Las autoridades holandesas quieren que sus startups florezcan en el extranjero (especialmente en Estados Unidos), no dentro de sus fronteras. ¿Por qué?

 

Por Karsten Strauss

PUBLICIDAD

Todo país con un poco de ambición quiere su propio Silicon Valley. Inglaterra promociona sus Silicon Roundabout y Silicon Fen, Irlanda tiene sus Silicon Docks, Alemania construyó su Silicon Allee en Berlín, Israel habla de su Silicon Wadi en Tel Aviv, Francia cuenta con un Silicon Sentier en París, y así sucesivamente.

Los Países Bajos, cuyos hubs de  tecnología se concentran en Eindhoven, está tomando una ruta tortuosa para hacer prosperar su escena tecnológica. Según Neelie Kroes, enviada especial para nuevas empresas holandesas, su país ve un gran potencial en ofrecer a sus innovadores la oportunidad de buscar el éxito en otras naciones, en lugar de tratar de mantenerlos en casa. “Intentarán empezar sus negocios en Estados Unidos y luego los expandirán a Europa”, dice Kroes. “Es una cosa global.”

Ésta es la última misión de Kroes, de 73 años, ex miembro de la Cámara de Representantes de los Países Bajos y la Comisión Europea y cinco veces integrante de la lista Forbes de 100 mujeres más poderosas del mundo. Como animadora en jefe de las nuevas empresas holandesas, ella trató de alertar a los inversionistas en EU y otros países sobre el talento emprendedor en los Países Bajos. La gira de Kroes a escenas tecnológicas internacionales la llevó a Boston y Nueva York a principios de este mes, y planea visitar Tel Aviv y Silicon Valley en el otoño. Mientras tanto suplica a los innovadores holandeses que actúen como mentores de los emprendedores holandeses. “Es útil, sirve para saber cómo encontrar a tu banquero, cómo encontrar tu potencial inversionista de riesgo, cómo hacer una presentación de venta”, dice Kroes.

La filosofía holandesa de animar a los emprendedores a emigrar tiene su origen en la necesidad. Aunque tienen una gran solidez en educación e infraestructura de tecnología, los Países Bajos tienen menos de 17 millones de habitantes y una lengua que nadie habla. Y ya que es difícil para los empresarios soñar en grande en un mercado tan limitado, es natural mirar más allá de sus fronteras. “Desde hace algún tiempo hemos tenido una actitud abierta y muy transparente, siendo holandeses porque somos un país muy pequeño”, dice Kroes.

Algunas de las startups más exitosas nacidas en Países Bajos que se han mudado o crecido fuera de su patria incluyen a la firma de soluciones de pago Adyen (usada por Facebook, Spotify y Airbnb), el servicio de desarrollo de apps para empresas Mendix (ahora ubicado en Boston), al fabricante de impresoras 3D Shapeways (con sede en Nueva York) y la plataforma de reparto de alimentos Takeaway.com. ASML, un jugador más antiguo, líder de semiconductores, surgió del gigante de tecnología Philips (otra empresa holandesa que se volvió global).

Una de las dificultades que enfrentan las nuevas empresas holandesas, dice Kroes, es superar la tendencia natural de Holanda a ser humildes. “Es una actitud general de los holandeses: no mostrarse como a sí mismos como exitosos.” En la escena tecnológica estadounidense –en donde los empresarios tienden a soñar en grande, extralimitarse, moverse rápido y romper cosas– renunciar a esa tendencia a gritar tus logros puede hacer que el mundo te ignore. Los empresarios holandeses comienzan a aprender a hablar de sí mismos y a aceptar cuando las cosas no salen según lo planeado. “La cultura del fracaso es mucho más aceptada en Estados Unidos”, señala Kroes. “Es necesario el fracaso para tener éxito en el siguiente paso. Eso todavía no es muy aceptado en términos generales (en los Países Bajos).”

Otro obstáculo podría provenir de la caza de empresas holandesas emprendida por los inversionistas estadounidenses, que los llevan a EU y los obligan a enfocarse sólo en ese mercado, donde el dinero, el talento y la oportunidad abundan. Kroes rechaza esa idea y señala que los productos de alta tecnología tienden a ser atractivos a nivel mundial. “Subestimas al inversionista de riesgo promedio”, dice. “Están interesados ​​en nuevos retos y quieren ser el primero en el negocio, y es por eso que debemos explicar los beneficios que ofrecen las empresas holandesas.”

Ser primero en el negocio significa subirse al barco antes de que las valuaciones aumenten, dice Sigrid Johannisse, directora de StartupDelta, una red de apoyo para emprendedores, inversionistas y nuevas empresas con sede en Holanda. “Si ves las startups de Silicon Valley, la valuación es mucho mayor que en Europa”, dice. “Así que para los inversionistas de riesgo es una gran oportunidad mirar a las startups europeas ya que obtienen más valor por su dinero.”

Pero ¿qué pasa con los inversionistas holandeses? Hacer que los inversionistas locales vean la escena tecnológica como una inversión viable es también parte del trabajo de Kroes, pero no es fácil. “Sí hay dinero”, insiste. “Hay un buen número de familias ricas y tienen que ser conscientes de que pueden invertir en los Países Bajos, en excelentes emprendimientos.” También le gustaría ver al fondo de pensiones nacional holandés –que por lo general invierte fuera del país– invertir en empresas privadas jóvenes. “Tienen que darse cuenta de que vale la pena poner un poco de su dinero en fondear emprendimientos en los Países Bajos.”

 

Siguientes artículos

¡Emprender es ganar!
Por

Una visión diferente sobre emprender, el camino, las elecciones y lo que nos hace ser diferentes en este camino de vida....