Aviones Tornado británicos despegaron antes del amanecer desde la base de la Real Fuerza Aérea en Akrotiri, en Chipre, horas después de que el Parlamento en Londres aprobara por 397 votos a favor y 223 en contra el plan del primer ministro David Cameron de extender los ataques aéreos en Irak a Siria.

Reuters

Gran Bretaña se sumó el jueves a los ataques contra el Estado Islámico en Siria, en una jornada en la que el presidente ruso, Vladimir Putin, emitió nuevas denuncias contra Turquía por derribar una aeronave rusa, dejando en evidencia los obstáculos a la cooperación internacional para derrotar al grupo radical.

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Aviones Tornado británicos despegaron antes del amanecer desde la base de la Real Fuerza Aérea en Akrotiri, en Chipre, horas después de que el Parlamento en Londres aprobara por 397 votos a favor y 223 en contra el plan del primer ministro David Cameron de extender los ataques aéreos en Irak a Siria.

Gran Bretaña dijo que atacó pozos petroleros utilizados para financiar a Estado Islámico.

La contribución británica representa una parte menor de la operación militar liderada por Estados Unidos, que ha estado bombardeando objetivos del Estado Islámico tanto en Irak como en Siria durante más de un año, con cientos de aviones. Anteriormente, un pequeño contingente británico participó en incursiones en Irak, pero no en Siria.

Los ataques aún no han logrado desplazar a los militantes islamistas de una franja de territorio donde han proclamado un califato para gobernar a todos los musulmanes, aunque Washington y sus aliados dicen que han ayudado a detener el avance de los combatientes.

Washington ha anunciado que desplegará más fuerzas especiales para lanzar ataques tanto en Irak como en Siria y ayudar a localizar objetivos para incursiones aéreas.

El presidente estadounidense, Barack Obama, dijo en una entrevista que esto no implicaba una ofensiva terrestre importante como la invasión de su país a Irak en 2003 con “batallones que se trasladen a través del desierto”.

Rusia está bombardeando Siria fuera de la coalición liderada por Estados Unidos. Moscú y Teherán apoyan al presidente sirio, Bashar al-Assad, mientras que Washington y sus aliados europeos, árabes y turcos ayudan a opositores y rebeldes moderados en la campaña para lograr que el líder autócarata deje el poder.

Después de que el Estado Islámico se atribuyó la masacre en París y el derribo de un avión ruso el mes pasado, los líderes mundiales han tratado de enterrar sus diferencias y unir las campañas contra los militantes. Pero la búsqueda de unidad recibió un golpe la semana cuando Turquía, un país miembro de la OTAN, derribó un avión de guerra ruso.

 

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