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Por Luis Eduardo Velázquez

A los 17 años, Alejandro González Yáñez hizo un hato de ropa y, desde la colonia Gómez Farías de la delegación (hoy alcaldía) Venustiano Carranza, en la Ciudad de México, pidió un aventón tras otro para llegar a la ciudad de Durango, capital del estado del mismo nombre.

Corría el año de 1976. El régimen priista reprimía a la oposición, que se organizaba en movimientos clandestinos. “Me fui con una mano atrás y otra delante, sin un peso… dejé a la novia y a mi familia, para regalarme de cuerpo y alma al pueblo de México”, cuenta 43 años después de aquel día en el que decidió perseguir su “sueño socialista”.

Su anhelo no se cumplió, pero lo llevó a la posición que ocupa hoy: coordinador de una bancada de seis senadores del Partido del Trabajo (PT), la más numerosa en la historia de esa agrupación, que se alió a Morena y al Partido Encuentro Social (PES) en la coalición Juntos Haremos Historia, que llevó a Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia.

El PT es un partido clave en la actual legislatura, gracias a que logró una votación histórica: 3.38 millones de votos, y a que es el principal aliado de Morena.

Acompañado de cuatro asesores, “Gonzalo” (el nombre que Alejandro adoptó en su larga etapa de luchador social y con el que aún hoy se le conoce) recibe a Forbes México en su oficina en el Senado. Lleva vestimenta formal, lo más alejado de sus clásicos tirantes que lo distinguieron en su época de luchador social, cuando militaba en la organización Política Popular, y a la que puso fin en 1989, cuando fue electo alcalde de la capital de Durango.

En una especie de homenaje al estado en el que se formó políticamente, puso a uno de sus hijos el nombre de Durango (el segundo se llama Gonzalo).

Recuerda que, meses después de abandonar todo para partir rumbo a Durango, escribió una carta a su familia a modo de señal de vida. Siempre fue la “oveja negra” y sólo uno de sus hermanos lo siguió en la brega: Óscar González Yáñez, hoy también diputado federal por el PT y presidente de la Comisión Anticorrupción.

La lucha social le costó pisar la cárcel en tres ocasiones y 17 órdenes de aprehensión en el sexenio de Luis Echeverría, el expresidente que hoy vive arresto domiciliario por su responsabilidad en los actos de represión contra estudiantes de 1968.

Los líderes e ideólogos del 68, como Pablo González Casanova, fueron los que sembraron en González Yáñez la semilla del socialismo cuando estudiaba en el Colegio de Ciencias y Humanidades de la UNAM.

Primero decidió estudiar Periodismo, pero, posteriormente, cambió de opinión y dirigió sus pasos a la Facultad de Economía. En esa escuela fue pupilo de personajes como el escritor, dramaturgo y poeta José Blanco, y la ahora también senadora Ifigenia Martínez, fundadora del PRD.

Con 62 años, “Gonzalo” ve cumplirse, finalmente, su objetivo de que la izquierda esté en el poder. “[Ese logro] se construyó lucha a lucha, ladrillo a ladrillo, desde el campo y desde las ciudades”, dice el hombre que, desde 1976 y hasta la fecha, movió masas en terrenos despoblados para construirle vivienda digna a unos 100,000 duranguenses.

Es el mismo personaje que, cuando cursaba el cuarto semestre de la carrera, se enroló en la organización clandestina Política Popular, gestada por el maestro Alberto Anaya, dirigente nacional del PT.

“Gonzalo” fue fundador de este partido. Hoy rememora cómo, en 1976, creó, con Anaya, el Comité de Defensa Popular Francisco Villa; y luego Anaya, junto con Adolfo Orive, creó la Organización de Izquierda Revolucionaria Línea de Masas (OIR-LM), agrupación de corte maoísta que hizo trabajo popular en el norte del país. La OIR-LM se fracturó; Anaya y “Gonzalo” siguieron caminos distintos hasta la fundación, en 1990, del PT, partido en el que “Gonzalo” ha sido primero en todo: primer alcalde, primer diputado local, federal y, ahora, senador.

En 1997 se convirtió en el primer diputado federal del PT por mayoría, tras articular una alianza con Cuauhtémoc Cárdenas, quien se convirtió en jefe de Gobierno de la Ciudad de México.

