Por Divyabh Tyagi*

Asistimos al debate de cómo la Inteligencia Artificial (IA) y la robótica están afectando al mercado laboral. Nuevas experiencias y puntos de vista emergen a diario desde sectores tan dispares, como el retail, seguros o el mundo académico, entre otros, que intentan explicar estas nuevas tecnologías y el impacto que ejercen sobre el empleo.

Megan Anzelc, jefa de Data & Analytics de Spencer Stuart, destacaba en la última conferencia ‘AI, Robotics & Work’ de HEC Paris a la que asistí, el uso que aseguradoras o bancos hacen de los sistemas basados en IA para resolver tareas que hasta ahora realizaban personas, como el depósito de cheques. También, la automatización de procesos repetitivos mediante sistemas basados en la robótica, con múltiples aplicaciones.

Sin embargo, Louis Coudlon, cofundador y jefe de ventas globales de @CleverConnect señalaba en el mismo evento, que debemos distinguir entre la IA débil y la IA fuerte. Los sistemas basados en la IA débil no pueden realizar tareas por ellos mismos, pero los que se basan en la IA fuerte sí generan dispositivos conscientes, que pueden pensar y realizar tareas como los seres humanos.

Por el momento, la mayoría de los dispositivos usan la IA débil, aunque la gran pregunta es si deberían nuestros ordenadores y robots pensar por sí mismos y, en tal caso, si deberíamos preocuparnos.

Existen pues dos corrientes y/o conceptos a considerar: el Rationalizing AI y el Enhancing AI. El primero supone que los dispositivos y sistemas sean capaces de reemplazar a los seres humanos. El segundo defiende el uso de la IA como un habilitador, pero siempre tomando la decisión final un ser humano. Por ejemplo, como para la cura el cáncer.

Voces como la de Paola Tubaro, Research Scientist de CNRS Paris, reivindican que los seres humanos siempre desempeñarán las tareas que exijan diversas capacidades, como la verificación de la calidad en producción o la verificación de pruebas. Tubaro define la contribución del ser humano como “micro trabajo”, pero destaca que este “micro trabajo” es esencial para que la IA funcione.

Pero la IA y la robótica no sólo afecta a la naturaleza del trabajo, sino también a los procesos de selección. Las empresas utilizan la Inteligencia Artificial para dirigir a los solicitantes de empleo hacia los puestos de trabajo más adecuados y proporcionar a los reclutadores, los candidatos que poseen las habilidades deseadas. Plataformas de escritura aumentada como Textio, utilizan el data para detectar patrones y palabras significativas en el lenguaje, que utilizan para crear nuevos mensajes en las ofertas y atraer a los mejores candidatos a ellas.

Pero, como señala Louis Coudlon, a pesar de sus beneficios, el uso de la IA en estos procesos tiene inconvenientes. Entre ellos, la introducción de sesgos durante el examen de currículos, que podrían no conducir a la selección del candidato adecuado, si los técnicos que desarrollan estas herramientas cometen errores al recopilar los datos de entrada o al construir los sistemas de aprendizaje automático.

Existe, por tanto, una necesidad de preparar y capacitar a la fuerza laboral adecuadamente, ya que, con la automatización, nacen nuevas tareas para las que debemos mejorar las habilidades de nuestros trabajadores.  Pero también hay una gran necesidad de crear una IA éticamente responsable en su uso, con leyes laborales que aborden el proceso de preparación de los datos.

*HEC Paris MBA y consultor especializado en el desarrollo de estrategias digitales para la eficiencia operativa y desarrollo de negocio.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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