La población de segmentos populares ha encontrado en la informalidad toda una gama de productos financieros (tandas, préstamos, etc.), que si bien son más riesgosos, atienden una necesidad latente.

 

 

Vayamos al punto: la inclusión financiera consiste en dar acceso completo al abanico de servicios financieros a toda la población. La definición parece simple, el reto no lo es. Gran parte de la marginación que existe en países en vías de desarrollo es consecuencia de la exclusión que, con sus diferentes caras: social, tecnológica, educativa y hasta política, afecta el desarrollo de estos.

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El sector financiero, desde sus inicios, se ha edificado sirviendo a la parte alta y media de la población, pero estos servicios no se han acondicionado para la base de la pirámide, convirtiéndose en un factor de exclusión y una desventaja para el progreso de las personas y sus familias.

Para lograr atender a este sector de manera apropiada, se requiere conocer bien las necesidades de los clientes, segmentar a la base de la pirámide, para poder ofrecer instrumentos que le permitan al usuario un mejor manejo de sus finanzas, accediendo a más oportunidades.

También es necesario entender que la población de segmentos populares SÍ ha encontrado en la informalidad toda una gama de productos financieros (tandas, préstamos, etc.), que si bien más riesgosos, atienden una necesidad latente. Contra estos hay que ofrecer un portafolio aún más atractivos y convenientes.

Hoy, la base de la pirámide requiere productos básicos que intrínsecamente incluyan temas de educación financiera, con el fin, que los usuarios realmente conciban la utilidad que tienen estos productos y los destinen en su beneficio.

Sin duda, el producto con mayor relevancia en el ámbito de inclusión financiera es el ahorro, pero a su vez es el producto con más barreras para ofrecerse: no solamente porque debe de ser regulado por la autoridad, sino también porque debe de cumplir ciertas condiciones como cercanía, conveniencia y precio que, si no se cumplen, destruyen su atractivo. Es ahí donde las corresponsalías bancarias, los productos innovadoras y estructuras de costos eficientes abren la puerta para que las instituciones atiendan el mercado como se debe.

La inclusión financiera debe hoy, sin duda, estar en la agenda nacional por los beneficios inmediatos que puede significar para la formalidad, la economía y para el desarrollo. Si alguien lo duda, sólo tiene que voltear a la industria de las microfinanzas y constatar los grandes avances que en esa materia hoy se tienen.

 

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