Steve Jobs lo era, Elon Musk lo es. Travis Kalanick también tiene fama de serlo. Son sujetos tan brillantes como difíciles y, lo más importante, no es para todos ni siempre se salen con la suya.

 

Por Rich Karlgaard

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“Los negocios se inventaron para producir felicidad, no para acumular millones.” Así escribió El fundador de Forbes –y abuelo de Steve– BC Forbes, en el primer número de la revista hace casi 98 años. BC era una enciclopedia andante de sabiduría de negocios. Sus adagios tenían una calidad moral en ellos. “El hombre que ha ganado millones a costa de su conciencia es un fracaso.” “La negociación que da satisfacción mutua es la única que tiende a repetirse.” Y no hay que olvidar: “Los celos… son un cáncer mental.”

BC creía que las buenas personas ganarían al final la mayor parte del tiempo. Y si no ganaran después de darlo todo, sus nobles esfuerzos no tendrían nada de qué avergonzarse.

¿Las máximas de BC aún son válidas? ¿Los emprendedores, propietarios de empresas y gerentes deben esforzarse por ser buenas personas?

Hay razón para dudar. El superéxito de dos titanes empresariales recientes hace pensar. Se trata de Steve Jobs y Elon Musk, líderes brillantes, astutos y en ocasiones desagradables. Hay mucho que estudiar y emular de este par, en su mayoría cosas buenas, pero Jobs era un hombre duro, y también lo es Musk. Ambos han tenido episodios de crueles historias de humillación verbal hacia otros. De acuerdo con el bestseller de Ashlee Vance Elon Musk: Tesla, SpaceX, and the Quest for a Fantastic Future (HarperCollins), cuando quien fuera la asistente ejecutiva de Musk durante más de una década pidió un aumento de sueldo, él le dijo que tomara dos semanas de descanso y que él valoraría si su trabajo valía el incremento solicitado. Cuando ella regresó dos semanas después, él la despidió. No es de extrañar, entonces, que Musk también sea descrito como un Scrooge en lo que se refiere al reconocimiento de sus empleados.

Una desagradable tendencia que veo hoy es que muchos empresarios piensan que el comportamiento de terror no sólo es excusable en los negocios, sino también necesario para el éxito. Jobs y Musk lo demuestran, ¿no es así?

En realidad no. El comportamiento gratuitamente cretino de Steve Jobs le consiguió más problemas de los que uno bueno le habría dado. Un mal hábito de Jobs desde los primeros días de Apple fue robar el crédito de los proyectos –la mayoría de las personas exitosas, incluso hoy, piensa que Jobs inició el proyecto Macintosh– y culpar a otros por los perdedores. Este defecto no escapó a la junta de Apple, que votó unánimemente por el CEO John Sculley cuando llegó el enfrentamiento entre los dos. El Steve Jobs que regresó en 1997 para salvar a Apple y liderar su renacimiento ya no saboteó sus propios equipos. Construyó grandes equipos duraderos, en parte, al darles crédito.

Sin embargo, incluso el Jobs maduro a menudo se salía con la suya con la conducta que habría hundido a otros CEO. Él apoyó un plan de opciones retroactivo sobre acciones que era claramente ilegal y que habría puesto a otro CEO de Silicon Valley en la cárcel.

El gen cretino parece estar extendiéndose. Travis Kalanick, fundador y CEO de Uber, ha bromeado sobre el misógino nombre de su compañía. Kalanick tuvo que disculparse con Sarah Lacy, una periodista crítica, debido a amenazas verbales hechas en su contra. Y Uber está acusado de inundar a su competidor Lyft con llamadas de servicio falsas. “Es una táctica imbécil”, dijo un inversionista a la reportera de tecnología Kara Swisher.

¿Están ganando los cretinos? La valuación de Uber de 51,000 millones de dólares luce como una gran victoria. El valor de mercado de Lyft es de un dieciseisavo del tamaño de Uber.

Pero hay algo más: si decides que quieres comportarte de esta manera, asegúrate de ser el fundador de la empresa, la persona más inteligente en la habitación, de ser mejor que todo el mundo y que la gente ame tus productos. Ésa es la razón por la que Elon Musk puede actuar como un idiota y salirse con la suya. Por lo general es la persona más inteligente en la habitación, trabaja como un demonio y la gente ama sus productos.

Para la gran mayoría de nosotros, yo diría: no lo hagan. Ser un cretino no vale la pena. Puede dañar el corazón y el alma. Lejos de ayudarles, daña a los equipos. Lleva a la pobreza más que a la riqueza. En su lugar, sigue el consejo de BC Forbes: produce felicidad.

 

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