La detección de una firma espectroscópica de agua en la atmósfera del planeta K2-18b mediante el Hubble Space Telescope/Wide Field Camera 3, reveló la existencia de vapor del vital elemento a 110 años luz de la Tierra, en la constelación de Leo.

Además, el peso molecular medio derivado sugiere una atmósfera que todavía contiene algo de hidrógeno. Las observaciones se registraron y analizaron con algoritmos dedicados y se dijo que el descubrimiento ofrece una oportunidad sin precedentes para obtener una idea de la composición y el clima de los planetas de zonas habitables.

Con un diámetro del doble al de nuestro planeta, el hallazgo fue dado a conocer por Nature Astronomy, supone la primera vez que se detecta agua en un planeta de estas características, conocidos como super-Tierras.

Las súper-Tierras (planetas más livianos que diez masas terrestres) alrededor de estrellas de tipo posterior pueden proporcionar nuestra primera oportunidad de estudiar espectroscópicamente las características de dichos planetas, ya que son las más adecuadas para observaciones de tránsito.

En la última década, las observaciones del suelo interplanetario realizadas desde el espacio, han encontrado que el agua es la especie molecular más abundante en las atmósferas de los planetas extrasolares gaseosos calientes, después del hidrógeno.

Siendo el principal portador molecular de oxígeno, el agua es un rastreador del origen y los mecanismos de evolución de los planetas.

Para los planetas terrestres templados, la presencia de agua es de gran importancia como indicador de las condiciones habitables. Siendo pequeños y relativamente fríos, estos planetas y sus atmósferas son los más difíciles de observar y, por lo tanto, hasta ahora no se han detectado firmas espectrales atmosféricas.

Estos resultados convierten a K2-18 b en “uno de los objetivos más interesantes para estudiar su atmósfera con futuros observatorios como el telescopio espacial James Webb [que está previsto lanzar en 2021] o el Ariel [en 2028]”, sostienen los investigadores.

Incluso si K2-18 b tuviera una composición muy parecida a la de la Tierra, no se sabe si sería habitable ya que las estrellas enanas rojas emiten más radiación que el Sol. Aun así, “esta enana roja en particular no es muy activa”, por lo que es posible que sí sea habitable, declaró en la rueda de prensa Ingo Waldmann, coautor de la investigación junto a Angelos Tsiaras, astrónomo del University College de Londres y primer autor de la investigación.

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