¿Cuál es el mayor problema que enfrentan los sistemas de salud en la actualidad? Su sostenibilidad.

 

 

Por José Alarcón Irigoyen y Verónica Sosa

 

Todo recurso es finito y en salud las necesidades son infinitas, por lo que la gestión inteligente del dinero gastado en atención médica resulta fundamental para la sostenibilidad del sistema. Si a esto sumamos que México como país emergente debe aprovechar los errores de otras economías y alcanzar con solamente un 6% de su producto interno bruto (PIB) las metas en salud que los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) hacen con casi el 10% de su PIB, resulta entonces que considerar alternativas out of the box pudiera dar resultados más alentadores que los que hasta ahora hemos tenido.

En una sociedad globalizada como la nuestra está visto que el sector salud no puede funcionar con base en silos; nuestro entorno político y social es demasiado complejo. El aislamiento y la falta de comunicación derivan directamente en los resultados de salud de la población. Nuestros modelos de organización de salud pública han quedado obsoletos, en parte por la evidente falta de equidad en el acceso a los servicios, la disparidad en el financiamiento a la salud y la falta de coordinación entre los niveles de gobierno, pero además consecuencia de la limitada conciencia del cambio que agentes sociales clave como médicos, educadores, trabajadores sociales y sindicatos podrían producir.

Una manera de mejorar el sistema de salud que han implementado en otras naciones tiene que ver con las Asociaciones Público Privadas (APP), donde el sector gobierno y el capital privado se unen para ofrecer soluciones oportunas y eficaces a la población.

El sistema de salud de la Comunidad de Valencia en España constituye un caso de éxito digno de estudio, del cual en México se pudieran tomar lecciones aprendidas. Al igual que el sistema de salud mexicano, el de esta región ibérica enfrenta retos que amenazan su sostenibilidad como: el envejecimiento progresivo de la población, los cambios en la morbilidad y en los patrones epidemiológicos, el aumento de las enfermedades crónicas, los movimientos migratorios y cambios tecnológicos que encarecen la práctica de la medicina. A esto hay que agregar que la población está más y mejor informada, es consciente de sus derechos, exige calidad en la atención que recibe y reclama capacidad de elegir a su proveedor de salud.

En la actualidad, el sistema nacional de salud español presenta un déficit acumulativo superior al 20% del presupuesto anual, y mientras que en la última década el gasto en salud creció un 11%, el PIB solamente lo hizo en poco más de un 7%. La Comunidad Valenciana no está excluida de esta tendencia y el gasto en salud representa más del 40% del total de su presupuesto; sin embargo, en la última década el gobierno local decidió implementar un nuevo modelo de APP que le ayudara a lidiar con los retos, que permitiera hacer del servicio público un servicio flexible capaz de adaptarse a los cambios tecnológicos, a las necesidades de la población y que fuera económicamente sostenible.

A partir de la introducción de la ley que habilitó nuevas formas de gestión en el sistema nacional de salud, en todo el territorio español se generaron modelos de contratación externa de agentes expertos en la gestión de un determinado servicio. En Valencia, el modelo de APP se creó sobre la base de corresponsabilidad de todos los agentes del sector y con la perspectiva de aprovechar sus fortalezas en beneficio de la población.

En pocas palabras, el modelo valenciano consiste en el pago por parte del gobierno de una cuota por persona por año durante 15 años a un inversionista privado, el cual se hace responsable de la atención de la salud integral, es decir, promoción, prevención, diagnóstico, tratamiento y rehabilitación de un número específico de ciudadanos bajo condiciones previamente establecidas por el gobierno; además debe proponer un plan de inversión en infraestructura a 15 años, que incluye la construcción de un hospital, la rehabilitación de centros de diagnóstico y de clínicas de primer nivel, inversión que una vez finalizado el periodo de vigencia de la concesión se revierte al gobierno.

Durante esos 15 años el privado será vigilado de cerca por funcionarios de gobierno, quienes evaluarán la calidad, calidez y el acceso de los ciudadanos a la atención médica, y el privado tendrá plena responsabilidad por los gastos de salud de esa población, de manera que si el paciente decide ir a otro departamento de salud a buscar atención médica, el privado deberá pagar el costo total del manejo al departamento que sí brindó el servicio. Lo anterior es conocido como el principio “el dinero sigue al paciente”, otorgándole a la población la libertad de elegir no sólo el mejor servicio, sino que además incentiva al sistema a buscar la mejora continua.

Además, el modelo permite obtener una mayor eficiencia en el uso de los recursos, presupuestos previsibles y mejores resultados para la población, que dentro del contexto económico actual de España ha favorecido a las autoridades sanitarias en el cumplimiento de sus compromisos de inversión y desarrollo de infraestructura, al mismo tiempo que ha permitido reducir el gasto en salud per cápita en al menos un 30%, lo que lo convierte en un excelente medio para hacer frente a los problemas de sostenibilidad financiera del sistema de salud actual.

Estos departamentos de salud en asociación público privada tienen entre cuatro y 10 años de operación, y sus profesionales son plenamente conscientes del hecho de que para mejorar su rendimiento y no perder competitividad deben estar completamente alineados con los objetivos establecidos por la organización.

En el corto o largo plazo de operación han iniciado la transformación del sistema valenciano de salud, promoviendo la integración de la atención primaria y especializada bajo una misma cabeza, la asignación de presupuestos capitativos, la introducción de evaluación al desempeño y el pago de incentivos al logro de objetivos.

En conclusión, Valencia ha demostrado cómo la voluntad de un gobierno puede generar ideas innovadoras basadas en mejores prácticas internacionales capaces de detonar la transformación de un sistema nacional de salud.

Esta capacidad para introducir innovaciones en el servicio público no es fruto de la improvisación o de una simple agregación de iniciativas aisladas, sino consecuencia de un proceso reflexivo que se materializa en una mejor calidad de vida para la población. El futuro de la salud a nivel global prevé cambios, avances científicos y tecnológicos importantes, y un mayor impacto para la sociedad de la información. Si sumamos a ello el envejecimiento de la población y el aumento de la carga que significan las enfermedades crónicas, el resultado es un inevitable crecimiento en el gasto sanitario, que define lo que, sin duda, es el mayor problema que enfrentan los sistemas de salud en la actualidad: su sostenibilidad.

Para hacer frente a este futuro incierto, es necesario iniciar un cambio que, para ser eficaz, tiene que ser originado dentro de cada país, una idea que Gandhi perfectamente ha definido con la frase “Debemos ser el cambio que queremos ver en el mundo”.

 

José Alarcón Irigoyen es socio especialista en el Sector Salud ([email protected]).

Verónica Sosa es directora especialista en Administración Clínica ([email protected])

 

 

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