Escribo esta nota dos días antes del domingo de la elección, por lo que es seguro que hoy lunes estemos amaneciendo con las primeras sorpresas y resultados de la elección intermedia del 2016 en las noticias. Es seguro que existan aún datos inciertos, algunas fallas en el sistema, y seguramente en la pasada noche hubo de todo: celebraciones anticipadas, errores, berrinches, sorpresas, descalificaciones, y todos los actos que nuestros políticos siempre hacen en ese día.

Unos pierden, otros ganan, otros se van a pleitos, es posible que algunas elecciones terminen en tribunales… a eso le apostaron; otras se anularán y es seguro que se repitan, como en el pasado caso del estado de Colima.

En esta ocasión me propuse hacer un experimento: decidí no seguir las elecciones de cerca más allá de lo que escuchaba en los noticiarios. No seguí los procesos a fondo, no vi las encuestas a detalle, traté de ver las elecciones de lejos para poder sentarme a analizar los resultados sin información a detalle. Vamos a ver qué pasa.

A partir de hoy podré ver los verdaderos saldos de la elección, ya pasados unos días de los gritos y estruendos postelectorales. Es como haber estado fuera del país y regresar ya pasadas las elecciones a observar los resultados.

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Lo que sí podemos analizar es que como resultado de esta campaña en México tenemos dos grandes problemas con nuestro sistema electoral y uno con nuestros políticos de cualquier tipo, incluyendo a los independientes, que no se hagan locos y se traten de purificar sólo por la fórmula, ya son políticos y adolecen de la misma problemática.

El modelo de financiamiento de las campañas: Los candidatos no cumplen con las leyes, no hay transparencia, todo se va a ir a tribunales y quién sabe a ciencia cierta si habrá sanciones, como eliminar al candidato así hubiera ganado la elección. Ése va a ser un muy buen reto para el INE, el Tribunal, la Ley y todo el sistema político. ¡Claro!, como siempre, ante las fallas de sus candidato y el que hayan perdido las elecciones, los partidos seguro van a querer dinamitar las leyes, gritarán que es necesaria una modificación, pero en el fondo quieren ocultar sus fallas y adecuar las cosas para enfrentar la elección del 18.

El famoso modelo de comunicación política: El INE se convirtió en la central de medios más grande del país, y el gasto es inmisericorde; el desperdicio lo es más. En las últimas semanas he escuchado a los opinadores políticos hablar de que el humor social está muy mal. ¿Razones? Que si por la inseguridad, que si por la economía, pero a ciencia cierta nadie se ha puesto a pensar que ese humor social negativo pudo haber sido exacerbado por la cantidad estúpida de anuncios de partidos políticos, que implica un gasto ofensivo, pero además nos encontramos que los políticos dicen una cantidad incontrolable de estupideces y mentiras. Entonces ¿es verdaderamente culpa del modelo de comunicación política? Estamos hablando de un sistema que se ha acomodado y venimos desde el 96 haciendo cambios a la Ley y nada cambia. Es un sistema de dinero, de poder, de medios de comunicación, de intereses políticos, de incompetencia de los candidatos, sus egos y de sus publicistas. En el fondo, cambien o no la ley, el problema real radica en el tercer problema, y que está asentado en los políticos.

El verdadero problema son los políticos: Del partido que sean, del rojo, azul, amarillo, naranja, morado, café o hasta los sin color, todos caen en lo mismo: simplifican de una manera sórdida los conceptos, basan sus estrategias de comunicación política en falsos principios y conceptos, mienten con una facilidad que asusta, ofrecen lo imposible y, por obviedad, no van a cumplir ni un ápice lo que prometen en campaña.

 

Las tres generaciones

Y entonces ¿qué es lo que falla? Y no queda otra cosa más que voltear a ver la falta de principios y valores éticos. Estamos viviendo con políticos de tres generaciones. La más antigua, que a pesar de ser iguales en general, tenía por lo menos cierto pudor y honor; ésos ya son los menos. La siguiente generación, ésa que vivió un gran cambio y en donde, por el amor al poder y el dinero, hacen lo que sea necesario. Y una tercera, que de alguna u otra manera llegó con la alternancia y con todo lo que esto implicó.

Hace muchos años, en la antesala de la primera alternancia, recuerdo una plática que escuché en la mesa de junto, en un restaurante: dos jóvenes que apenas iniciaban en la política, que platicaban lo que iban a hacer cuando llegaran al poder ante la posibilidad de esta alternancia. Sólo escuchaba a unos políticos hambrientos del poder que el sistema político les había negado a sus padres, a sus partidos, y llegaban con planes y ansias de poder y enriquecimiento. Hoy estamos viendo los resultados, que son verdaderamente de miedo.

En fin, ya veremos qué nos depara el proceso postelectoral. Mientras nos urge que en este país retomemos valores éticos, principios sociales. Necesitamos reeducarnos, ya que la única manera de cambiar las cosas va a ser iniciando desde adentro, y no arropados en la banalidad y fragilidad de las estructuras sociales y políticas vigentes.

 

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