Así como Copérnico revolucionó la concepción del Universo, ahora mismo está en marcha un giro impresionante a nivel mundial en términos de economía, política y sociedad, que ha pasado inadvertido y se había visto como una serie de eventos aislados. El sistema que nos regía desde hace décadas ha cambiado en forma radical. Impulsado por los cambios generacionales con los Millenials y los Generación Z, la tecnología y las redes sociales, tenemos una sociedad en la que lo antisistema es el nuevo statu quo. Estamos en el proceso mismo del surgimiento de un nuevo sistema y, en una suerte de dialéctica, hay un reto directo y fundamental al sistema existente, ese sentimiento antisistema que aparece por todos lados. Si bien parece que el antisistema es un fenómeno local, la realidad es que es más global y generalizado de lo que parece.

Y, sí, el sistema y orden mundial como lo conocimos está cambiando. Estos cambios han puesto al consumidor y al ciudadano en el centro del Universo. Ya no son ni las empresas, ni los partidos políticos tradicionales, ni los medios, ni las instituciones las que determinan lo que deben hacer los consumidores, la audiencia, los políticos, y el orden mundial. Los modelos disruptivos de hacer las cosas basados en la inmediatez (recibir todo a la velocidad de un clic) y con base en una “experiencia personalizada” (ya no hay unitallas) atacan por igual a todo lo establecido. Paulatinamente, se derrumban las industrias e instituciones tradicionales como las conocimos hasta ahora. La economía basada en productos masivos se derrumba frente al surgimiento de la inmediatez y la experiencia del cliente, que ponen en jaque a las empresas. Los medios tradicionales dejan de ser relevantes frente a las verdades alternativas y las redes sociales. Las instituciones son cuestionadas y retadas por nuevos gobiernos y políticos, ya sea de derecha o izquierda. Lo masivo, estandarizado, centrado en el costo se queda atrás frente a lo disruptivo y la experiencia personal. Los criterios de rentabilidad pierden fuerza y se abren paso otros criterios y consideraciones. Un nuevo sistema que es antisistema revoluciona todo.

¿Pero cómo se ve el antisistema en acción?

Economía

Esta expresión antisistema se observa con el surgimiento de modelos de negocio disruptivos impulsados por la tecnología que rompen los paradigmas de industrias enteras. Las empresas como Uber, Airbnb y Netflix, entre muchas otras, están revolucionando a industrias completas que crecieron en otro sistema -el de las generaciones de Baby Boomers y la Generación X- que se caracterizaba por el consumo masivo, por vender productos fundamentalmente estandarizados que eran “unitalla” o tenían que funcionar para todos. Hoy en día, los productos masivos son rechazados por los consumidores que buscan experiencias personales y quieren las cosas con inmediatez. Los nuevos consumidores rechazan productos que afectan el medio ambiente, hacen mal a la salud o no toman en cuenta las necesidades muy personales. Claramente, Airbnb en lugar de ofrecer ubicaciones estandarizadas, con habitaciones iguales para todos, con ubicaciones limitadas, ofrece una experiencia muy personal con la inmediatez de un clic. En el caso de Netflix, los consumidores ya no quieren ver ni las grandes producciones ni el contenido en las condiciones que los grandes estudios eligen. En cambio, quieren contenido más variado con el que se conectan y que sí quieren ver. No quieren quedarse esperando a ver que les mandan y que les digan a donde tienen que ir. Ya no se trata de tener más taquilla con producciones masivas, sino más suscriptores leales que buscan variedad de contenidos a la velocidad de un clic. Y qué decir de Uber, su velocidad y la experiencia personalizada de pedir el transporte cuando uno quiere en las condiciones que uno quiere. Esto planea grandes retos a las empresas que lideradas por Baby Boomers y la Generación X, tratan de ajustarse al giro copernicano. Pasar de los productos masivos a productos centrados en la experiencia personal cuando su estrategia, procesos, estructura y recursos están orientados a sacar productos masivos con grandes ciclos de desarrollo-lanzamiento y promocionarlos por medio de agencias de medios sin diferenciación que no logran conectar con consumidores que se mueven en redes sociales. Lo antisistema implica la redefinición de las empresas y no sólo de “crear estrategias digitales” para los consumidores de siempre con la misma mentalidad de sistema. Grandes retos a nivel de las empresas. (Continuará)

 

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