La industria farmacéutica es por lo general resiliente a los vaivenes económicos, pero la guerra de Ucrania ha complicado la logística y la producción, según explica en una entrevista con EFE, Craig Kennedy, vicepresidente senior de gestión de la cadena de suministros de la farmacéutica MSD, conocida como Merck en Estados Unidos.

El envío de medicamentos a Rusia y Ucrania se ha hecho más difícil por la guerra y ha habido también problemas de importación de productos necesarios para producir medicinas, así como para seguir con los ensayos clínicos en desarrollo en ambos países.

Eso ha ocurrido al menos en la farmacéutica MSD, según cuenta Craig Kennedy, cuyo trabajo consiste en impulsar una transformación estratégica que lleve la producción de medicinas más cerca de donde se encuentran los pacientes y permita crear cadenas de suministros más resilientes.

Craig Kennedy atiende a EFE en Haarlem, en la planta de fabricación y de distribución de medicamentos que la compañía multinacional estadounidense tiene en Países Bajos, donde se ha celebrado un encuentro con medios de comunicación europeos.

Kennedy resume así los efectos del conflicto bélico: “Nosotros y la industria farmacéutica en general, tenemos responsabilidades muy serias para asegurarnos de que los pacientes, tanto en Ucrania como en Rusia, aún puedan tener acceso a nuestros medicamentos. La guerra en Ucrania realmente limitó nuestra capacidad para hacérselos llegar”.

El segundo de los problemas con los que han tenido que lidiar es, según explica, que la guerra en sí ha interrumpido una parte significativa de las capacidades de transporte y comercio mundial, tanto dentro como alrededor de Europa, pero en algunos casos entre Europa y Asia, y en otros entre Europa y otros continentes.

“No solo hemos perdido espacio aéreo, sino también hemos perdido muchos transportistas que ahora pueden ser sancionados por gobiernos de todo el mundo y que ya no pueden operar o que ya no están disponibles”, explica.

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Los efectos de la guerra en las farmacéuticas

Por otro lado, los ensayos clínicos que las empresas desarrollan en Ucrania y en Rusia se han visto afectados por la guerra. “Los ensayos son importantes para las personas que los realizan, pero también para los pacientes de fuera de Rusia y Ucrania”. Y ejecutarlos ahora es mucho más difícil.

  • La crisis energética, una dificultad que afecta sobre todo a los proveedores

La crisis de la energía está aumentando el costo de producción en la industria farmacéutica como sucede en cualquier otro sector, pero esta industria, explica Kennedy, puede por lo general lidiar con el sobrecosto sin que se vea comprometida su viabilidad, a diferencia de lo que ocurre con algunos de sus proveedores.

“Algunos (proveedores) no necesariamente tienen la misma capacidad para absorber los cambios de costos que tenemos nosotros. Y entonces tenemos que asegurarnos de que sean financieramente sólidos y capaces de continuar operando”.

Por el momento, explica Kennedy, no se trabaja con la hipótesis de que la falta de energía llevará a interrumpir la producción, “al menos no en esta etapa”. Pero pese a ello, sí se han puesto en la situación hipotética que la disponibilidad de energía se reduzca aún más. Han trazado prioridades para saber qué harían, dónde, cuándo y qué producción se priorizaría, según cada escenario. “Aunque no prevemos que ese sea el caso ahora”, señala.

Kennedy asegura que es imposible anticipar el futuro, pero aún así -dice- las empresas y las sociedades pueden prepararse en mayor o en menor medida para lo sobrevenido. “Si en 2017 alguien me hubiera dicho que en los próximos años íbamos a vivir el desastre de dos huracanes, una pandemia, una guerra… hubiera dicho que es ciencia ficción”.

MSD se está también preparando para afrontar una transformación energética y empieza a dar prioridad empresarial a los proyectos innovadores que buscan reducir el consumo.

En la planta de Harleem ya han puesto varios proyectos en marcha: están renovando la flota para que los coches que proporcionan a sus empleados sean eléctricos, han instalado LEDs dinámicos y un hinchador de ruedas de coches a disposición de la plantilla para que la correcta presión les permita ahorrar gasolina y han puesto en marcha una planta solar que generará cerca de un megavoltio de electricidad por año.

  • Diversificación, una tarea pendiente

Explica el responsable de la cadena de suministros de MSD, cuya sede principal está en Kenilworth (Nueva Jersey), que la empresa pudo lidiar mejor con la crisis del coronavirus gracias a que el azote de dos huracanes les avisó de la necesidad de diversificar. La pandemia global y ahora la guerra en Ucrania corroboran esa apuesta.

“Mucha gente está preocupada por la concentración de suministros que vienen directamente de China, pero es cierto que no solo hay concentración en China. Hay otras geografías en el mundo en las que hay concentración como en India o también incluso Europa”, asegura Kennedy.

La diversificación es importante para que, si algo sale mal con una de las fuentes de suministro, sea posible ir a otro lugar a conseguir el material necesario.

“Quiero diversificar no solo de dónde lo obtengo, sino de dónde podría provenir”, dice Kennedy respecto a la necesidad de tener fuentes de suministro variadas para seguir en funcionamiento en caso de catástrofe natural o desastre político, motivo por el cual la firma trata de tener proveedores de un mismo producto en geografías diferentes. 

Con información de EFE.

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