negocio, Apple lo ha hecho al menos cuatro veces, con el iPad, el iPod y el iPhone. Es un proceso difícil que no recomiendo para grandes empresas a menos que hayan aprendido cómo ser disruptivos con otras cosas.

Taser es un gran ejemplo. La empresa valía alrededor de 100 millones de dólares y estaba en un negocio relativamente tradicional, fabricaba pistolas aturdidoras. Un día decidieron enviar a un par de personas a la Singularity University. Más tarde pensaron en vender cámaras, pero hacerlo especialmente a la policía, un cliente que conocían y comprendían, pero el verdadero negocio no era la venta de las cámaras, sino del servicio mensual de descarga de videos el que resultó en un éxito. Hoy la empresa vale más de 1,000 millones de dólares. Creo que todas las empresas deberían aspirar a ser un poco como Taser: usar la experiencia que tienen haciendo las cosas que hacen, usarlo para apalancarse y convertirse en algo distinto que sea un negocio digno del Siglo XXI.

 

 

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