Ayer el secretario de Desarrollo Social, José Antonio Meade Kuribreña, dio a conocer que la dependencia que encabeza compró directamente a productores de Colima, Michoacán y Veracruz 200 toneladas de limón para su venta a precio preferencial en tiendas de Diconsa y expendios de Liconsa.

Según el propio Meade eso alcanzará para el consumo de unas “714 mil personas por una semana”, y pretende incidir en la estabilización del precio del cítrico. De acuerdo con la Secretaría de Economía, el limón está 131.91 por ciento por encima de la cotización que tenía hace un año por estas mismas fechas.

Son muchas las reflexiones que se pueden hacer a partir de este anuncio, pero todas, nos llevan al mismo camino: “el populismo y la demagogia” del que tanto nos previno el presidente Peña Nieto el año pasado, en realidad viven en su propio gobierno. Esto evidencia que a quien teme es a una persona en particular, no a sus políticas, pues en los hechos las comparte en cierto grado.

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Dicho lo anterior, ¿qué puede explicar que un economista destacado como Meade salga a anunciar una medida como ésta? Simple, sus legítimas aspiraciones de convertirse en candidato presidencial. Hay en los medios una evidente campaña para posicionarlo como “posible”, aunque en los hechos sus probabilidades sean mínimas.

Hay quien dice que sólo es el sparring de Luis Videgaray, una especie de pararrayos para quitar golpes al secretario de Hacienda, otro “suspirante”. Puede ser.

Como quiera, lo cierto es que estos anuncios hacen un daño terrible a la economía del país.

¿O de veras José Antonio Meade piensa que 200 toneladas ayudarán a incidir en la baja del precio, y que los precios están subiendo “sin fundamento”? La verdad, no lo creo, pero es una muestra de que el populismo está tan arraigado en México que nadie –incluso con buenos conocimientos de economía- se atreve a hacerlo a un lado. Grave y lamentable.

Del mismo modo, ¿en serio se refiere al limón el titular de Profeco, Ernesto Nemer, cuando dice que no tolerarán alzas “injustificadas”? De ser así, ¿no significa nada que la oferta –en especial de limón de tamaño grande- sea escasa por la baja producción en Veracruz, como lo ha señalado el mismo gobierno a través del SNIIM de la Secretaría de Economía?

Digo que le causan un gran daño a la economía del país porque mienten al hacerle creer a la gente que la acción del gobierno “ayudará” a que el precio baje. Una vez introducida esta falsa idea se “justifica” cualquier política intervencionista para limitar las alzas o bajar precios por decreto, atacar a los “especuladores”, “acaparadores”, etc. El viejo discurso.

Lo anterior tiene como consecuencia, siempre, un aumento de la demanda y la extinción de la oferta: se agrava la escasez.

Así que una oferta limitada pero existente con precio alto, tiende a desaparecer conforme los controles deprimen de forma artificial el precio y la rigidez del mercado empeora.

Si le importan los consumidores a nuestros funcionarios, entonces abran de par en par la economía, sin pretextos. La competencia y abundancia de oferta es lo que se necesita para abaratar los precios de todos los bienes.

Como en el caso de las famosas “tarifas dinámicas” de Uber, son las fuerzas de oferta y demanda las que hacen mover las cotizaciones de cualquier producto o servicio, no la “buena voluntad” de los políticos.

A propósito, en el ejemplo de Uber el control de precios –de aplicarlo el “justiciero” Miguel Ángel Mancera- sería aún peor por atacar no al precio de un producto en general, sino a una empresa en específico.

En suma, las autoridades de los tres órdenes de gobierno deben resistir a las tentaciones de querer “regular” algo que escapa por completo a su esfera de poder.

La economía no se rige por decreto, sino bajo sus propias inmutables leyes –derivadas de la acción de las personas-, que son válidas en cualquier momento y lugar. Es por esta razón que la pobreza no puede eliminarse por decisión política, ni siquiera por mandato constitucional.

Nuestros funcionarios deben detener el avance de su pernicioso populismo en el país.

Es cuestión de tiempo para que la inflación que hoy no preocupa empiece a ser tema, y llegado el momento, sería un suicidio ceder a las presiones sociales que exigirán acciones de gobierno para controlar los precios.

Temo que sin importar el partido que se encuentre en el poder, los tomadores de decisiones se comporten como auténticos analfabetas económicos y decidan mal. Espero equivocarme, pero a juzgar por los hechos aquí comentados el panorama, no da para ser optimista.

 

 

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