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El Texas Medical Center es el corazón médico del mundo, genera ganancias para la ciudad de Houston y es el modelo a seguir para otros clústeres médicos. Sin embargo, aunque derrocha talento mexicano, sus servicios no están al alcance de la mayoría.

 

 

Houston, Texas.- Un equipo de 12 médicos rodea a un paciente de 82 años que necesita un remplazo de aorta, una arteria fundamen­tal para el músculo más importante del cuerpo. Con una sierra, abren el tórax y dejan expuesto un corazón palpitante. Una maquina conocida en español como máquina corazón-pulmón trabaja mientras los médicos paran el latido del corazón, que debe permanecer a una tem­peratura promedio de 17 grados centígra­dos, permanecerá  en ese estado por más de dos horas y media.

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Ese es el tiempo límite que el equipo tiene para remplazar la arteria. Suena complicado, pero esta intervención tiene un índice de supervivencia de 97 a 98%, y si todo marcha sin complicaciones, en una semana el paciente abandonará el hospital con altas probabilidades de vivir diez años más.

La cirugía tiene un costo aproximado de 100,000 dólares en el Houston Methodist, cuya unidad de Cardiología puede practi­car hasta 20 cirugías en un día. Éste es uno de los grupos hospitalarios más importan­tes dentro del Texas Medical Center (TMC), el mayor complejo médico y de investi­gación a nivel global, con 7.1 millones de pacientes atendidos anualmente.

Para los pacientes mexi­canos este oasis de medicina no es una alternativa viable en términos de costos. Melissa Peña, encargada de Re­laciones Globales del Houston Methodist, indica que entre 70 y 80% de los pacientes internacionales ingresa con un seguro de gastos médicos internacionales. Quienes llegan sin ningún tipo de cobertura cuentan con 50% de descuento, pero un costo superior a los 50,000 dólares por un reemplazo de aorta no parece una suma accesible para todos.

Malas noticias para los mexicanos si se toma en cuenta que 40% de los adultos mayores de 65 años presenta complica­ciones cardiacas que derivan en este tipo de cirugía y que las afecciones cardiacas son la primera causa de muerte en el país, según la Secretaría de Salud.

Fernando Nava, director de Grupo Fenam, explica que en México sólo entre 2 y 3% de la población puede costear una cobertura de seguro de gastos médicos internacionales. Del total de la población que puede adquirirla, 70 u 80% lo ha con­tratado.

Houston, San Diego, Mia­mi, Nueva York y Boston, son los destinos más frecuentes para los pacientes con cobertura de gastos médicos internaciona­les. El principal destino es Estados Unidos y le siguen España, Inglaterra y Alemania.

De acuerdo con Cathy Easter, presiden­ta y CEO del Houston Methodist, la cifra de mexicanos ha disminuido. “Este año, el volumen de pacientes de México se mantiene en niveles de 2012, y ese año estaba ligera­mente por debajo de 2011; creo que es por factores económicos que el número ha disminuido, no es algo significativo, pero la incertidumbre en la economía puede ser el factor más determinante”, señala.

 

 

El corazón del mundo

La historia del Houston Methodist empe­zó en 1919 con una epidemia de influenza. A la par del desarrollo de esta institución, el empresario Monroe Dunaway Anderson constituyó una fundación que arrancaría en 1945 el proyecto de crear una ciudad médica con un capital inicial de 300,000 dólares.

Hoy, el TMC registra más de 350,000 cirugías anualmente, emplea a 106,000 personas y tiene una infraestructura de cerca de 7,000 camas. Las estadísticas lo sitúan como el octavo centro médico más grande en Estados Unidos, y es distinguido como el más avanzado en el mundo por su nivel de investigación.

En Houston hay más de 50 grupos médicos y todos lo que pertenecen al TMC operan en un esquema non profit; es decir, ninguno paga impuestos, pero todo lo que resulte en ganancias después de los costos operativos debe reinvertirse de manera obligatoria; no hay dueños, no hay alguien que ponga ganancias en su cartera, cada hospital tiene un Consejo de Administra­ción que decide en qué invertir.

Claro, Houston gana mucho con ello: la actividad médica representa una derrama de más de 14,000 mdd al año. Un estudio del Southwest Business Research Institute afirma que el TMC genera 1.14 dólares de utilidad por cada dólar que el gobierno exenta de impuestos.

Este modelo permite que el TMC realice una inversión anual de 3,400 mdd en investigación y albergue colegios de medi­cina de alto rango como el Baylor College of Medicine o el Medical Branch, de la Universidad de Texas. En contraste, en México la gestión tecnológica de procesos hospitalarios es un mercado de cerca de 300 mdd al año.

Tan sólo el Houston Methodist invierte 120 mdd anuales en investigación. Por eso no es casualidad que este grupo hospitala­rio sea sede del más grande laboratorio de Nanomedicina en el mundo y del Instituto de Tecnología, Innovación y Educación (Mitie), donde se entrenan los cirujanos que aspiran a manipular el “Da Vinci”, un robot que permite hacer microcirugías de alta precisión, y del cual en la actualidad sólo existen dos en México.

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¿Hospitales para ricos?

Pero, como toda ciudad, el TMC tiene sus contrastes. En 2012 a  Marta González se le diagnosticó cáncer de mama, por lo que se le extirpó un seno e inició las quimio­terapias en México, pero después decidió acudir al Houston Methodist. Es una mujer joven, que no tiene empacho en relatar su historia.

