La mayoría de los desastres empresariales a gran escala empiezan en la mentalidad del ejecutivo, y generalmente el problema es que nadie a su alrededor lo desafía ni se anima hacer las preguntas difíciles sobre lo que vive la organización. Los liderazgos fallidos cuestan mucho, en términos financieros y en muchos más sentidos. Los descalabros que causa un mal líder son de amplio espectro y a veces causan daños irreparables. Por lo general, cuando hablamos de liderazgo, lo hacemos en torno a los atributos de un buen líder y pocas veces se advierte lo que pasa cuando nos topamos con uno malo. Se está poniendo de moda un término que denomina a los líderes fallidos: «zombie leaders» y me parece muy pertinente abordar este tema.

No se trata de entrar al mundo de la negatividad, más bien se trata de tener una lista de cotejo que nos lleve a entender y darnos cuenta. ¿Qué es un líder zombi? Son los jefes que se caracterizan porque «rara vez» o nunca fomentan la crítica interna ni la retroalimentación; es el ejecutivo no interactúa con los empleados de primera línea, que no le gusta convivir con las bases y tampoco tienen a una persona encargada de investigar las estrategias y tecnologías de los competidores, sus errores y aciertos cae en esta categoría. Es un ser catatónico encerrado en la torre de marfil de su propio ego y, tristemente, sé que hay muchos de estos especímenes rondando por ahí. El problema no es tener a un arrogante suelto, el problema es que puede causar mucho daño e incluso generar lo que los militares llaman fuego amigo.

Para entender lo que es un mal liderazgo, habría que recordar lo que es uno bueno. Un buen líder es alguien que inspira, que toma decisiones que afectan a la empresa, o a su entorno de manera positiva, y que puede reunir a un equipo dispar y conseguir que trabajen con una meta común. Pero si el hecho de ser gerente no le convierte en líder, ¿cuáles son esas cualidades que hacen destacar a los líderes?  O Peor, ¿cuáles son los defectos que nos llevan a desempeñar un liderazgo que no es positivo?

Los líderes vienen en todas las formas, formas, colores y tamaños. Muchas veces nos preguntamos ¿Por qué hay ejecutivos inteligentes que fracasan? Cuidado, nadie estamos exento de un tropezón, eso es claro. Pero, ¿qué lleva a alguien a cruzar la línea y fallar garrafalmente al equipo, a la empresa y a las partes relacionadas en un negocio? Las personas cuya incapacidad para formar un equipo que le respalde durante tiempos difíciles es una característica común de los “zombie leaders.”  Son sujetos que ponen en juego una serie de estrategias ineficaces que impulsan a los equipos a desconectar, crear conflictos insalubres y causar una falta de disciplina que puede resultar tremendamente costosa a corto y largo plazo.

Algunos de los líderes más famosos han tenido en común estos hábitos de liderazgo ineficaces, son sólo algunos de los líderes de estilos más peligrosos que pueden generar rencor, ruptura y descalabros financieros.

  • Regañar públicamente.
  • Tomar crédito por trabajo que no es suyo.
  • No asumir sus responsabilidades y que no hacerse cargo de sus errores.
  • Valorar más sus gustos y necesidades más que las del equipo.
  • Ser necio y arrogante.
  • Morirse de miedo, llevar a su empresa a la inacción.
  • Tener una definición limitada de éxito.

Las consecuencias de conducirse con un mal liderazgo son:

  1. Espionaje: El líder que no tiene confianza en su gente y está constantemente husmeando por encima de sus hombros, conseguirá crear un ambiente de desconfianza. Éste al tanto del trabajo que están realizando los miembros de su equipo, pero no haga que se sientan como si el «Gran Hermano» les vigilara.
  2. Integridad: Un líder no será eficaz si sus subordinados y sus superiores desconfían de él. La empresa enseguida dejará de lado a un líder que no esté capacitado o que no mantenga su palabra. Por ejemplo, un líder que le diga una cosa a sus empleados y luego haga otra podría ser visto como poco capacitado, aunque la diferencia le parezca insustancial.
  3. Fallas de congruencia: Un líder que espera una determinada conducta por parte de sus empleados pero que no mantiene esa misma conducta, puede sufrir una pérdida de respeto. Una plantilla que no respeta al líder sufrirá un descenso en la calidad del trabajo.
  4. El líder que no toma decisiones. Los líderes son valorados por su capacidad para tomar decisiones, sobre todo bajo presión, no por postergar sus responsabilidades.
  5. Falta de visión: Un líder debe establecer unas metas que lleven a la empresa en una dirección determinada. Un líder que no tiene amplitud de miras que vayan hacia el futuro para establecer esas metas y no podrá ayudar al desarrollo de la empresa en la dirección adecuada. · Delegar se presta a malos entendidos ya que no se trata de librarse de tareas sencillas para las que no tiene tiempo.

El problema con estos líderes zombis es que no entienden que no entienden. No se dan cuenta de sus fallas y no permiten que nadie se las señale. El tema, según Carlos Llano —fundador de la Universidad Panamericana y del IPADE— identificó, es que algunos no entienden su significado e importancia de ser humildes. Hay una creencia generalizada de que ser humilde es ser cobarde, dejado, menso, tonto.  No identifican a la humildad como el ingrediente más importante del liderazgo. La perciben como consuelo de incompetentes para disimular sus fallos. Como atributo de conformistas o de fracasados; pero no de triunfadores.

Carlos Llano reivindica el verdadero sentido de esta virtud para forjar líderes. Un buen líder es un personaje seguro de sí mismo, atento a su entorno y convencido de que en su organización hay personas que podrían sustituirlos con ventaja. Son firmes y decididos. Buscan ejemplaridad y congruencia, propician una confrontación creativa. En fin, son seres que están abiertos a la crítica, saben manejarla y usarla para encontrar ventanas de oportunidad.

 

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