Por Natalí Faxas

República Dominicana es un país eminentemente emisor de migrantes, más que receptor. Más claro aún: por cada extranjero que vive en República Dominicana, hay tres dominicanos residiendo en otro país. Este cálculo es parte de lo que arrojó el primer estudio Perfil Migratorio realizado en República Dominicana.

La investigación dada a conocer recientemente calcula que por cada 10 dominicanos que vive en el país, 1.3 hace vida fuera. Y esto tomando como referencia los más de 10 millones de criollos existentes y los 1,304,493 que vive en el extranjero (UNDESA 2015), según números oficiales.

Las últimas cifras oficiales también contabilizan que el 87% de los extranjeros residentes en el país, es decir 458,233 de un total de 524,632, habían nacido en Haití (ONE 2013).

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Los datos “dejan ver la importancia de la migración haitiana en el país… (que) también confronta a la sociedad y a las autoridades dominicanas con retos y oportunidades”, manifiesta el estudio en un resumen ejecutivo que tuvo acceso Forbes RD.

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Este resumen destaca, además, que “tanto en los medios de comunicación masiva como en la opinión pública, es más relevante el tema de los inmigrantes que el de los emigrantes, a pesar de haber una diáspora bastante significativa en número y activa en relaciones y prácticas transnacionales”.

El estudio menciona lo “poco sostenible” de la población dominicana emigrante conforme a su impacto económico nacional, “porque se apoya en la emigración forzosa, la fragmentación de la estructura familiar y el sacrificio de sus magros ingresos en el exterior, y limita sus propias oportunidades de desarrollo”.

La economía dominicana se ha mantenido en la cúspide regional, con un destacado crecimiento económico entre América Latina y el Caribe en los últimos 25 años, dice el Banco Mundial. A pesar de este crecimiento sostenido aún persiste el deseo del dominicano de emigrar (Latinobarómetro 2015). Este estudio en su resumen ejecutivo señala que las condiciones macro del país continúan siendo un factor de expulsión, “muy probablemente relacionadas con la desigualdad en la distribución de la riqueza”.

Precisamente, parte de las conclusiones de este trabajo fueron la necesidad de fortalecer de parte de República Dominicana su relación con la diáspora, y edificar proyectos que involucren al dominicano con su país de origen, de manera que las ventajas económicas que estos dejan no solo sigan concentrándose en las remesas. También destaca que la regularización de extranjeros permitiría llevar a estos trabajadores al sector formal, lo que abriría la posibilidad de cotizar, y aportar más al Estado.

Parte de los hallazgos que resalta la directora ejecutiva del Instituto Nacional de Migración, Florinda Rojas, es también la transformación del fenómeno migratorio haitiano en República Dominicana. “Ahora la mayoría de los migrantes no está en el área rural, sino que se ha ido desplazando fundamentalmente a las áreas urbanas”, explica. Si antes el trabajo del extranjero estaba concentrado en el corte de caña, hoy día lo está en el trabajo agrícola, en la construcción y el turismo.

Rojas ofrece estos datos con la premisa de que la causa principal de los movimientos migratorios es la búsqueda de mejores condiciones de vida, “pero también hay un factor de atracción, que es que hay una oferta y hay una demanda”, destaca.

La directora ejecutiva del Instituto Nacional de Migración, la entidad del estado encargada de estudiar el fenómeno migratorio nacional, señala que se necesita fortalecer la documentación en los procesos migratorios, tanto de dominicanos en el exterior como de extranjeros en el país.

Al referirse a la vigilancia en la frontera dominico-haitiana, Rojas recalcó que “en la medida que hay controles fronterizos adecuados, en esa misma medida nos aseguramos que no se produzcan ingresos irregulares. Lo que se busca es que las personas que estén en el país estén documentadas y registradas. Es importante saber quiénes son y donde están, que no saber absolutamente nada.

 

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