El bajo crecimiento económico mundial y la inesperada sobreoferta de petróleo en el mercado están causando un terremoto para países productores y consumidores. Cual partida de ajedrez, existen ganadores y perdedores parciales. Si entendemos a los jugadores y sus posibles movimientos estaremos más cerca de anticipar quiénes ganarán la partida.

 

 

En el pasado junio, el precio por barril de petróleo llegó a 115 dólares. Pocos meses después, el precio cayó 25% y ya origina convulsiones en el mundo. En las últimas semanas ha fluctuado entre 80 y 85 dólares, y sigue bajando. El tema no es menor: 30 gobiernos de sendos países dependen del petróleo en al menos 25% de su presupuesto. Estos países, entre ellos México, son vulnerables a los cambios en precio y volumen de venta del oro negro. (Altman, 2014)

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Las causas generales se pueden sintetizar como un crecimiento económico desacelerado en el mundo, junto con un aumento abrupto e inesperado en la oferta petrolera. De acuerdo con la Institución Brookings, los factores específicos son:

  • Incremento mayúsculo en la producción petrolera de países como Estados Unidos, Rusia, Libia, Nigeria, Sudán del Sur, Yemen e Irak.
  • Aumento en la eficiencia energética de los países más consumidores.
  • Sustitución mundial de petróleo por gas natural en diversas aplicaciones. (Ebinger, 2014)

Las preguntas más importantes que hay que resolver son: ¿Quién gana y quién pierde por la ocurrencia de esta tendencia? Además de los factores señalados, ¿la caída en los precios del petróleo tiene algo que ver con factores cíclicos como la desaceleración europea o de países en desarrollo como los BRIC? O, en cambio, ¿estamos ante una nueva época para la industria petrolera?

 

Norteamérica, Europa y países netamente importadores, ¿ganadores?

El auge del petróleo caro volvió financieramente viables algunas técnicas muy costosas de extracción. Al aumentar su autoproducción en 1.3 millones de barriles de petróleo por día en los últimos cuatro años, Estados Unidos ha disminuido su dependencia externa, y de seguir con esa tendencia se convertirá en autosuficiente en menos de dos décadas. En este tiempo ha rebajado sus importaciones petroleras de países africanos como Nigeria, Algeria, Libia y Angola, que fueron sustituidos por los campos de Dakota del Norte y Nuevo México. (Blas, 2014)

Estados Unidos aún depende, aunque cada vez menos, del petróleo de Arabia Saudita, Canadá, México y Venezuela. La revolución del gas shale ha mejorado la autosuficiencia estadounidense, poniendo menos presión sobre el precio del crudo. En los próximos meses, Estados Unidos se preocupará por balancear la influencia de China y Arabia Saudita, y tratará de poner en órbita a Irán si llegan a un pacto nuclear. También tendrá que velar para que el precio de los hidrocarburos no baje más, pues el petróleo aún más barato disuadirá a inversionistas privados.

Canadá está trabajando rápida e intensamente para transferir a su industria las tecnologías que permitieron la revolución del gas shale en Estados Unidos. Al mismo tiempo, México está terminando su reforma energética (tema que volveré a tratar en la siguiente entrega). Por todo ello, es previsible que en muy pocos años Norteamérica se vuelva la región energética más potente del mundo.

Europa tiene gran consumo de petróleo, por lo que el Banco Central Europeo estará tentado a recomendar la compra masiva de bonos petroleros en los próximos años. Además, países no petroleros como India y Japón se benefician de mayor oferta y competencia en el mercado. Hoy se dan su tiempo para escoger la mejor opción económica. Ambos países representan la demanda constantemente creciente de Asia y son parte de los ganadores de los actuales precios del petróleo.

 

Medio Oriente, Rusia y Sudamérica, ¿perdedores?

