Aunque su voz y sus frases por momentos se interrumpen o llegan con retraso, lo que ahora me dice Cristóbal Reyes —desde el otro lado de la línea telefónica— se escucha fuerte y claro:

—Van a ser noches mágicas. Estoy seguro —grita—. Mágicas. Ya verán.

Por supuesto, a lo que él se refiere es a las presentaciones que dará en el Voilá Acoustique. Verán: los días 8, 9, 10 y 11 de septiembre, el gran bailaor ofrecerá lo que serán para él —me comenta desde algún punto de Madrid— sus últimas funciones en México.

—Creo que ha llegado ya el momento de despedirme de los escenarios —me dice, como para dejar claro el motivo de nuestra conversación—. Luego de estar en el Festival Cervantino, el Palacio Bellas Artes (varias veces), el Teatro de la Ciudad, creo que ha llegado la hora de hacerme una despedida en la Ciudad de México… Claro, me da mucha alegría y mucha tristeza al mismo tiempo el despedirme de los escenarios; más aún, hablando de México: para mí, es mi segundo país.

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Cuatro noches mágicas de Cristóbal Reyes acompañado por María Juncal.

Cuatro noches mágicas de Cristóbal Reyes acompañado por María Juncal.

Eso es cierto. Cristóbal llegó a estas tierras cuando era un púber. Aquí debutó en el mítico centro nocturno Gitanerías —referente de la época en el ambiente flamenco de la Ciudad de México—. Y lo hizo con éxito:

—Era un jovencito —recuerda, y suelta una carcajada contenida—. Ahí estuve trabajando por algún tiempo. Aquellos fueron días magníficos.

Después de algún tiempo, Cristóbal decidió tener su propio tablao, un espacio donde pudiera presentar sus producciones, que iban un poco más allá en cuanto idea creativa.

Así fundó con la reconocida bailaora y coreógrafa Cristina Aguirre (“en ese momento éramos pareja”, me dijo en cierto momento) el Corral de la Morería, un foro que en muy poco tiempo logró el título del mejor de México, precisamente por las producciones que en él se presentaban.

—Estaba en la Plaza del Ángel, en la Zona Rosa. Con el Corral trajimos muchísimas estrellas. Fue un gran proyecto. Por eso amo a México. Ha sido mi segundo país. Lo adoro. Tengo tantos amigos, tantas amigas, y tantas cosas buenas que me ha ofrecido: reconocimientos, premios, he dirigido bastantes compañías importantes…

Eso sí: tras aquellos años gloriosos, Cristóbal decidió partir a su patria natal. En España, la fortuna siguió estando a su lado: ahí dirigió varias compañías como Pura Pasión o Cumbre Flamenca —quizá su creación más importante, pues con ella triunfó en el mundo entero y dirigió a grandes artistas como Antonio Canales y Juana Amaya, o su sobrino Joaquín Cortés.

También se encargó del tablao Zambra, convirtiéndolo al poco tiempo en uno de los mejores de Madrid, con el cartel de “Agotado” de forma constante y donde desfilaron, bajo su guía, varios de los nombres más importantes del género.

—Maestro —digo por el auricular, y escucho mi voz alejarse de manera trabajosa—, ¿por qué se despide de los escenarios mexicanos? ¿Hay un motivo o alguna razón de por medio para haber tomado esta decisión?

—Bueno, para empezar llevo bailando desde los 8 años… No me quedo con nada… Ya lo he hecho todo, al menos todo lo que tenía por hacer… Ahora, mi siguiente objetivo es la academia, es decir, dar conferencias, enseñar a la juventud, dar seminarios. Yo he vivido muchos años en el flamenco. Yo he vivido todas las épocas, y por eso he vivido la Edad de Oro, que fue la época a partir de los setenta a los noventa… Ésa ha sido la mejor época del flamenco.

—Entonces, no es por salud o aburrimiento… Quiero decir que todavía conserva ese, digamos, fuego interno, cuando sube al escenario…

—¡Por supuesto! Insisto: presentarme ahí, en el Voilá, van a ser noche mágicas. La gente, seguramente, me va a gritar que no me vaya, que no me vaya, ja-ja… Estoy en perfectas condiciones para bailar, con mucha fuerza, mucha velocidad, o sea, no tengo ningún problema físico (para decir que por eso me voy). Ninguno… Sólo lo hago a un nivel personal. Lo he meditado mucho tiempo, a conciencia. Y lo hago como hay que hacerlo: con muchas ganas, muchas fuerzas, mucha alegría, para que la gente grite: “¡No te vayas!”

—Supongo que, como dice, ha sido una decisión muy importante.

—Claro… Creo que lo hago en un momento idóneo, preciso, justo, para no llegar a ese punto de tu trayectoria en el que la gente dice “sí, que ya se vaya, apenas puede sostenerse en pie”. No-no, en lo absoluto. Estoy en una gran forma… Pero, además, les cuento que para esta despedida, para las presentaciones, me acompañará la gran bailaora María Juncal, una gran artista reconocida en México… Para mí es un gran placer que me haya querido acompañar en esta despedida… para poder presentar un espectáculo muy variado. Van a ser noches mágicas. Ya verán.

