El cineasta peruano Javier Corcuera presentó su proyecto más reciente, Sigo siendo (2013), en la novena edición del DocsDF. Aquí una breve charla con él.

 

 

Como todos los años, la novena edición del Festival Internacional de Cine Documental de la Ciudad de México (DocsDF) trajo a nuestro país a tres documentalistas como sus invitados especiales y para participar en el séptimo DocsForum. Los elegidos este año fueron Geodfrey Reggio, conocido por su trabajo experimental y la trilogía Qatsi; Carles Bosch, nominado al Oscar por su cinta Balseros, y el cineasta peruano Javier Corcuera, quien presentó su ópera prima La espalda del mundo (2000) y su proyecto más reciente, Sigo siendo (2013).

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Tuvimos oportunidad de charlar con Corcuera sobre su trabajo como documentalista, la situación del cine peruano, la realidad y la ficción del documental, la absorción del lenguaje televisivo por algunos realizadores y sus 10 años de trayectoria. Esto fue lo que nos dijo:

–En la presentación del festival, Felipe Cazals, presidente del jurado del DocsDF, afirmó que el documental se alejó de la forma más artística, y ahora está más cercano del lenguaje televisivo, ¿comparte su opinión?
–Yo creo que una película documental debe tener belleza, debe tener verdad y un gran manejo del lenguaje cinematográfico. El contenido y la forma son uno. Creo que el compromiso fundamental de un cineasta, sea documentalista o de ficción, es contar bien una historia, y eso tiene que ver también con la forma.

–El lema del DocsDF es “Todo lo que van a ver es verdad”, ¿hay ficción en el documental?
–El cine documental son películas construidas con fragmentos de realidad; no quiere decir que es la realidad. Para que sean llamadas documentales necesitan esos fragmentos de realidad. Luego, la mirada de un autor es la que construye un discurso narrativo, una historia, un cuento con esos fragmentos de realidad. Las películas no pueden ser mentirosas; deben ser honestas. Otra cosa es que para contar la realidad, a veces necesitas herramientas de la ficción. Pero el cine documental siempre está construido de realidad, si no es otro género.

–Entonces, un buen documental se distingue por la forma en que el documentalista usa el lenguaje cinematográfico…
–El buen uso del lenguaje cinematográfico es lo que te hace cineasta; sin eso, haz hecho otra cosa, cualquier cosa, pero no una película. Válida, probablemente, pero no es cine documental.

–En México se ha debatido un par de años sobre la necesidad de incluir, por ley, cine documental en las carteleras comerciales, ¿cuál es la situación del cine documental en Perú?
–No, en Perú no hay ley de cine. No tenemos ningún tipo de protección para el cine nacional, tampoco una Cineteca como la que ustedes tienen. Estamos mal en Perú, es la desprotección total, vivimos en el paraíso del neoliberalismo. Ahí no existe una excepción –apoyo– cultural siquiera. Imagínate que el Instituto de Cultura no puede hacer salas de cine públicas porque es anticonstitucional. Estamos mal, vamos muy por detrás en apoyos al cine con relación a otros países de América Latina. Ustedes están más avanzados.

–¿El cine debe ser emocionante?
–Pienso que el cine en general es construcción de emoción y eso se consigue con un buen manejo del lenguaje, con la forma. Estoy completamente de acuerdo con Cazals, pero creo tiene que haber equilibrio entre contenido y forma. No puede ser simplemente forma, ni simplemente contenido. Además, no se pelean uno con el otro.

–¿Cómo es tu proceso de creación?
–Es relativo. Hay películas que preparo durante mucho tiempo, otras me vienen dadas porque las circunstancias me obligan a hacerlas, hay películas que se te cruzan por el camino. A veces estás todo el tiempo preparando una película y estás haciendo otra. Es un poco como la vida, como trabajamos con ella y con la realidad, y la vida es impredecible; a veces pasa un poco con las películas también.

–Tienes más de 10 años de carrera, ¿qué ha cambiado en ti entre La espalda del mundo y Sigo siendo, tu trabajo más reciente?
–Yo creo que he ido aprendiendo, quizá consolidando un estilo. Aunque, la verdad, cada vez que empiezo una película es como si no hubiera aprendido nada. Siento el mismo vértigo y la misma sensación de la primera vez. Porque también el cine documental tiene algo de aventura: nunca sabes la película que vas a hacer. Siempre la aventura da vértigo.

–Tus primeras películas tienen un acercamiento muy social, y las más recientes, aunque no lo abandonas, son viajes musicales. ¿Hubo algún cambio?
–Si te pones a mirar mi anterior filmografía, es muy musical también. Hay muchos momentos musicales. Por ejemplo, en La espalda del mundo hay mucha música, tiene música kurda, la parte peruana es muy musical. En todas cantan. En La espalda del mundo hay un momento en que un kurdo canta en un autobús, en La guerrilla de la memoria lo hacen los guerrilleros, un campesino canta un ballenato hermoso sobre una letra de los desplazados en Colombia. No es tan raro, ha estado siempre. Ahora es más directo, pero es porque lo piden las películas y van sobre eso. La siguiente va por ahí. No siento un cambio, porque la música siempre ha estado en mis películas. A veces las cantan, a veces las pongo.

–¿Y de qué tratará la próxima..?
–Estoy intentando hacer una película en el Sahara occidental, en las zonas ocupadas, a través de los poetas y los cantantes populares en el exilio.

–Tu reciente trabajo es en Perú, ¿el regreso a tu país la hace tu película más personal?
–Todas las películas son personales, pero puede ser la más personal porque la película es un viaje de retorno, y para mi también lo fue porque regreso a donde nací. Puedes tener razón…

 

Sigo siendo, el trabajo más reciente de Javier Corcuera, se presentará el 8 de noviembre de 2014 en el Cine Lido, a las 20:00 horas, como parte de la programación del DocsDF.

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Los extras: Interestelar. No puede un auteur nombrar las palabras ciencia ficción sin que los medios y el público comiencen a calificarla como la próxima 2001: Odisea del espacio (2001: A Space Odyssey, 1968). El recuerdo de la obra maestra de Stanley Kubrick es tan fuerte que en ocasiones parece nublar el pensamiento y queremos ver que algún otro director llegue a ese nivel. Con Interestelar (Interstellar, 2014) pasó algo similar, no hubo forma de detener las comparaciones. Sin embargo la nueva cinta de Christopher Nolan poco tiene que ver con la de Kubrick, más allá de que las dos transcurren en el espacio y hay un par de homenajes visuales. La película del 68 exploraba al ser como individuo, Kubrick buscaba entendernos, Nolan no, en Interestelar está más preocupado por dar con la respuesta a ¿de dónde somos? Intentar cuadrar el trabajo de Nolan con el de Kubrick sería un error e imposibilitaría entender y disfrutar Interestelar, porque no hay manera de que cumpla con esas expectativas. Es un largometraje diferente. Un texto más amplio al respecto, aquí: http://bit.ly/1xab8KB

 

 

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