Arabia Saudita es el país mejor preparado para afrontar la actual recesión de precios, pues tiene reservas por 750,000 millones de dólares. La estrategia principal del reino árabe es conservar a cualquier precio su cuota en el mercado asiático. Sus retos actuales son disminuir su consumo de energía per cápita, así como su desperdicio total de energía. Igualmente tendrá que disminuir sus subsidios y mejorar su acceso al agua potable, temas que crean resentimiento en la población.

Los saudíes se enfrentan a un dilema de producción y precios. Hasta ahora han anunciado un recorte de producción de 400,000 barriles por día, pero no se prevé que lo vuelvan a hacer ni en el corto ni en el mediano plazo. Por su producción y estructura de costos, Arabia es el único país del mundo que podría lograr regresar el precio del petróleo por encima de los 100 dólares por barril. Para ello tendría que dejar de producir unos 2 millones de barriles al día, según estimaciones de analistas internacionales.

Para mantener su economía intacta, Arabia Saudita necesita un precio por barril de petróleo de poco más de 90 dólares. Sin embargo, existe consenso en que los árabes están dispuestos a usar sus reservas y dejar que los precios internacionales caigan varios meses más, lo cual afecta de forma escandalosa a sus adversarios iraníes. De acuerdo con la Asociación Internacional de Energía, los saudíes tienen yacimientos que producen barriles con costos de alrededor de 25 dólares, y se podrían enfocar sólo en ellos si así lo decidieran.

La posición de Arabia Saudita ante Estados Unidos ha sido leída de forma bipolar. Mientras la comunidad de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) ve una estrategia paciente para volver al fracking estadounidense un negocio inviable –pues requiere una inversión de 60 a 80 dólares por barril– tanto rusos como estadounidenses ven un acuerdo árabe con Estados Unidos para debilitar a Rusia, además del ya explicado Irán. (RIA Novosti, 2014)

Pasemos al caso iraní. El precio unitario del petróleo de la nación persa ha caído 30 dólares en seis meses. Al mismo tiempo ha tenido problemas de exportación por las sanciones unilaterales recibidas por su programa de energía nuclear. Para mantener su economía, Irán requiere un precio de petróleo de unos 136 dólares por barril.

Las ganancias petroleras iraníes se utilizan principalmente para subsidiar la mayor parte de la economía, que es socialmente inestable. El gobierno de Hassan Rouhani tiene el plan alternativo de renegociar sus sanciones con el mundo occidental, al que ha acusado de manipular los precios petroleros. Por ahora no ha ajustado su precio base para el presupuesto del próximo año, con la esperanza de que en el último minuto se recompondrá la situación. Cada día es más improbable que el milagro suceda, por lo que la economía se estará desangrando diario, por tiempo indefinido. Conforme pasen las semanas, la posición de negociación con occidente se hará más débil.

Por otro lado, Rusia tiene un fondo de 450,000 millones de dólares en reservas, por lo que su futuro en el largo plazo es positivo. Sin embargo, el país soviético está en franca desaceleración económica, y su alta dependencia del mercado de los energéticos puede adelantar la recesión al 2015. Para mantener su economía a flote, Rusia necesita que el barril de petróleo se venda en 100 dólares.

El gobierno de Vladimir Putin ha resuelto la crisis del gas con Ucrania y hasta se ha comprometido a invertir 18,000 millones de dólares en infraestructura energética para la recién anexada Crimea, pero igual ha tenido que inyectar unos 7,000 millones de dólares en la economía, sin efectos importantes. Se teme que baje la producción rusa y las inversiones en infraestructura energética. Si la economía rusa se contrae el próximo año, el desempleo aumentará, que es el indicador que históricamente más le importa a los rusos, por lo que la popularidad ganada este año por Putin comenzará a caer.

Pasando al bloque sudamericano, Venezuela tiene hoy un déficit presupuestario peor que el de Grecia y España, por lo que está al borde de la quiebra. A diferencia de Irán, no tiene un plan de respaldo. Además, su producción está comprometida para apoyar a países afines al chavismo. El país bolivariano utiliza los ingresos petroleros para financiar sus programas sociales.

