Por Luis Javier Álvarez Alfeirán*

La tradición del día de muertos está más que arraigada en la cultura popular mexicana, su historia y antecedentes se remota a la época prehispánica y ha sobrevivido a la evangelización, que aprovechó además dichas creencias para impulsar el mensaje cristiano de la vida eterna y la resurrección. En México hablar de los muertos es en realidad hablar de los vivos ya que su memoria perdura en el colectivo nacional a diferencia de muchas otras culturas en el que la muerte es un tabú o provoca supersticiones. Recordar a los muertos es a su vez, recordar y mantener vigente la gastronomía, los colores y la vida de nuestros antepasados.

El día de muertos ha tomado, sin embargo, un impulso exponencial en los últimos años; lo que eran tradiciones populares vividas desde el interior nacional, encontraron un escaparate profundo gracias a las grandes producciones cinematográficas impulsadas desde Hollywood. No se hacía un desfile con motivo del día de muertos hasta que el famoso agente 007 lo vivió en la Ciudad de México. Los niños de las grandes ciudades entienden mejor nuestras tradiciones más populares gracias a Coco, la producción de Disney Pixar, película que recaudó más de 800 millones de dólares y obtuvo dos premios de la Academia. No podemos dejar de considerar, por tanto, las otras fuerzas que impactan en la vida social y cultural del país y que son sin duda las económicas y comerciales, pero, a pesar de su importancia e innegable relevancia, no deberían definir su verdadera finalidad.

Samuel Ramos (1897-1959), ilustre hombre de letras, filósofo, ensayista y crítico mexicano nos dice en su libro El perfil del hombre y la cultura en México que al investigar sobre la cultura mexicana nos encontraremos con “un campo lleno de vaguedades” lo que nos ha llevado a “autodenigrarnos”, a “rechazar la tendencia cultural europeizante” aunque por otro lado nos lleva a copiar lo que se hace en otros lados, dice el autor “los fracasos de la cultura en nuestro país no han dependido de una deficiencia en ella misma, sino de una vicio en el sistema con que se ha aplicado. Tal sistema vicioso es la imitación que se ha practicado en México desde hace más de un siglo”. ¿Porqué no reconocíamos el mismo valor de nuestra tradición del día de muertos antes de estas grandes producciones?

Si bien se hablaba hace algunos lustros que la globalización acercaba al mundo de maneras inimaginables, la presente digitalización de esta ha acelerado el proceso. Más allá de las reflexiones del pensador mexicano, –que parecen no dejar de ser vigentes a pesar de los ya muchos años que tienen–, México tiene que convivir, sin perder su identidad, entre ambas realidades, la comercial y la cultural, la de la riqueza y la tradición, la del mundo globalizado y la de la vida nacional; la de los vivos y los muertos.

El día de muertos nos recuerda el vínculo entre el pasado y el presente, un presente que no puede dejar de construirse en aras de no perder de vista el pasado. No se puede tampoco negar el legítimo derecho al desarrollo que busca el progreso de los pueblos justificando que en las tradiciones está el valor de nuestra identidad. La dignidad de los pueblos está en las personas, en aquellas que con su vida construyen una nación y una cultura que es capaz de perdurar en el tiempo y convertirse en Patrimonio de la Humanidad. La cultura es no negar el pasado sino valorar su influencia en nuestro presente a pesar de sus vicisitudes. Cultura es permitir que los muertos hablen de los vivos. 

 

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*El autor es Director de Le Cordon Bleu Anáhuac.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

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