La filosofía política que sustenta los principios constitucionales en los Estados Unidos destaca por la prístina visión de quienes juran sobre la Biblia, guardar la Constitución y a los Estados Unidos. Clave dentro de esos principios es el check and balance system, mediante el cual se busca asegurar un sistema de contrapesos entre los tres poderes de a Unión Americana.

Los tres poderes tienen la legítima facultad (otorgada por la Constitución) desde 1787, de llamar a rendición de cuentas a cualquiera de los poderes que incumplan con las funciones para lo que fueron diseñados.

En este orden de ideas, al poder legislativo se le confiere la atribución de Someter a juicio político al Poder Ejecutivo con el fin de removerlo de su puesto por traición, soborno u otros delitos graves y faltas.

No obstante, la vaguedad de la frase “delitos graves y faltas”, para iniciar el impeachment, se pueden llegar a considerar acciones que violan el juramento presidencial y la confianza del pueblo estadounidense.

El proceso de destitución comienza con cargos formales presentados en la Cámara baja (de Representantes)  y termina con un juicio en el Senado, donde se requiere de el voto de dos tercios de los senadores a favor de declarar culpable al presidente.

A lo largo de la historia de los Estados Unidos, solo en cuatro ocasiones se ha intentado destituir al Jefe del Ejecutivo. Andrew Johnson y Bill Clinton pasaron a la historia como presidentes que fueron acusados y llevados a un juicio en el Senado, en donde fueron absueltos. Tras el escándalo Watergate, el presidente Richard M. Nixon decidió renunciar antes de enfrentar el proceso de destitución.

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Pero en el caso del presidente Trump, las acusaciones son tan graves que no investigarlo debilitaría al extremo el check and balance system, y pernearía negativamente en el sistema de partidos a un año de las elecciones; contexto que abre el debate para no escatimar en una oportunidad de oro para debilitar su camino de la reelección.

 Teniendo la mayoría de los senadores republicanos del lado del presidente y siendo su partido el dominante en el Senado, la posibilidad de un proceso de destitución fallido podría salirle mal a los demócratas; pues si Trump resulta absuelto indudablemente  mejorará sus perspectivas hacia su reelección en 2020.

Recordemos que Bill Clinton sobrevivió al proceso de destitución y en las elecciones subsecuentes su partido alcanzó una victoria contundente.

El torbellino político que se ha desatado en los Estados Unidos, deja en claro que los escenarios hacia el final del mandato del Presidente Trump son más complejos de lo que se esperaba y dejan poco margen de maniobra a ambos partidos. Se vive un momento complejo para un sistema político que poco ha evolucionado ante las nuevas realidades nacionales.

 

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