Los Objetivos de Desarrollo Sustentable de la ONU no son distintos de los que tenemos los mexicanos, pero no se pueden importar. Se necesitan voces, ideas que cuestionen el statu quo, para alcanzar de manera consensuada una lista congruente y bien ordenada a nivel nacional.

 

Por Marcelo Delajara

Hace unos días en Adís Abeba (Etiopía), los 193 Estados miembros de las Naciones Unidades llegaron a un consenso sobre el contenido de la agenda de desarrollo post-2015. ¿El resultado? Los nuevos Objetivos de Desarrollo Sustentable (ODS) están generando grandes expectativas, que se verán culminadas a finales de septiembre en Nueva York durante la cumbre de jefes de Estado, donde deberán ser ratificados.

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La nueva agenda de desarrollo se sitúa encima de los hombros de su antecesora, definida en torno de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). De acuerdo con la ONU, dicha iniciativa ayudó a más de 700 millones de personas salir de la pobreza. Los objetivos adoptados en el año 2000 se concentraban en reducir la pobreza, el hambre, enfermedades, inequidad de género y mejorar la infraestructura hidráulica. La nueva agenda es más ambiciosa y pone énfasis en el desarrollo sustentable universal, agregando a los ODM las dimensiones de educación, acceso a la energía, crecimiento económico sostenido, infraestructura, cuidado del medio ambiente, seguridad urbana, combate al cambio climático, conservación y uso sustentable de los recursos naturales, protección a la biodiversidad, paz y justicia, y alianzas internacionales para el desarrollo.

Sin embargo, las palabras y las buenas intenciones se pueden desvanecer en el aire. La efectividad de los objetivos se verá en su implementación y seguimiento. En septiembre, los jefes de Estado tienen que comprometerse a transformar las ideas en resultados tangibles. Las complejidades políticas, institucionales y el costo de alcanzar los ODS durante los próximos 15 años (estimado en decenas de veces el producto interno bruto de México, según cálculos de la ONU) crean restricciones en cada país que los gobernantes apenas pueden vislumbrar actualmente.

Es necesario entender que los ODS no son el instructivo de un modelo para armar. Para cada uno de los 17 ODS hay una lista de iniciativas y propuestas que cada país deberá priorizar. Entonces, ¿qué criterio se seguirá para elaborar la lista de prioridades? Por ejemplo, ¿qué es más efectivo para el desarrollo social, tan rezagado en México: el combate a la pobreza o el combate a la desigualdad? ¿A cuál ponemos primero en la lista? Otro ejemplo: en el ámbito de paz y justicia, ¿es posible “reducir significativamente todas las formas de violencia y las tasas de mortalidad relacionadas con ellas, en todos lados”, y “terminar con el abuso, la explotación, el tráfico y todas las formas de violencia contra los niños”, sin antes “promover efectivamente la aplicación de la ley a nivel nacional e internacional y asegurar el acceso de la justicia para todos”?, en términos textuales de los ODS.

Aquí es donde la sociedad civil puede tener un papel importante. Se necesitan voces, ideas distintas que cuestionen el statu quo. Así se podrá alcanzar de manera consensuada una lista congruente y bien ordenada de los ODS a nivel nacional. Un ejemplo de ello es el trabajo que ha realizado durante 10 años el Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY) en el área de desarrollo social y económico. Actualmente, el CEEY cuenta con una propuesta integral para llevar a México hacia un contexto con mayor crecimiento económico y movilidad social. Dicha propuesta consiste, esencialmente, en promover la igualdad de oportunidades en el país mediante el acceso equitativo de los ciudadanos a los servicios de salud, de educación y de seguridad (social, personal y jurídica) en cantidad y calidad suficientes. Adicionalmente, el diagnóstico del CEEY contempla que la informalidad sea eliminada para impulsar el empleo, el ingreso de los hogares y el crecimiento económico. Luego de cotejar los ODS con la propuesta del CEEY, se puede comprobar que ésta tiene mucho que aportar al diseño de políticas públicas en al menos la mitad de ellos.

Finalmente, la agenda de desarrollo post-2015 apenas menciona cómo los ODS se relacionan con algunos problemas globales que afectan la posibilidad de lograr la igualdad de oportunidades, la sustentabilidad ambiental y el desarrollo económico en una buena parte del mundo. Entre éstos: el funcionamiento del sistema financiero internacional, las migraciones masivas derivadas de las guerras y el terrorismo, el narcotráfico y la corrupción. La ONU tiene que reforzar su liderazgo para resolver estos problemas de regulación, gobierno y justicia internacionales de manera que se liberen fuerzas y recursos en los países miembros para que éstos implementen exitosamente los Objetivos de Desarrollo Sustentable.


Marcelo Delajara (@MarceloDelajara) se doctoró en Economía en la Universidad Pompeu Fabra (Barcelona, 1999). Fue profesor, investigador y consultor en diversas instituciones (UDLA-P, CIDE, BID, PNUD, Banco Mundial y Banco de México, entre otras). Actualmente es investigador del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY). Las opiniones de Marcelo Delajara son a título personal y no representan necesariamente el criterio o los valores del CEEY.

 

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