Recientemente, fui invitada a diseñar un curso sobre toma de decisiones. Me di a la tarea de revisar todo lo que he escrito a lo largo de diez años sobre el tema y caí en la cuenta de que, independientemente de los modelos y procesos con los que nos aproximemos a este tema, siempre hay un elemento que es el ingrediente secreto para aderezar estas recetas: el cuidado que ponemos para que todo salga de la mejor forma posible.

Sin embargo, hay una verdad contundente: nunca tendremos la certeza absoluta de que nuestras decisiones van a provocar los efectos esperados. Más allá del análisis, de lo pulcro de nuestro proceso, de lo meticulosos que hayamos sido, siempre tenemos que correr riesgos. Entonces, por esas coincidencias que tiene la vida, cayó en mis manos un artículo escrito por Héctor García y Francesc Miralles que aborda el tema del Ichigo ichie   期会, que nos lanza una advertencia: lo que estamos experimentando en este momento nunca volverá a suceder.

El significado de ichigo ichie nos lleva a reflexionar en torno a la valoración que debemos hacer de cada momento y tratarlo como un hermoso tesoro. En esa condición, nos dicen los autores, debiéramos convertirnos en cazadores de momentos. En muchos sentidos, la sabiduría milenaria que llega de Japón nos invita a experimentar una manera de considerar el peso transformador de los momentos individuales a través del famoso concepto de teoría del caos del efecto mariposa.

Seguramente, alguna vez hemos escuchado eso de que “una mariposa que agita sus alas en Hong Kong puede desencadenar una tormenta en Nueva York”. Dicho de otra forma: cualquier decisión, por pequeña que sea, termina desencadenando circunstancias completamente diferentes debido a un proceso de amplificación.

Este vínculo decisivo entre ichigo ichie y el efecto mariposa nos hace entender que aunque nunca lograremos anticipar con precisión las consecuencias finales de nuestras decisiones, cada momento tiene un valor esencial. Así, cada elección que se lleva a cabo, tendrá un resultado único y totalmente diferente de lo que podría haber sucedido en otro momento. Cada circunstancia tiene particularidades únicas e irrepetibles. Por lo tanto, ichigo ichie se sustenta en la idea de observar y apreciar cada momento.

Se trata de poner atención en vez de ir brincando de una idea a otra.  Este concepto busca aprovechar las enseñanzas del Zen sobre la atención para lograr la armonía con los demás y el amor a la vida. Al entender los principios de esta tradición, se nos abren muchas oportunidades para incorporar el ichigo ichie en nuestra vida diaria lo mismo personal, profesional y empresarial.

Poner atención es fijar la mirada en el aquí y el ahora. Esa capacidad de observación está muy disminuida por las circundanticas del día a día y el vértigo de una vida muy acelerada. Nos distraemos fácilmente, damos por hecho ciertas afirmaciones como si fueran verdades absolutas y estamos tan absortos que no nos detenemos a cuestionar nada.

Perdemos esa capacidad de contemplación que nos podría dar tanta luz al momento de tomar decisiones. Por estas razones, sería bueno que antes de lanzarnos a tomar decisiones irreflexivas, nos tomáramos un respiro para aclarar las ideas.  

 Según García y Mirales, hay directrices que son particularmente útiles para perfeccionar el poder de observación:

  • 1. Simplemente sentarse y ver lo que sucede: Con esta prisa perpetua en la que vivimos, vamos buscando a lo lejos —en el espacio y en el tiempo—lo que está justo delante de nosotros. El pensamiento Zen nos enseña a sentarnos y abrazar el momento, sin más ambiciones que esto. Si estamos con otras personas, celebramos su compañía como un regalo.
  • 2. Saborear este momento preciso: No hay nada más cierto que el hecho de que sólo se puede vivir un día a la vez, y nadie puede estar seguro de lo que sucederá a la mañana siguiente. Así que no pospongamos la felicidad. El mejor momento de tu vida es siempre este. En términos profesionales, tenemos que aprender a darle el tiempo necesario a los proyectos sin tratar de acelerar los procesos.
  • 3. Evitar las distracciones: Un viejo proverbio japonés dice que un cazador que apunta a dos presas a la vez no matará a nadie. Lo mismo sucede cuando intentamos seguir una conversación o leer un libro o estar en una junta de trabajo al mismo tiempo que revisamos nuestro teléfono. Zen nos enseña a hacer una cosa a la vez, como si fuera lo más importante del mundo. Si lo haces de esa manera, sin duda lo será.
  • 4. Libérate de todo lo que no es esencial: Uno puede reconocer a un viajero experto más por lo que dejan en casa que por lo que llevan en su maleta. Es mejor viajar ligero, así que cada día, cada vez que te sientas sobrecargado, lleno de estrés y de tareas, es momento de preguntarse: ¿Qué puedo dejar ir?
  • 5. Ser nuestros propio amigo, convertirnos en nuestros mejores aliados: En lugar de compararnos con los demás y preocuparnos por lo que otras personas piensan, es mejor ocuparnos de las oportunidades que tenemos para aprovecharlas con una visión particular. 
  • 6. Celebrar la imperfección: Si ni siquiera la naturaleza en toda su complejidad, con todos sus nacimientos y muertes, es perfecta, entonces ¿por qué deberías serlo? Cada error es una señal de que debe tomar una ruta de acceso diferente. Si fallamos en la toma de decisiones, podemos aprender del error. Cada traspié es una invitación a pulir un diamante.
  • 7. Soltar las sobre expectativas: Hacer predicciones, esperar a que sucedan ciertas cosas, es una manera garantizada de matar el momento. Ichigo ichie tiene experiencia con la mente despejada enseñada por Zen. Con la mente abierta, podemos darle paso a nuevas ideas.

La clave es poner atención, así podemos resumir ichigo ichie.  Contemplar nuestras experiencias cotidianas nos hace más conscientes de los matices de la realidad y nos entrena para captar los sutiles mensajes que nos llevan a encontrar alternativas y decidir mejor.  Se trata de anclarnos en el momento, donde aparecen las coincidencias, y aumenta el ancho de banda de nuestra percepción.

Cuando experimentamos —realmente práctica— momentos especiales, es como si la vida nos hiciera saber que estamos en el camino correcto. Estamos   poniendo en juego   ichigo   ichie y, así podemos encontrar otra forma de tomar decisiones.

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Blog: Las ventanas de Cecilia Durán Mena

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