“Gonzalo” regresó a la Cámara de Diputados en 2003, como coordinador de la bancada petista. Desde entonces, se ha relacionado políticamente con López Obrador.

Un petista lopezobradorista

“Gonzalo” asegura que la conexión con López Obrador es genuina, pese a que ideológicamente van por caminos separados. “Lo nuestro está inspirado en la experiencia de la Revolución China y Karl Marx, y él [López Obrador] está en la socialdemocracia nórdica, el juarismo y el liberalismo social”.

Más allá de esa diferencia, se considera discípulo, tanto de López Obrador como de Anaya; con este último, dice, ha luchado codo a codo desde que abandonó su hogar en la juventud. En 2006, coordinó su bancada en el Senado. Ahí lidió con el PAN, después de que Felipe Calderón había derrotado a López Obrador en la elección presidencial de ese año.

“No subía mucho a tribuna y era poco afecto a debatir”, recuerda Federico Döring, senador del PAN en ese entonces, quien define a “Gonzalo” como un legislador muy discreto. “Estaban en la ecuación política de Andrés Manuel López Obrador y no reconocía a Calderón”.

Döring asegura que “Gonzalo” interactuaba más con el entonces líder de la bancada del PRI, Manlio Fabio Beltrones que con Carlos Navarrete, líder del PRD, el partido al que pertenecía López Obrador.

“En el discurso, era muy radical, pero, en los hechos, era moderado; se podía platicar con él, pero era difícil acordar, porque eran tiempos de mucha polarización”, añade el panista.

En 2009, López Obrador se apoyó en el PT para construir Morena. En ese año, el ahora mandatario llegó a tener un centenar de diputados locales y federales afines a través del PT.

Luego de ese episodio, “Gonzalo” revela que, al año siguiente, López Obrador le dio la tarea de darle forma a Morena en Durango. En 2012, el PT apoyó a López Obrador en su segunda derrota electoral por la Presidencia; y, más tarde, en 2015, el partido cayó en crisis al enfrentar por sí solo la elección intermedia, donde estuvo a un tris de perder el registro.

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La lucha social le costó al senador Alejandro González Yáñez pisar la cárcel en tres ocasiones y acumular 17 órdenes de aprehensión en el sexenio de Luis Echeverría. Foto: Manuel Díaz / Senado PT

¿Por qué los han señalado de salinistas?, preguntamos a “Gonzalo”.

“Eran los años de 1970, y Manuel Camacho Solís [ya fallecido] y [el expresidente] Carlos Salinas de Gortari estudiaban en Ciudad Universitaria [UNAM]. Eran muy estudiosos y muy ricos, y Alberto Anaya fue su compañero de generación; y por eso se nos vinculó con el salinato. Pero nada más contrario, porque ellos son neoliberales y, nosotros, la antípoda. Yo quiero acabar con la subcultura del priismo y del panismo. Tienen derecho a existir, pero deben desaparecer sus malas prácticas”.

¿El PRI debe desaparecer?

“Eso lo debe decidir el pueblo de México, pero yo sí quiero el exterminio de sus prácticas políticas. Por eso promoví que fueran delitos graves la corrupción y los delitos electorales. La iniciativa la envió López Obrador, pero yo la impulsé con fiereza”.

¿La tipificación de esos delitos podría ser un arma de doble filo?

“Sí, porque te pueden inventar delitos. Por eso, estamos cuidando mucho la reglamentación para evitar la manipulación de los delitos. Estamos en un escenario delicado, pero lo estamos cuidando”.

Hacia el bienestar

La bancada más grande que el PT ha tenido en el Congreso se mueve al unísono.

“Siempre aliado de las grandes causas”, así se refiere Sasil de León Villard, coordinadora del PES, al hablar de “Gonzalo”. “Su experiencia, con base en el esfuerzo y la lucha constante por los más desprotegidos, es un sólido ejemplo que contagia”, refrenda la líder de la otra organización partidista que está aliada con Morena.

El 27 de noviembre pasado, el PT propuso una iniciativa en la Cámara de Diputados que pretende resolver la sostenibilidad financiera del sistema de pensiones a través de eliminar el esquema de cuentas individuales de capitalización (Afore) y volver al sistema de pensiones único con participación del Estado.

