Hay teorías de la conspiración que afirman que existe un complot masculino al interior de GM para hacer de Mary Barra el chivo expiatorio de la crisis de seguridad que atraviesa la compañía.  

 

Por Joan Muller

 

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Sigo sorprendida por el número de teóricos de la conspiración que especulan que Mary Barra, primera CEO de sexo femenino de General Motors, fue ascendida para asumir la culpa de la crisis de seguridad que ahora envuelve a la compañía.

La escuché de nuevo esta semana tras publicar mi reportaje sobre Barra en Forbes. Apenas dos semanas después de que Barra asumiera el puesto máximo en la empresa, en enero pasado, GM se vio sacudida por acusaciones de no haber corregido correctamente un problema de encendido, al que ahora se vinculan por lo menos 13 muertes por incidentes con vehículos Chevrolet Cobalt, Saturn Ion y otros de la marca. Ella insiste que supo del problema hasta después de su promoción.

Según los teóricos de la conspiración, el ex CEO de GM, Dan Akerson, y el consejo de administración, dominado por hombres, debían saber lo que le esperaba a la compañía y decidieron hacer de Barra un chivo expiatorio. ¿Por qué? Hay dos líneas: a) Al promover a su primera mujer CEO, GM podría suavizar el golpe de las críticas por su mal manejo, o b) Barra podría llevarse la peor parte del golpe, protegiendo a los hombres, y entonces ser despedida una vez que la crisis se haya resuelto. ¡Felicidades, Mary!, hiciste época en la empresa y llegaste hasta lo más alto. Ahora estás a punto de ser lanzada al precipicio.

Dos psicólogos de la Universidad de Exeter, Michelle Ryan y Alex Haslam, acuñaron el término “glass cliff” en un ensayo de 2005, y dicen que el fenómeno es real. Su investigación sugiere que las mujeres a menudo son promovidas a puestos de trabajo peligrosos durante una crisis sólo para ser despedidas cuando no pueden hacer frente al problema. Algunos nombres vienen a la mente: Carly Fiorina, de Hewlett-Packard, y Zoe Cruz, de JP Morgan. Algunos se preguntan si Marissa Mayer, de Yahoo!, es la siguiente.

Sin embargo, lo que me fascina más acerca de GM y Mary Barra es la fuente de la especulación. “Todas las mujeres que conozco asumen que es una trampa”, me dijo un ex director (hombre) de otra importante empresa automotriz. Y eso concuerda con los comentarios que escucho de personas, tanto dentro como fuera de la industria automotriz. Las mujeres, al parecer mucho más que los hombres, están comprando la idea de que Barra está siendo sacrificada.

“Yo no creo que eso en absoluto”, me dijo Barra, enfática. “Creo que este tema surgió, y nos enteramos de él el 31 de enero, y estamos lidiando con él, y además ocurre que se presentó dos semanas después de que llegué oficialmente a este trabajo.”

Durante una entrevista le pregunté a quemarropa a Akerson, el nuevo presidente del consejo, si Barra fue emboscada. “¡Por supuesto que no!”, dijo. “Mary lo ha dicho. En el momento en que se enteró del problema, como esperaba, se enfrentó a él. Yo no sabía nada al respecto. Lo juro por mi vida.” Él dijo que había una especie de “perversidad” en esas teorías.

También le pregunté al nuevo presidente de GM, Tim Solso, si sabía lo que venía, y si Barra estaba siendo sacrificada. “Me convertí en presidente no ejecutivo a mediados de enero y te aseguro que no sabía nada al respecto en ese momento. Justo después de que ella se enteró, me llamó.” Añadió que no hubo nada “extraordinario” en su conversación inicial sobre el retiro de unidades del mercado. “Está claro que no supimos sobre la profundidad del problema y todas las circunstancias” sino hasta más tarde, dijo.

Solso, ex presidente y CEO de Cummins, fue una contratación externa, por lo que no tendría por que haber sabido sobre el tema antes de unirse a GM. Yo tampoco creo que Akerson, un veterano de la Marina de EU, se escondiera detrás de una mujer. Después de todo, él fue mentor de Barra durante los últimos tres años, y los dos ejecutivos compartieron largas conversaciones sobre el liderazgo, el cambio de cultura y el futuro de GM. Fue Akerson quien la puso en el puesto de CEO, y su éxito o fracaso es parte de su legado. Aún más, Akerson, de 65 años, ha sido sincero acerca de su decisión de dejar GM para cuidar a su esposa, Karin, quien sigue luchando contra el cáncer. En marzo se reincorporó al Carlyle Group como vicepresidente y asesor especial del consejo de administración en Washington, DC, cerca del lugar de residencia de la pareja.

No tengo razón alguna para dudar que Barra desconocía los detalles de la crisis hasta asumir el cargo. Ella tiene una sólida reputación de ser recta y responsable. Inverosímil como suena, Barra, quien encabezó la división de desarrollo global de productos antes de convertirse en CEO, no sabía nada del problema de seguridad, le creo.

Los resultados de una investigación interna pronto explicarán qué pasó exactamente. Creo que los resultados demostrarán que GM es culpable de incompetencia, no de un encubrimiento.

 

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