Cría fans y te sacarán del rating. La serie más aclamada de todos los tiempos, terminó -al menos en los números- siendo víctima de sus propios seguidores. El plazo tan largo de espera generó demasiadas expectativas y quizá un público tan experto en la serie que se volvió un tirano insaciable, muy al estilo de algunos de sus personajes.

Recordando el camino de la expiación, la audiencia lapido y repudió la temporada final sin considerar los esfuerzos de producción, efectos, contenidos visuales y el enorme esfuerzo para construir un cierre de serie épico.

Las críticas y el hostigamiento derribaron la popularidad y la lealtad de los fans igual que el Rey de la Noche lo hizo con el Muro, al grado de surgir diferentes movimientos en redes sociales que demandaron la reedición completa de la temporada final.

Igualmente, al estilo del Rey Loco y Daenerys, la influencia y ratings históricos creados en una década terminaron en cenizas.

Para algunos, el final de la serie pareció precipitado, simple, predecible; para otros, el abandono de los fundamentos de Game of Thrones. Las redes sociales operaron como verdugos, la denostación se esparció como el fuego devorador de los dragones y terminaron aplastando cabezas como la Montaña Clegane.

Los fans demostraron que han aprendido mucho y no tuvieron piedad ni consideración de ninguna especie, se confabularon, armaron un complot y terminaron asesinando (estadísticamente) lo que habían creado. Por cierto, la Fe, sus gorriones y sus septas se estarán regocijando en sus tumbas.

La era de la alta definición y los medios digitales demostró que debajo de los cimientos de una serie como Game of Thrones existe el fuego valyrio y que puede explotar en cualquier momento; las audiencias son ahora las que dictan pautas.

Nada se escapó, errores de estrategia militar, muertes que deberían haber sido peores, héroes que terminan en el exilio, ejecuciones injustas, no despedirse de Ghost, botellas de agua y hasta una taza de café en pleno brindis de victoria tras la Gran Guerra, imperdonables para los nuevos y los antiguos dioses de la Internet.

Ni Bran el Roto lo hubiera anticipado, el público voluble que te aclamaba ahora te dio la espalda, creo memes y difundió la voz, los pajaritos cantaron y productores, escritores, directores y elenco terminaron acuchillados como Jon, pero sin esperanza de que la Bruja Escarlata los traiga de regreso.

Aunque todo eso paso, hay que llevársela fría como el Rey de la Noche, en realidad la serie terminará siendo exitosa, tendrá muchos momentos memorables permanentes, representa un legado que en TV no tiene rival aún en sus más bajas audiencias.

La convulsión emocional de la última temporada de GOT es la expresión de su profunda huella, de la creación de seguidores con un estilo y un formato tremendamente politizado, dividido, conflictivo, en estado de alerta que hoy se quedan sin argumentos, sin personajes, sin filias ni resentimientos y que en ese vacío expresan su renuncia a un final.

Los puristas de los libros que siempre estuvieron como los Maestros de los Rumores aprovecharon todo y fueron los conspiradores mayores, no anticiparon que ellos -ahora también como los caminantes blancos- se quedarán en el olvido.

Ningún desenlace hubiera dejado contentos a todos; cada uno de los espectadores tenía un favorito, una inclinación, una teoría, una venganza o una hazaña que realizar. GOT se llegó a impregnar en lo profundo de cada uno y en esa relación tan profunda, los yerros, desbalances o desfases de la serie implicaban una decepción y resentimiento llevados al plano personal.

¿Cersei y Jaime muriendo abrazados, mostrando su amor?, ¿un consejo para reconstruir el mundo después de la Guerra discutiendo si los burdeles van primero que el agua?, ¿Arya pariente lejana de Cristóbal Colon? Sin duda, los días de contingencia en la CDMX inspiraron el último vuelo de Drogón sobre Desembarco del Rey.

Contundentemente, ningún personaje se hubiera quedado con el Trono de Hierro sin generar un alud de inconformidad. Haciendo política, nadie era capaz de convencer a todos, ni de establecer un mandato legítimo que satisfaga al público. Por lo menos Jon se reuniera con Ghost y que el Norte quedara en manos de Sansa independientes y libres.

Como fenómeno de las redes sociales, la serie seguirá en medio de la controversia, pero habrá dejado batallas, historias, mitos, producciones, temas, estilos y formas de ver la TV sin precedentes y sin comparaciones.

Muchas lecciones quedan, feminismo, liderazgo, el rompimiento de tabúes, el arte de la negociación y la persuasión al estilo de GOT. Los sets, las cámaras, los actores y los equipos de trabajo, los lugares históricos, personajes y protagonistas entran en un silencio sin retorno.

El universo de tierras, culturas, esclavos, guerreros, dragones, lobos, señoríos, magia, reinas y espías colapsa y baja el telón por última vez, satisfechos o no, nadie podrá olvidarlo.

 

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