La proliferación de gimnasios tiene un tope: la alta deserción de usuarios. Detrás del alto índice de abandono está la falta de regulación y carencia de personal capacitado para guiar las rutinas de ejercicio.

 

Por Enrique Torres Rojas

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Muy poco tiempo le duró a Nydia Enríquez el entusiasmo por hacer ejercicio. Su propósito de eliminar la grasa acumulada en su cuerpo terminó a los pocos días de haber inicia­do, cuando se percató de que el instructor del gimnasio Squash & Club Nick en el que se inscribió, al sur de la Ciudad de México, era incompetente y estaba más intere­sado en hacer negocios personales que en cuidar el estado físico de sus clientes.

Los casos como el de Nydia se multiplican; aun así, en México el negocio de los gimnasios vive un boom. En sólo dos años, el número de locales en el país se multiplicó por tres para llegar a 7,826 al cierre de 2012, y dio lugar a un musculoso mercado con ingresos de 1,480 millones de dólares (mdd), de acuerdo con la International Health Racquet & Sportsclub Association (IHRSA).

Este auge coloca a México como el segundo mercado con más creci­miento en el número de gimnasios en América Latina, sólo detrás de Brasil. El despegue del sector fue más notorio a partir de 2010, con la aparición de nuevas firmas nacio­nales y foráneas, y hoy se calcula que en el país dan servicio unas 42 franquicias; de ellas, 25 iniciaron operaciones apenas el año pasado y se estima que para mediados de 2015 el sector se componga de 60 empresas. El sector crece a un rit­mo de 25 a 30% anual, impulsado por usuarios que quieren combatir o prevenir la obesidad, dice José Antonio Mársico, director general de IHRSA Mercado Fitness México.

Pero la proliferación de gimna­sios también saca a la luz la falta de una regulación en México que fije las condiciones en que deben operar estos servicios y certifique a los instructores que orientan a los usuarios, como sucede en otros países. Las autoridades promueven la actividad física con campañas masivas, pero en los hechos han optado por dejar que estos nego­cios se autorregulen y que sea la Federación Mexicana de Físico­Constructivismo y Fitness (FMFF) la encargada de certificar a los instructores, pese a que son ya cer­ca de 2.7 millones los mexicanos los usuarios de estos servicios. “En México los instructores no están bien pagados y muchos ni siquiera están capacitados para ejercer la función”, dice Leopoldo Torres, director para Latinoamérica de Precor, fabricante de equipos de alta tecnología para acondicio­namiento físico.

Una de las razones a las que se atribuye el alto índice de usuarios que desertan de los gimnasios es la falta de instructo­res capacitados. Así que algunas empresas ya toman cartas en el asunto. El caso más articu­lado es el de Sport City, una de las líderes del sector, que creó una división llamada Sport City University para desarrollar instructores profesionales y tiene una alianza con la Universi­dad LaSalle para ofrecer la Licenciatura en Ciencias del Deporte.

Se estima que entre 55 y 60% de los inscritos en un gimnasio abandonan su plan de ejercicio, acepta el presidente de la Aso­ciación Mexicana de Gimnasios, lo que produce una alta morta­lidad de empresas. “Numerosos negocios dedicados al ejercicio y acondicionamiento físico se abren a diario, pero la mayoría carece de profesionales para diseñar y aplicar rutinas adecuadas a sus clientes y evitar exponer su salud física”, dice Carlos Gómez, profesor con 35 años de carrera en la Escuela Superior de Educación Física (ESEF).

La certificación de Sport City está avalada por organis­mos internacionales como la Resistance Training Specialist (RTS) y la National Strength and Conditioning Association (NSCA) de Estados Unidos. “Eso garantiza los resultados y disminu­ye la deserción”, dice Raúl Tornell, director general de Sport City.

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Segmentación y “el OXXO” de los gimnasios

Una beneficiaria del auge es Sport World, cadena con 38 clubes deportivos en operación —sólo dos menos que su competidor Sport City— y cinco más en construc­ción para entrar en actividad este año. Según sus reportes a la Bolsa, cerró el segundo trimestre del año con 55,250 clientes, un avance de casi 14% contra un año antes.

Una de las tendencias de las grandes cadenas es abrir gimnasios de bajo costo. Sport City se puso a la punta y se asoció con la brasile­ña Bio Ritmo para desarrollar una cadena de gimnasios de menor costo llamada Sport Fit, que ya suma 36 establecimientos y planea llegar a 60 a finales de 2015.

El auge de los gimnasios tam­bién se debe a que la urbanización deja poco terreno para la actividad física y deportiva al aire libre, dice el estudio Retos y oportunidades de la participación deportiva global de Euromonitor. Otro impulsor es el bombardeo en los medios de comu­nicación con programas y anuncios de gente estilizada como un proto­tipo a seguir, añade la consultora.

Hace tres años, Anytime Fitness llegó a Guadalajara con la oferta de no cerrar sus puertas nunca, y ya suma 25 locales que atienden a unos 17,500 usuarios. “Somos gimnasios de conveniencia, los Oxxo de los gimnasios”, dice Rodrigo Chávez, presidente de la firma. Estos clubes dan una llave con sensor a cada usuario por si desean ponerse en actividad por la madrugada o bien para usar cualquiera de los gimna­sios que la com­pañía tiene en diversos países.