“Gonzalo” estaba enterado del proyecto, del que el equipo de López Obrador, entonces presidente electo, se desmarcó luego de que la Bolsa Mexicana de Valores tuvo su peor caída desde marzo de 2014, y Banorte, Inbursa y Profuturo cerraron con pérdidas por 41,297 millones de pesos (mdp). “Este asunto de las Afores no tiene ni pies ni cabeza”, dijo, en aquella ocasión, Carlos Urzúa, hoy secretario de Hacienda.

¿Qué le dijo López Obrador cuando se cayó la Bolsa?

Suelta una carcajada. “El que expresó su malestar público fue Urzúa, con una frase desatinada, porque decía que era una iniciativa que no tenía ni pies ni cabeza, pero quien nos ayudó [a elaborarla] fue ni más ni menos que Arturo Huerta González, premio Nacional de Economía y director del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM. No fue una ocurrencia, fue muy pensada”.

Agrega: “Para nosotros, la privatización de las Afores permite el saqueo de los bienes públicos. Queremos que el Estado tenga nuevamente el control de todos estos recursos. Cuando planteamos la iniciativa, se sacudió la bolsa, pero vamos a insistir, cuidando los momentos y la correlación de fuerzas, no sólo en ese tema sino en otros muy fuertes. Estoy hablando de una auditoría al llamado Fobaproa. La reestructuración de la deuda externa y la interna, pero auditando. La bancocracia, como la llamaba Marx”.

“Es inadmisible que los bancos que operan en México se estén enriqueciendo a manos llenas y generando pobreza a brazos llenos”.

Categórico, insiste: “Necesitamos regular el sistema mexicano de la banca”.

Dice que el resbalón que tuvo su partido con el tema de las Afores les deja como experiencia que, a partir de ahora, le deben “medir el agua a los tamales”, pero que seguirán adelante. “No es lo mismo plantear iniciativas desde la oposición, que plantearlas desde el gobierno”, dice, resignado.

Con todo, su meta sigue en pie: la creación, en esta legislatura (que concluye en 2024), de un nuevo banco nacional para el financiamiento social.

Dice que Bansefi (Banco del Ahorro Nacional y Servicios Financieros) se va a transformar en el Banco del Bienestar, y que es muy probable que se constituya otra institución para dar servicio a los connacionales que envían remesas y para empréstitos relacionados con el fondo minero.

Pero eso es sólo una parte. “Paralelamente, el PT está empeñado en la creación de un nuevo Banco Nacional para el Financiamiento de la Economía Social. En México hay banca privada y pública, con Banjército y Banobras. Con nuestro proyecto, se estarían contemplando cooperativas y empresas sociales, familiares, ejidos colectivos…”, explica “Gonzalo”.

El dos veces senador señala que, en el país, ya ha habido modelos exitosos (de empresas cooperativas), como Refrescos Pascual y Cruz Azul. “Lo que decimos es que no serían negocios pequeños, sino empresas o estructuras económicas que hagan de México un emporio”.

Añade: “La economía privada no tendría de qué quejarse, porque han recibido apoyo por décadas hasta lo indecible y se pueden seguir financiando con la banca privada. Queremos piso parejo. Vamos por una economía al alcance de todos. La democracia no debe ser sólo política, sino también económica”.

El coordinador del PT en el Senado augura que su bancada va a dejar un legado en la Cuarta Transformación, porque hay coincidencias con Alfonso Romo, jefe de la Oficina de la Presidencia, y diálogo con la líder nacional de Morena, Yeidckol Polevnsky. Agrega que su trato con Ricardo Monreal es inmejorable, dado que, en la legislatura de 2006-2012, le cedió la coordinación de su bancada en el Senado.

A juicio de González Yáñez, en México ya no funciona el “capitalismo” porque la sociedad se quedó sin poder adquisitivo. “La estrategia de Andrés Manuel es devolverles poder adquisitivo a los pobres para reactivar el comercio, y porque así se reactiva la producción y habrá crecimiento. Se va a reactivar hasta la recaudación fiscal del Estado mexicano”.

Con esto, concluye el senador petista, México saldrá del círculo vicioso del modelo neoliberal y entrará a uno virtuoso, que es el modelo de bienestar.

 

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