Es originaria de Matamoros, nacionali­zada estadounidense por estar casada con un ciudadano americano. Ella era una de los casi un millón de pacientes que, según estudios de la Universidad de Califor­nia, cruzan la frontera de Estados Unidos a México cada año en búsqueda de  servicios de salud a precio bajo.

Marta es beneficiaria de Medicaid, el programa de asistencia gubernamental que otorga una cobertura privada de salud a trabajadores de bajos ingresos (6% de los pacientes del Metodista acude con esta cobertura). La expectativa del gobierno es que un tercio de la población en Estados Unidos sea beneficiaria de este programa hacia 2015, una medida necesaria si se considera que un cuarto de la población del estado de Texas no cuenta con cober­tura médica.

 

Presente el talento mexicano

Cada año, el TMC recibe 16,000 pacientes internacionales; sin embargo, hay otros visitantes que llegan para quedarse y que constituyen uno de los activos más im­portantes para los hospitales: los médicos mexicanos.

Victor Fainstein es una de las súper es­trellas del Houston Methodist, quien tras terminar sus estudios en la UNAM y traba­jar en el Instituto Nacional de Nutrición, decidió ir a Houston a especializarse con la intención de regresar después a casa. Pero de eso han pasado ya 35 años.

Tras dos años y varias certificaciones, Victor Feinstein estaba listo para regre­sar a la Ciudad de México, pero en ese momento le ofrecieron ser jefe de depar­tamento en el MD Anderson. Esta expe­riencia le ha permitido escribir artículos y dar conferencias alrededor del mundo. En algún momento, fue presidente del cuerpo de 1,800 doctores del hospital, además de presidente de la Sociedad de Infectología de Houston y del estado de Texas.

De los 1,800 doctores del Houston Me­thodist, 751 hablan español y la adminis­tración calcula que la mitad son mexi­canos, como el doctor Alfonso Aldana, neurocirujano y especialista en operacio­nes de columna; Guillermo Torre, del área de Cardiología; Víctor Rivera, especialista en esclerosis múltiple; y Fernando Urru­tia, gastroenterólogo.

 

Medicina del futuro

En el laboratorio de Nanotecnología del Houston Methodist se trabaja en el desarrollo de medicinas cuyos fines podrían ser regenerativos en afecciones cardiacas o neuronales; ahí se diseñan nanofármacos para cambiar el panorama en enfermedades como el Alzheimer o el mal de Parkison.

La Nanotecnología envuelve al medi­camento en moléculas que están dise­ñadas para llevar el tratamiento directo, por ejemplo, a un tumor; así, los efectos negativos son menores y se pueden suministrar dosis más altas para lograr mayor efectividad.

¿Se puede replicar el milagro de Hous­ton? El sector farmacéutico representa la tercera opción más viable para el estable­cimiento de clústeres en México, después de las industrias automotriz y tecnológica. José Alarcón, partner healthsector en PwC México, explica que la instalación de clústeres médicos implica la oportunidad de añadir un punto porcentual al poten­cial de crecimiento de la entidad donde se instalen. Pero es una tarea de largo plazo.

En este sentido, Nilson Salas, director del Laboratorio Inanimado de Habilida­des Mitie, también ubicado en Houston, señala que para un clúster médico no sólo se necesitan hospitales, sino detonar la in­vestigación y la capacitación. Esto lo afir­ma mientras explica el funcionamiento de las cajas laparoscópicas, que funcionan como instrumento de “calentamiento” para los doctores antes de entrar a cirugía.

La simulación es uno de los puntos fuertes en Mitie. “SimMan” es un paciente especial, ya que puede morir varias veces en un día y se encarga de entrenar a los médicos para los casos más extraños. Es un maniquí de 80,000 dólares que simula fuertes dolores, responde a las preguntas del médico y cuenta con pulso y sistema respiratorio.

“Contar con innovación abierta, tener la interacción de investigadores y compar­tir conocimiento desde la parte académica a la aplicación clínica, es uno de los retos en el que se debe trabajar en México”, dice José Alarcón, de PwC

¿México puede copiar el modelo de Houston? “Un clúster es la conformación de empresas donde se genera investiga­ción y desarrollo”, explica José Alarcón. “Es necesario que estos factores, junto con la demanda de lo que producen o los servicios que ofrecen, se encuentren con­centrados en un radio de 20 kilómetros. De ahí que no sea fácil desarrollarlos”.

De acuerdo con el Mexico Investment Map de Proméxico, la Ciudad de México, así como los estados de México, Jalisco y Nuevo León, tienen los índices más altos en términos de infraestructura hospitala­ria, académica y de investigación para ge­nerar clústeres médicos. Actualmente, se desarrolla Biometrópolis en la Ciudad de México; Polo Esmeralda, en el Estado de México; el Cisne, en Morelos; y la Ciudad de la Salud, en Monterrey.

José Alarcón es tajante: “Aunque hay trabajo que hacer en innovación, de los tres factores que un clúster necesita para ser exitoso, el que más tiene oportuni­dad de mejorar es el relacionado con las políticas públicas. Un clúster requiere el esfuerzo de la iniciativa pública y privada, pero si no hay un marco de política públi­ca que estimule e incentive esta actividad, el esfuerzo es doble en todos los frentes”.

El diagnóstico entonces es demoledor: México padece de una enfermedad cróni­ca que le impide generar centros de aten­ción médica de nivel mundial. El 12% del gasto en salud se destina a gasto adminis­trativo, una cifra alta si se considera que el promedio de la OCDE es de 3.9%; mientras que el gasto privado sigue representando 92% del gasto total de salud en el país.

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