María Juncal.

La bailaora María Juncal.

—Hace un momento me decía que tras su retiro se dedicará a impartir conferencias, seminarios… Permítame, entonces, hacer esta pregunta: ¿un bailaor nace o se hace?, ¿a qué conclusión ha llegado?

—A ver. Primero nace, pero, al mismo tiempo, hay que hacerlo a fuerza de mucho trabajo, mucho estudio… No es que Dios te haya tocado con una varita y ya lo tienes todo. No. La gente que quiere al flamenco, que nace con él, es como un diamante en bruto, el cual hay que pulirlo, hay que quitarle toda esa piedra y arena que está mal para sacarlo al aire y que brille en todo su esplendor. Y sí: es una fuerza de muchos años, de mucho trabajo, mucho estudio… Y eso te lleva a un momento en el que por lo menos logras lo que tú ambicionas.

—En ese sentido, maestro, ¿cuáles son, digamos, los aspectos básicos que deben pulirse en un bailaor?

—Pues, mira, lo es todo, porque desde pequeño, si tú lo amas… ¿Cómo lo puedo explicar..? Ya sé: te voy a dar una breve explicación de lo que es el flamenco, al menos para mí… El flamenco es algo caprichoso, que nunca es igual. Te da la vida, te da la muerte; te da un principio del fin. ¿Qué es el flamenco? Es algo que te hace vibrar, y te hace reír, y te hace llorar. El flamenco es un sueño hecho realidad, y por eso, naturalmente, somos patrimonio de la humanidad…

—¡Wow! ¡Qué lindo! Pero, entonces, usted que ha pasado tanto años en él estudiándolo, ejerciéndolo, divulgándolo, ¿cómo ha evolucionado el flamenco?

—A ver. No quiero herir en este momento a ningún flamenco, tampoco a ninguna flamenca… Hay gente muy valiosa, naturalmente. De hecho, hay unas técnicas bárbaras del flamenco en velocidad y en piruetas, en todo… Lo único que está pasando actualmente es que la gente aprende todo esto, las técnicas, pero no se detiene a estudiar bien las raíces del flamenco. Hoy, la juventud (y no meto todo en un saco: contaditos con los dedos de la mano son los que se salvan) están abordando el género desde un lado peligroso: hoy el flamenco es sólo pensar en la velocidad desde los pies, a ver quién hace más contratiempos, o a ver quién hace más síncopas. ¡Están olvidando la dulzura del flamenco! La dulzura del flamenco es saber tocar la guitarra, y saber tocar el cante, y respirar los pasos, hacer la disección de los pasos, de la gestualidad, no bailar todo igual… Hoy, entre comillas, los ves bailar una vez, y bailen lo que bailen todo lo hacen igual. Y ése es un problema que se está viendo, que espero se subsane.

—Es algo que también pasa mucho ahora en la danza contemporánea, ¿no le parece? De pronto, todo es pirotecnia, fuerza, velocidad…

—Sí. Exacto. Actualmente todos los flamencos, o al menos la mayoría, quieren imitar a los contemporáneos, y esto es una falta de respeto al contemporáneo… Hoy, entre comillas, abundan muchas tonterías que hace la gente… No han entendido que para romper las reglas primero deben estudiar las bases, o sea, Picasso y Dalí fueron más allá después de conocer detalladamente la pintura clásica. En el flamenco es igual. Para hacer un flamenco moderno, contemporáneo, hay que saber muy bien del flamenco y demostrar que saben muy bien de él, y después ya innovar si te aburre, o si quieres hacer otra cosa diferente. Pero hoy en realidad domina la gente que no conoce bien el flamenco, que tiene la osadía de hacer cosas muy modernas que no tienen nada que ver con éste.

—Se podría decir que existe un flamenco tradicional y uno académico, o es una división un tanto ociosa…

—Ja-ja. A ver. Yo me crié en un flamenco tradicional, trabajando por la noche, en contacto con los cantaores, los bailaores, los guitarristas, los mejores y los peores. Hoy, para bien o para mal (o, si lo prefieres: afortunada o desafortunadamente), la gente aprende en los talleres… Cuando uno aprende en un taller le quitan lo que es la profundidad del flamenco, ¿no? Sin embargo, hoy es así, y hay gente que lo hace muy bien, y en México hay muy buenos elementos, muy buena academia de flamenco, que enseñaba muy bien, con maestros buenos, e invitando a gente reconocida. Todo eso es tan maravilloso. Fíjate, yo admiro todo esto porque el flamenco en México, hoy, es una potencia maravillosa; incluso, me atrevo a decir, con total seguridad, que es más importante actualmente el flamenco en México que en la propia España…


Nota bene: Bajo el título de “Flamenco puro de puro flamenco”, María Juncal acompaña a Cristóbal Reyes en su despedida de los escenarios mexicanos. La cita es en el centro de espectáculos Voilá Acoustique, a las 20 horas, del 8 al 11 de septiembre.

 

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