Los intereses de los monopolios, que durante tanto tiempo atraparon al país en un estado de inmovilidad, hoy se están moviendo.

 

 

Cuando un gobierno quiere hacer reformas del calibre de las que está haciendo México tiene que romper el statu quo y entonces enfrentar a los monopolios del país, y no solamente estamos hablando del enfrentamiento entre los monopolios privados, que se convierte en una guerra comercial, sino también que, a su vez, estos monopolios privados se enfrentan a los monopolios públicos: el gobierno federal, por una parte, y los partidos políticos, por la otra, amén de que si en la materia a reformar existe un monopolio laboral, estamos hablando de que cambiar el statu quo se convierte en un dolor de cabeza. Esto es lo que estamos viviendo.

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En este caso, los monopolios, sean públicos o privados, se convierten en un monstruo de mil cabezas, ya que por los intereses creados en cada uno de los sectores estamos hablando de grandes concentraciones de poder y dinero, creados y mantenidos por años.

Este tipo de cuestiones normalmente no son entendidas por el ciudadano común, que lo único que quiere es ver tres cosas de manera rápida y expedita:

1) Un beneficio económico que le represente ahorros a su bolsillo o mejoras sustanciales por eficiencia.

2) El ciudadano de a pie, valga la expresión, quiere ver sangre. Al no entender las complicaciones económicas de sectores comerciales que implican competencia local y factores de competencia internacional, quiere ver que la justicia caiga sobre aquellos que se han hecho millonarios por ofrecer servicios o por ser dueños de las empresas más grandes del país. Este último rubro es parte de la esquizofrenia nacional, en que, por una parte, se vanagloria a los empresarios mexicanos por ser de los más ricos a nivel mundial y brillantes a nivel de negocios, pero se les sataniza por ser dueños de las más grandes empresas que nos ven la cara a diario.

3) Al tener que pasar estas reformas por el sistema político mexicano, la ciudadanía también quiere conocer las posiciones y los intereses que se exhiben y existen detrás de los políticos involucrados en las votaciones del Congreso. Esto de las reformas tiene su parte perversa del circo nacional, en que vemos a políticos, empresarios, medios de comunicación y todo tipo de especialistas revolcándose en un juego de intereses y de pasiones. Seguramente por eso no querían que se manchara el circo del futbol con el circo y la telenovela nacional. Realmente es una situación de tragicomedia mexicana.

Pero, queramos o no, las reformas se están dando. Esos intereses que durante tanto tiempo atraparon al país en un estado de inmovilidad, hoy se están moviendo, y es por varias razones: condiciones internacionales que están afectando a todos, cambios tecnológicos que presionan al mercado, las famosas convergencias y, finalmente, la voluntad política.

Nadie sabe hoy si las reformas son buenas o malas. La letra de la Constitución dice que en algunos casos sí, pero al final del día las estamos teniendo, y eso es bueno para el país. Lo de la guerra de monopolios es sólo una reconformación económica con nuevas reglas. Al final del día, la ley la transforma el hombre por su uso o por cambio de la letra.

Ya veremos qué pasa en el futuro, pero estamos viviendo una etapa que no se había vivido en muchos, muchos años, y la única manera era que todos los monopolios se enfrentaran.

 

 

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