A unos días de días de una transformación de raíz en las relaciones laborales de nuestro país, así como en la manera de hacer valer los derechos que con esfuerzo ha conquistado el proletariado mexicano a través del tiempo, podemos pensar en el presente y futuro derivado de una Cuarta Revolución Industrial, que tiene como principal característica la implementación de tecnología en los medios de producción, y que ocasiona como daño colateral el recorte de puestos de trabajo, sin embargo desde la Primera, provocó desempleo y abuso sobre la clase trabajadora, por lo que al poco tiempo los trabajadores unidos de manera colectiva aprendieron que juntos podían hacer contrapeso al factor económico y llegar a acuerdos mediante la recién nacida negociación colectiva, sin embargo, no todo fue miel sobre hojuelas, se tuvo que derramar sangre de mártires trabajadores a los que se conmemora cada 1 de mayo.

Digamos entonces que el 1 de mayo lo conmemoramos de manera internacional, y lo que motiva en concreto a esta fecha son los hechos acontecidos del 1 al 4 de mayo de 1886 en la ciudad de Chicago en Estados Unidos, donde cuando más de 50 mil trabajadores cansados de los abusos salieron a la calle a manifestarse con una sola consigna, la de regular como jornada laboral máxima la de ocho horas diarias con un día por semana de descanso de la jornada semanal. Y es que por esos días no era extraño encontrar trabajadores que desempeñaban jornadas inhumanas de hasta 14 o 15 horas diarias sin días de descanso, lo que provocaba pérdida de salud en los trabajadores, así como una nula calidad de vida.

Al celebrar este tipo de manifestaciones los patrones para seguir produciendo contrataron a trabajadores que ocuparan los puestos que dejaban temporalmente los trabajadores manifestantes a los que posteriormente se les conocería como esquiroles, por lo que con fecha 2 de mayo uno de los líderes, August Spies, hizo sonar la chicharra de salida de una de las empresas minutos previos a la hora regular, lo que tenía como propósito el asedio de los esquiroles que se enfrentaron a los trabajadores manifestantes que se encontraban afuera de una de las empresas esperándolos, por estos hechos la policía de la ciudad al perder el control de la escena comenzó con los disparos a quemarropa sin distinción a ambos bandos de trabajadores dejando una decena de muertos y cientos de heridos.

Con la trifulca y confusión que se daba entre los participantes de ambos bandos obreros, sumando a esto a los elementos de la policía, se detonó un explosivo del cual nunca se supo su procedencia dejando a un policía muerto y dos heridos, por lo que fueron juzgados y condenados a la horca los líderes obreros George Engel, August Spies, Albert Parsons, Louis Lingg y Samuel Fielden conocidos posteriormente como los Mártires de Chicago a quienes se les conmemora cada primero de mayo por los acontecimientos en la Plaza de Heymarket de esa ciudad, a la cual el diario New York Times se refirió de la siguiente manera “Su significado tiene que ver con la libertad de expresión, el derecho de manifestarse, el trabajo organizado, la lucha por la jornada de ocho horas y el derecho de todo ser humano a conseguir una próspera e igualitaria vida”

El cubano José Martí, testigo del hecho y corresponsal del diario argentino “La Nación”  narró los hechos de esta manera: “El obrero, que es el hombre y aspira, resiste con la sabiduría de la naturaleza, la idea del mundo donde queda aniquilado el hombre; pero cuando fusilado en granel por pedir una hora libre para ver a la luz del sol a sus hijos, se levanta del charco mortal apartándose de la frente, como dos cortinas rojas, las crenchas de la sangre”. Esto sirvió como presión para los empresarios norteamericanos, ya que el mismo año de 1886 varios sectores patronales accedieron a otorgar la jornada de ocho horas a miles de obreros tal como da fe Federico Engels en el prefacio del “Manifiesto Comunista” en coautoría con Karl Marx de 1890.

En la Segunda Internacional, reunión de confederaciones obreras de varios países, sobre todo europeos, celebrada en 1889 en París y en la que participó el filósofo y jurista mexicano Vicente Lombardo Toledano se tomó la decisión de celebrar el día 1 de mayo el Día del Trabajo a nivel mundial.

En nuestro país, fue hasta 1913 que a iniciativa de la Casa del Obrero Mundial se conmemoró el 1 de mayo el Día del Trabajo para lo cual se realizaría una marcha en la cual 20 mil obreros exigieron a Victoriano Huerta la implantación de las ocho horas como jornada laboral máxima legal, sin embargo, fue hasta 1917 que quedó establecida está en el Artículo 123 de nuestra Constitución. En 1923 siendo presidente de la República Álvaro Obregón fue promulgado el 1 de mayo como Día del Trabajo, aunque hasta 1925 Plutarco Elías Calles lo establece de manera oficial.

Ahora nos corresponde cuidar, defender y hacer crecer el legado de los mártires de Chicago, de Cananea, de Río Blanco, y de todos aquellos que históricamente han luchado por la mejora de la calidad de vida del hombre trabajador y de su familia. Es hora de formar nuestro legado a esas conquistas y no dar ni un paso atrás como la clase trabajadora de México.

 

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