Y en marzo de este año apareció en escena Gol­den Boy Gym, montado en un espacio inusual en México: un edifi­cio de ocho pisos, en cada uno de los cuales se practica una actividad distinta, desde boxeo, levantamiento de pesas, yoga, masajes, nutrición o rehabilitación física.

La quema de grasa

La obesidad y sus peligros para la sa­lud ha revalorado la actividad física en todo el mundo, lo que ha alimen­tado una industria que el año pasado tuvo ingresos por 78,100 mdd y esta­ba conformada por 165,000 clubes y 138.7 millones de usuarios,

La firma estima que unos 15 millones de latinoamericanos están inscritos en un gimnasio, con los brasileños y sus 22,398 estableci­mientos y poco más de 7 millones de usuarios a la cabeza. según el reporte global ihrsa.

México tiene sobradas razones para sumarse a esta tendencia. El exceso de peso corporal es consi­derado un problema de salud pú­blica que recibe amplia cobertura en los medios. “Esto ha ayudado a crear conciencia sobre la impor­tancia del ejercicio, en general, y sobre la participación deportiva, en particular”, dice Euromonitor.

México es el segundo en ingre­sos, número de locales y también en usuarios, con 2.7 millones de inscritos. El país tiene los mayores índices de obesidad infantil en el mundo, según datos oficiales, y se estima que casi una tercera parte de los mexicanos adultos tiene sobre­peso. Las autoridades promueven la actividad física mediante campañas masivas debido a que en el futuro la atención de las enfermedades que vienen con la obesidad consumirá cada vez mayores proporciones del gasto del gobierno en salud.

Una encuesta levantada por inegi en más de 2,300 viviendas en áreas urbanas del país y dada a conocer en enero de este año arroja que más de 56% de los mexicanos mayores de 18 años que viven en las ciudades es inactivo físicamente.

rodrigo_anytimefitness1Primer calentamiento

Pese a todo, los programas de pre­vención del gobierno mexicano no incluyen la aplicación de normati­vas a los gimnasios. La institución que organiza el deporte oficial en el país (la Confe­deración Deporti­va Mexicana, que depende de la SEP) no tiene normas para aplicar a los clubes, sino que deja esa función en la fmff.

Pero los cursos para instructores que ofrece este organismo privado no son obligatorios. Tanto Francisco Cabezas, pre­sidente de la fmff, como Víctor Hernández, líder de la federación en el Distrito Federal, declina­ron comentar el carácter y los alcances de esta capacitación. “La fmff es considerada la máxima instancia técnica en la materia y es a través de ella que se tienen pro­gramas de capacitación, los cuales son impartidos en las aulas del Comité Olímpico Mexicano”, dice la Ley General de Cultura Física y Deporte.

En materia de instructores, la Conade inició recientemente un programa de capacitación y certificación, pero por ahora está enfocado al futbol soccer y luego lo hará con la natación. El objeti­vo es que el número de instructo­res calificados, que hoy es de 8,500 en todo el país o de uno por cada 14,000 habitantes, se duplique.

Condimento tecnológico

Las empresas esperan que los aparatos sean una solución al problema de la deserción en los gimnasios. La gente abandona por la falta de equipo, por tener que esperar a que otro usuario des­ocupe la máquina que le interesa y por una escasa variedad en las rutinas de ejercicio, dice Ricar­do Jiménez, gerente general de Golden Boy Gym. Esta firma dice que su antídoto a este cóctel es el servicio personalizado y acompa­ñar la actividad física con planes de nutrición, relajamiento y rehabilitación física.

Para la estadounidense Precor, creadora de las caminadoras elípticas, la clave para retener al usua­rio es combinar buenos entre­nadores e instalaciones y ofrecer una diversidad de actividades, pero también la motivación que pueden dar sus equipos al enviar correos electrónicos a los usuarios cuyo historial de actividad empieza a decaer y amenaza con abandonar.

Los aparatos de Pre­cor tienen un costo que va de 7,000 a 12,000 dó­lares, así que solamente entre 10% y 15% de los gimnasios los utiliza. La compañía capta 60% de sus ventas de surtir a deportivos y gimnasios, 30% de los gimnasios de grandes hoteles y condominios y 10% de ventas a gobierno para sus fuerzas armadas. “Un segmento que crece es el de los corporativos, pues muchas empresas ya están preocupadas porque su gente haga ejercicio”, dice Leopoldo Torres, director para América Latina de Precor, entre cuyos clientes están el banco HSBC, Google, Grupo Mo­delo, entre otros.

Sport City se mueve en una línea similar. Entre los servicios que ofrece a sus clientes está el programa Metric, un software que a través de una muestra de saliva toma información del ADN de cada uno y le diseña un plan de ejerci­cio y nutrición. “Eso garantiza los resultados (de la actividad física) y disminuye la deserción”, afirma Tornell.

 

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