A lo largo de la historia, el intercambio epistolar ha entretejido las más fascinantes anécdotas, acrecentado las más grandes rivalidades, forjado las más sólidas alianzas, e iniciado las más cruentas batallas. Entrañable es la historia de la carta que Fidel Castro le dirige a Franklin Delano Roosevelt en 1940, cuando todavía, con la inocencia de la infancia, Castro anhelaba la respuesta de un presidente estadounidense que se acompañara de un billete de diez dólares.

Pareciera que con ese mismo anhelo, el próximo presidente de México escribe la ya histórica carta a Trump, no como quien lanza una botella al mar con un mensaje aventurado, sino como quien paladeando aún el sabor de la victoria, se sabe el hombre del momento. El “ícono de la transformación nacional” le escribe al “héroe del sueño americano”, al hombre que ha prometido hacer a América grande otra vez, para presentarse y para presentarle el primer esbozo de un plan de trabajo binacional.

Los alcances de la misiva son meramente mediáticos, como la efímera introducción a una nueva etapa en la relación bilateral que poco aborda las complejidades de la agenda conjunta, y en nada corresponde a la realidad discursiva y práctica de la administración del presidente Trump.

Ser presidente electo, en un momento como este, le ha conferido a AMLO atribuciones inéditas que en aras de propiciar una tersa transición, jamás antes se habían conferido a un virtual ganador de la contienda electoral. Si a Fox, en su momento, se le criticó duramente por dar extrema prioridad a la relación con nuestros vecinos del Norte, y dejar de lado el proceso de diversificación de la agenda internacional de nuestro país, hoy no vemos más que vítores y aplausos por el prematuro acercamiento no con los Estados Unidos, sino con el presidente Trump.

Por supuesto que es innegable la importancia que tiene para nuestras relaciones exteriores la cercanía con los Estados Unidos, sin embargo el contexto que tiene ese país con el resto del mundo debe preocuparnos, en tanto que importantes socios comerciales de nuestro país están siendo flagelados de manera reiterada y en importantes foros por la administración Trump.

La propuesta de trabajo conjunto planteada en la carta dirigida a Trump deja ver una visión regionalista en desuso, contraria en su totalidad a lo trabajado por la actual administración en el Plan Nacional de Desarrollo, y contraria al menos en la parte de cooperación regional a los planteamientos hechos por Donald Trump en su administración.

Pedir la consideración de una aportación proporcional al tamaño de las economías, parece utópico y fuera de contexto cuando, de manera reiterada, Trump ha insistido en su urgencia por reducir o eliminar las aportaciones que en diferentes ámbitos realiza su gobierno todavía. Basta con ver la tirante relación con Alemania y los países miembros de la OTAN (todos socios importantes y coyunturales de nuestro país) para comprender que uno de los ejes de la “transformación” en la época de Trump es dejar de lado las alianzas estratégicas que por décadas sirvieron al desarrollo de los Estados Unidos como el gran hegemón que vimos durante la Guerra Fría.

A diferencia de Castro, López Obrador sí recibió respuesta y esta llegó sólo para reforzar los elogios a las coincidencias mutuas como lo es la eliminación del establishment, la necesidad transformadora desde una perspectiva nacional, la preocupación por contener la migración y la urgencia a los trabajos conjuntos.

Si bien la respuesta obedece (en una primera lectura) a la cortesía diplomática de un mandatario hacia un presidente electo, se debe reconocer que tanto Trump como Andrés Manuel saben aprovechar los momentos de coyuntura para consolidar el posicionamiento de su imagen pública.

Ojalá que el verbo se transforme en acción, y que se recuerde de manera permanente que se hace campaña en poesía, pero se gobierna en prosa.

 

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