Las pasadas elecciones en el Reino Unido pusieron de manifiesto que el crecimiento económico funciona. La isla crece más rápido que cualquier otro país desarrollado. ¿Qué ha hecho distinto de Atenas?

 

Por Steve Forbes

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La lección de las recientes elecciones de Gran Bretaña es simple: el crecimiento funciona. La economía de la isla crece más rápido que la de cualquier otro país desarrollado, incluyendo Estados Unidos y la tan cacareada Alemania. Londres tiene idea de cómo lograr la expansión económica, y, claro, Washington, Tokio y Bruselas, no.

Desde que los conservadores tomaron el poder hace cinco años, han reducido el número de trabajadores del gobierno de 6.3 millones a 5.3 millones. Así es, han recortado a un millón de burócratas. Y los conservadores reelegidos impulsarán aún más el adelgazamiento del sector público. Se prevé que el número de puestos en el gobierno se reduzca en otros 650,000 puestos en los próximos cinco años.

Contrastemos eso con la Europa continental: Francia, Italia, España, Portugal y, ni que decir, Grecia, todos los cuales apenas han hecho mella en sus sectores públicos. Ocasionalmente han recortado servicios –desatando la ira pública–, pero los gobiernos apenas han reducido su tamaño. Mientras tanto, el sector privado de esos países ha resentido la mayor parte de la austeridad económica: En general, los impuestos han subido; los impedimentos estructurales a las restricciones de crecimiento, principalmente en cuanto a la flexibilidad de la mano de obra , en gran medida han pasado inadvertidas, por lo que no es de extrañar que sus economías se encuentren colapsadas y que el desempleo siga siendo tan alto, especialmente entre los jóvenes.

Los británicos también han reducido su impuesto corporativo hasta el 20% desde el 28% de 2010. Algunos gobiernos europeos han reducido un poco sus tasas impositivas para empresas, pero nada en la línea de Londres.

Gran Bretaña también ha reducido su tasa impositiva máxima sobre los ingresos del 50% al 45%. Cometió un gran error elevando su IVA de 17.5% a ​​20% hace cuatro años, un pecado cometido por la mayoría de los otros países de la UE (y por Japón también).

El gobierno de Estados Unidos no ha hecho ningún progreso estructural de acuerdo con el Reino Unido. En su lugar, Washington ha aumentado los impuestos, disparado la deuda nacional y estropeado la economía con un tsunami de regulaciones. La Reserva Federal ha paralizado los mercados de crédito con su flexibilización cuantitativa y la supresión de las tasas de interés. El Banco Central Europeo y el Banco de Japón han sido igualmente ineptos. El Banco de Inglaterra no ha ganado ningún premio por la prudencia de su política monetaria, pero ha sido mucho menos destructivo.

Comparemos lo hecho por Gran Bretaña con lo que ha hecho Grecia al seguir las panaceas destructivas y anticrecimiento del FMI, el BCE y la UE (léase Alemania). Gran Bretaña ha puesto a dieta a su inflado sector público; Grecia, no. Gran Bretaña tiene impuestos reducidos; Grecia los ha elevado. Gran Bretaña ha hecho un progreso real en la reforma del bienestar y la educación, mientras que el gobierno griego sigue resistiendo ferozmente cualquier verdadera alteración de su moribundo estado de bienestar o su sistema de educación, que envía a las familias de todos los niveles socioeconómicos directo a los brazos de profesores particulares.

Estas elecciones cuentan la historia: el Partido Conservador de Gran Bretaña ha ganado una victoria impresionante; Grecia ha elegido a extremistas populistas que prometen un alivio indoloro, lo que podría poner a la UE en camino hacia un desenlace políticamente letal.

Londres ha perdido miles de millones en planes de energía alternativa. Su impuesto sobre la renta, de 28%, es demasiado alto para un país que quiere ser una potencia de alta tecnología. Pero, en comparación con casi todos los demás, los británicos han hecho las cosas bien.

¿Los responsables políticos en otras partes tomarán nota? Probablemente no. En EU tendremos que esperar a la elección de un nuevo presidente, uno que persiga una agenda reaganiana.

 

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