Para tener éxito, la mujer debe participar en el cambiante mundo laboral desde su feminidad, y no adoptar el estilo de liderazgo masculino.

 

Seguramente conoces a alguien, tienes una pareja, hijas o eres una mujer empresaria. Más de una vez te habrás preguntado cuál es la llave del éxito para que una mujer construya una carrera profesional prolífica.

Lo primero que debemos tener en consideración es no perder de vista nuestra parte femenina en lo que se refiere al trato, carácter flexible y actitud, pero siendo determinantes y confiando en nosotras mismas. Al respecto, la directora general de ManpowerGroup Latinoamérica, Mónica Flores, afirma que “la mujer debe participar en el cambiante mundo laboral desde su feminidad, y no adoptar el estilo de liderazgo masculino para tener éxito.”

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Es necesario entender que cada persona tiene un estilo propio para asumir el liderazgo; por ejemplo, las mujeres incentivan y mejoran la comunicación entre los colaboradores; además, se enfocan en la calidad y análisis, mientras que los hombres se centran en entablar una comunicación más directa. Sin embargo, hoy en día aún se subestiman las habilidades y el desempeño de las mujeres en el trabajo, mientras que los hombres tienden a sobrestimar ambos; esto, según el libro Confidence code de Claire Shipman, publicado en 2014.

La investigadora de la UNAM Gina Zabludovsky, autora de la obra Ejecutivas y empresarias en México: diagnósticos y desafíos, explica que actualmente existen factores que influyen directamente en la autopercepción y la concepción social de las mujeres dentro de las empresas, entre éstos los trámites burocráticos, los estereotipos culturales, la competencia deshonesta, el acceso a fuentes financieras, la corrupción y la ausencia de políticas de promoción a nivel corporativo.

Tras realizar una investigación, Bempowering encontró que por el simple hecho de ser mujer, la gente puede asociarla bajo estereotipos afines a una figura más maternal y condescendiente en la forma de actuar, e incluso su método de análisis se interpreta como signo de indecisión; cuando ésta es asertiva y asume el liderazgo, por lo general se le relaciona con elementos como la rudeza y la agresividad, y se le tacha de controladora, mientras que su capacidad de networker se puede confundir con el chisme.

Por otro lado, las premisas que establecían que era necesario imitar a los hombres y competir con ellos, son parte de un feminismo mal entendido que data de los setenta y ya no está vigente.

Así, el abismo que existe entre las remuneraciones de hombres y mujeres, en puestos similares, comienza a tener una tendencia a la baja, especialmente entre la población más joven. Tanto la generación Y como la generación X tienden a crear un balance entre el trabajo y la familia, asimilan la labor femenina con más empatía y poseen mayor disposición a involucrarse en las actividades de la casa.

Indudablemente, hoy las mujeres jugamos un papel de mucha relevancia en el ámbito laboral, ya que constituimos el núcleo de población predominante con más del 50%, y hemos incrementado nuestro promedio de escolaridad. Según datos proporcionados por el Instituto de la Mujer, en Australia en el 2013, dos de cada tres mujeres entre los 18 y 34 años tienen como prioridad su carrera profesional, y de acuerdo con la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), los resultados de la prueba PISA demuestran que son superiores en áreas como matemáticas, literatura y ciencias.

Es una constante que las mujeres que estuvieron bajo la tutela de un progenitor con altos estándares de exigencia, son más tolerantes a la frustración, ostentan mayor capacidad para trabajar por objetivos y poseen cualidades tales como: disciplina, coraje, sentido de superación constante, tenacidad, perseverancia y desarrollo de recursos propios.

El sector femenino se ha ganado el derecho de elegir y replantearse sus propias reglas para el éxito. No hay fórmulas mágicas, pero sí hay elementos que pueden acelerar la posición de las mujeres en el mundo empresarial:

  1. Dejar de verse como minoría.
  2. Ideas prácticas, innovadoras y creativas.
  3. Trazarse metas y perseguirlas hasta el final.
  4. Autoconfianza para convertir ideas en acciones.
  5. Reducir la adversidad al riesgo, es decir, atreverse –con un porcentaje de certeza razonable– a incursionar en proyectos.

Definitivamente, las empresas tienen mucho que hacer en lo que se refiere a este tema. Una herramienta poderosa para la retención del talento puede ser la flexibilidad de horarios, además de la posibilidad de combinar el trabajo en casa y la oficina.

 

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