Los efectos que representaría para el tabaco dominicano la entrada de Cuba a competir por el mercado estadounidense se esperan en el mediano y largo plazo, por lo cual empresarios y gobierno adoptan una postura de alerta, pero con la tranquilidad que les ha provisto años de ventajas comparativas.

 

Por Windler Soto

La actitud domi­nicana frente a las posibles implicaciones de la apertura cubana tienen un común de­nominador en los diferentes sectores económicos que podrían estar en riesgo: la tranquilidad del empresa­riado, así como del gobierno.

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Y es que en el país existe una confianza provista por décadas de “acumulación” de ventajas comparativas y competitivas en el marco de una economía de mercado con tratados y acuerdos comer­ciales que demuestran que el país ha subido al tren de la globaliza­ción. Esta posición ventajosa en la carrera ha provocado que, práctica­mente, las estrategias público-pri­vadas se limiten a seguir haciendo lo que ha funcionado hasta ahora, y esperar los cambios que supon­drá la entrada de Cuba al mapa de la competencia para luego tomar decisiones.

Se trata de un “plan” pasivo pero alerta, cuya efectividad podrá evaluarse con el tiempo, luego de la incursión oficial de Cuba al merca­do estadounidense y del movimien­to de sus fichas para hacer frente a competidores pulidos por la expe­riencia de años en el intercambio de bienes y servicios con el vecino rico del norte.

Desde el momento en que se dio a conocer el allanamiento de las relaciones entre Washington y La Habana, el destino del sector tabacalero dominicano ha sido una de las principales interrogantes, debido a que el vecino país es cono­cido por la calidad de sus productos derivados del tabaco.

Sin embargo, las ventajas domi­nicanas provistas por su sistema político y económico le han valido las inversiones en este sector, de manera que representa el 7% de las exportaciones totales del país, con un valor que ascendió a los 600 millones de dólares el año pasado, según datos oficiales del Consejo Nacional de Zonas Francas.

Se trata de un sector que, además, aporta 25,000 empleos directos, provenientes de aproxi­madamente 67 empresas. Por otro lado, al cultivo de tabaco se han de­dicado 5,300 productores en 6,662 hectáreas durante los últimos cinco años, según el mismo organismo.

Para importantes empresarios del sector, como Hendrick Kel­ner Casals, Cuba no representa una gran amenaza, ya que desde siempre República Dominicana ha competido con su vecino por todos los principales compradores del mundo, claro, a excepción de Estados Unidos.

Sus estimaciones son que Cuba tardará bastante tiempo en conver­tirse en un competidor real, debido a que todavía Estados Unidos no  ha removido el embargo, y luego se requiere la llegada de inversiones a la isla y que se desarrolle el tejido productivo.

Una postura similar es la de Katrina Naut, directora general de Comercio Exterior y Administra­ción de Tratados Comerciales del Ministerio de Industria y Comercio.

“Consideramos que nos encon­tramos con una serie de ventajas comparativas y competitivas frente a otros países, como es el caso de Cuba. Creemos firmemente que las cuotas de mercado se van ganando poco a poco, a través de un arduo trabajo”, aseguró la funcionaria a Forbes.

Pero, ¿cómo podría República Dominicana competir en la venta de un producto cuya relación mental con Cuba es casi automática? Naut confía en los años de trabajo que ha invertido República Dominicana para establecer la marca “cigarro dominicano” en todo el mundo. Todo de la mano de la calidad que ya es reconocida a nivel internacio­nal y que le ha merecido a los puros criollos los más altos reconocimien­tos, según la funcionaria.

Otra de las particularidades del mercado que pueden beneficiar a los productos “hechos en RD” es que se trata de un grupo de con­sumidores asiduos, muchos de los cuales saben reconocer la calidad y evaluar cuando se trata de un producto “premium”. Esto podría favorecer a una industria que, como pocas en el país, se jacta de su lide­razgo mundial en base a su calidad y elevados estándares.

“Nuestra industria se destaca por la constante mejora en lo que es la calidad y la oferta, y no se confía del adagio cría fama y échate a dormir”. Además, entiende que la percep­ción global de los cigarros como un producto ligado a un país o denomi­nación de origen ha cambiado, por lo cual hoy no se puede atribuir su fama a una nación en particular.

Naut enumera alguna de las ven­tajas del país, como su conocimien­to de cómo hacer un producto de calidad, una importante capacidad productiva que le permite suplir el 50% de la oferta mundial, la experiencia de siglos en el nego­cio, así como el papel activo de las autoridades, de manera que pueda cumplir con su rol.

“El gobierno dominicano, a través de sus instituciones, se man­tiene vigilante ante las medidas que pudieran afectar el sector producti­vo nacional, en una decisiva actitud proactiva”, señala.

Y es que, además de las políti­cas que van en beneficio directo del sector por medio del Instituto del Tabaco (Intabaco), el Estado estimula la industria con su función de combate a prácticas comercia­les restrictivas y anticompetitivas, como el comercio ilícito, la falsifica­ción, el contrabando y otras prácti­cas que afecten, acciones que no se limitan al ámbito nacional, sino que trascienden las fronteras.

“Consideramos que el sector tabacalero nacional cuenta con for­talezas y oportunidades, además del sólido y decisivo apoyo del Estado para hacer frente a cualquier reto que pueda plantearse”, expresa la funcionaria al tiempo que destaca que el crecimiento constante del comercio de productos derivados del tabaco con Estados Unidos.

Además del embravecimiento de la competencia con Cuba en el escenario comercial, la industria tabacalera tiene más cosas de qué preocuparse. Entre ellas, los eleva­dos impuestos al consumo de sus derivados y las fuertes campañas de los diferentes estados del mundo para concienciar a la población sobre los daños que puede traer el tabaco a la salud. Una de ellas es la iniciativa australiana que exige em­paques genéricos alegando que solo procura la protección de su gente.

En ese sentido, República Do­minicana emprendió en 2012 una pugna ante la Organización Mun­dial del Comercio (OMC) para dejar sin efecto tal medida. La principal estrategia de los representantes dominicanos es demostrar que el empaquetado genérico no es efectivo a la hora de reducir el consumo de productos de tabaco, además de que implica restriccio­nes innecesarias al comercio y las marcas. Además, estas restriccio­nes pueden alentar el contrabando y crear un nuevo problema. En ese aspecto, en lugar de enfrentar al vecino caribeño, el país ha creado un frente de lucha.

Las autoridades están con­fiadas de que la OMC acogerá los argumentos dominicanos, gracias a su validez y fortaleza instrumen­tal. “Consideramos que el sector tabacalero nacional cuenta con for­talezas y oportunidades, un sólido y decisivo apoyo del Estado, para hacer frente a cualquier reto que pueda plantearse”.

 

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