Para que su economía no se vea mermada, Venezuela necesita que el petróleo se comercialice en 120 dólares por barril. (Solomon, 2014) Si el petróleo continúa en los precios actuales, aparecerá una nueva crisis de escasez de productos básicos –desde leche en polvo hasta papel de baño–, con los costos sociales que ya se vieron el año pasado. El gobierno de Nicolás Maduro ha acusado a Estados Unidos de inundar al mundo de petróleo extraído salvajemente y de distorsionar los costos de producción. Lo cierto es que desde el mes pasado, Venezuela comenzó a importar petróleo africano, hecho sin precedentes en más de dos décadas.

Finalmente hablemos de Brasil, que ha triplicado su producción petrolera en el último lustro. Al día de hoy, la caída de los precios lastima sus corridas financieras para los próximos 15 años. Las elecciones en un país polarizado, la deuda contraída para albergar el Mundial y las Olimpiadas, así como el claro descontento de la clase media han mermado el valor de su mercado energético. Algunos concursos de inversión de este año han quedado desiertos. Haciendo corte al momento, la inversión brasileña de los próximos años en infraestructura y exploración está parcialmente comprometida.

 

Conclusiones

Al haber analizado los ganadores y perdedores de los precios actuales del petróleo, así como los antecedentes que nos llevaron a esta situación, podemos concluir que la caída en los precios del petróleo no es producto de factores cíclicos, y que al parecer vivimos en una época nueva para la industria petrolera, en la que el problema no es la sobredemanda sino la sobreoferta, en el que no sabemos en qué instantes de tiempo el mercado está distorsionado y en el que Estados Unidos puede arrebatar la voz cantante en materia energética a la OPEP. Es probable que la volatilidad en los precios del petróleo sea apenas una probadita de lo que viene.

Con esa importancia y determinación se lo han tomado los países de la OPEP, que se reunirán este mes en Viena para definir sus nuevas políticas y estrategias. La OPEP incluye potencias petroleras como Arabia Saudita, Irán, Irak, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Venezuela y Nigeria. Será una de las reuniones más importantes en décadas, pero no por ello será fácil ni exitosa. Venezuela e Irán exigen un acuerdo para recortar la producción del grupo y subir los precios, mientras que Arabia y sus aliados optarán por la paciencia. También se discutirá si se pedirá ayuda de otros países petroleros como Noruega, México y Colombia, como ya se hizo en la década de los ochenta.

Aquí hemos explorado los ganadores y perdedores de la caída en los precios del petróleo, pero viendo el gran panorama, aún estamos en el límite inferior del precio sano para la mayoría de los países productores de crudo. La industria petrolera siempre guarda sorpresas hasta el final, por lo que no podemos descartar que los precios bajen o se vuelvan a disparar. Invariablemente, la mejor alternativa que tendrán estos países es usar las ganancias petroleras de los próximos meses para diversificar sus economías. Este tiempo medirá las fuerzas del bloque estadounidense y del bloque de la OPEP, con países como Rusia, China y México que estarán observando de reojo.

Nota: La siguiente entrega de este espacio abordará los retos para México en este nuevo entorno internacional.

 

Trabajos consultados

– Altman, D. (17 de octubre de 2014). When the Petrodollars Run Out. Obtenido de Foreign Policy.

– Blas, J. (02 de octubre de 2014). Victim of shale revolution, Nigeria stops exporting oil to US. Obtenido de Financial Times.

– Ebinger, C. K. (17 de octubre de 2014). ld Oil Demand: And Then There Was None. Obtenido de Brookings.

– Solomon, J. (30 de octubre de 2014). These countries are getting killed by cheap oil. Obtenido de CNN Money.

– RIA Novosti. (28 de octubre de 2014). Who and What Is Causing the Decline in Oil Prices, and Where Will It Lead? Obtenido de RIA Novosti.

 

 

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