Como lo adelanté en el texto previo, lo antisistema implica la redefinición de las empresas y no sólo de “crear estrategias digitales” para los consumidores de siempre con la misma mentalidad de sistema. Grandes retos a nivel de las empresas. Ahora analizaré lo que ocurre con los medios de comunicación, la política y las instituciones.

Medios

En los medios vemos algo muy similar. El surgimiento de las redes sociales a puesto en jaque a los medios tradicionales. El consumidor no quiere que le “avienten” las noticias desde un medio fijo, sino quiere seleccionar en su dispositivo móvil las que maximizan su experiencia personal, y lo quiere hacer con la inmediatez del tiempo real no en los horarios de los programadores. En este sentido, las redes sociales han sido revolucionarias porque han permitido la inmediatez y la experiencia personal entendida como seleccionar el contenido y tono de lo que cada persona quiere escuchar. Así, el antisistema está pegando duro a los medios tradicionales a los que les cuesta trabajo influir en la forma en la que la hacían antes. El tiempo de los analistas, comentaristas y círculo rojo tradicional, se desmorona. Ya no tienen la verdad, estamos en un mundo de posverdad en la que cada uno accede a la información que le gusta.

Política

El antisistema se presenta con el surgimiento de candidatos y políticos que rompen con lo que antes era la forma “políticamente correcta” de comportarse y opinar. Van directo a las emociones polarizantes de los electores y no se andan por las ramas. Usan las redes sociales para hacer política y conectan directamente con el electorado, no respetan a los medios tradicionales que ´desde su punto de vista- reinterpretan lo que dicen con las fake news. No hay respecto por las instituciones tradicionales de gobierno. En EU si el Congreso no le da presupuesto a Trump para el muro fronterizo, este declara inmediatamente una emergencia nacional y obtiene los recursos que necesita, pasando por encima del legislativo. En México AMLO, cancela programas sociales y cancela apoyos a las Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC) para dar recursos inmediatamente a los beneficiados. Rompe con la forma tradicional de administrar los recursos apoyada en el sistema. No cree en la utilidad de muchos de los órganos autónomos porque “han servido a otros intereses”. Tampoco está ya la rentabilidad como tal en el centro de los nuevos gobiernos antisistema, como sí lo fue antes. En EU se “cierra el gobierno” aunque implique un impacto muy grande para su economía, si no se vence en una posición negociadora. En México se cancela el NAIM, aunque desde el punto de vista de rentabilidad la mejor decisión hubiese sido concluir la obra como estaba previsto.

Instituciones

Para el gobierno disruptivo de EU ya no se trata de acatar lo que dice la Organización Mundial de Comercio (OMC), sino de tomar acciones específicas por fuera de la institución para negociar nuevos términos y mejores condiciones. Un ejemplo muy claro ha sido la forma de negociar el T-MEC (antes TLCAN) en la que se han impuesto aranceles unilaterales en productos como el acero para presionar la firma del tratado, cosa que en años recientes hubiera sido impensable. O que decir de la reciente investigación de las importaciones de automóviles alemanes y japoneses a EU como un asunto de seguridad nacional para imponer cuotas compensatorias. Lo que hasta hacer unos años eran mecanismos respetado y considerados como un logro en el contexto del sistema anterior, hoy ya no son respetados como antes y empieza la disrupción. Nuevas reglas del juego en un nuevo sistema.

A partir de este Giro Copernicano, lo que podemos ver es que estamos en un proceso de cambio muy fuerte impulsado por lo antisistema que busca reemplazar el sistema actual con un sistema nuevo. El cambio generacional impulsado por la tecnología, las redes sociales y los modelos disruptivos es un proceso global, con sus variantes locales, y que tiene un gran impacto en las relaciones económicas, políticas y sociales. Hoy en día, el mayor reto para entender lo que vivimos y tomar ventaja es de comunicación por falta de claridad que hemos tenido para captar su surgimiento. Esto se puede explicar, parcialmente, por el hecho de que existe una gran brecha generacional entre los líderes de las empresas y organizaciones de hoy, así como por el hecho de que el grueso de los consumidores y ciudadanos pertenecen a otra generación. Quienes han interpretado que el mundo sigue igual y que hay que adaptarse a las tendencias probablemente se están quedando rezagados y sin entender. Quienes ha visto que el mundo ya cambió con un giro copernicano y se está gestando un nuevo sistema, están aprovechando las oportunidades.

Finalmente, la creación de un nuevo sistema mediante un proceso creativo y de innovación implica la destrucción de muchas cosas de un sistema anterior y de la creación de otras para el nuevo, así que no todo lo que se crea sirve ni todo lo que se destruye no funciona. El gran reto es hoy, como sociedad global, encontrar donde una “destrucción creativa” nos permite llegar al siguiente nivel usando lo que funciona y desechando lo que no funciona. Tanto en lo global, como en lo local.

 

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